GEOPOLÍTICA

Un Consejo Atlántico con nuevas caras, y 'el Putin de siempre al acecho'

Cospedal se es­trena como mi­nistra de Defensa, pero sigue de se­cre­taria ge­neral del PP

Mariano Rajoy y Cospedal
Dolores Cospedal.

Dos nuevos res­pon­sa­bles de la de­fensa na­cional se es­trenan como tales en el Consejo Atlántico. Se trata de la mi­nistra es­pañola, María Dolores de Cospedal, y del se­cre­tario de Defensa de los Estados Unidos, el te­niente ge­neral re­ti­rado James Mattis. Como siempre en estos ca­sos, cabe pre­gun­tarse: ¿qué tipo de ex­pe­rien­cia, po­lí­tica o mi­li­tar, apor­tará cada uno? La res­puesta sobre Mattis pa­rece ob­via. La res­puesta sobre Cospedal es una in­cóg­nita.

No se conoce ninguna manifestación de que la todavía secretaria general del partido popular esté familiarizada con el tema de la defensa, de una manera especializada; es decir, bajo el punto de vista estricto de la seguridad nacional y de la colectiva, y de los concomitantes asuntos militares.

Habrá que esperar a su vuelta de Bruselas, cuando quizás nos informe de qué van a hacer los aliados en respuesta a las presiones de la Casa Blanca de Donald Trump para que los europeos se esfuercen un poco más por la seguridad y defensa comunes, y qué va a hacer en concreto el gobierno español del que forma parte.

Porque lo que quiere Trump es que todos los aliados europeos cumplan el compromiso de invertir en la defensa común el 2% de su PIB, cosa que sólo hacen cinco de ellos. España está entre los que menos gastan en ese capítulo de las obligaciones gubernamentales (algo debajo del 1%).

Cumplir el compromiso del 2% colocaría el presupuesto de Defensa en casi €20.000 millones. Es dudoso que el estado actual de las finanzas españolas permitiera, siquiera, rozar ese nivel en los años de mandato que le puedan quedar a este gobierno. Más dudoso aún es que un gabinete en minoría como el actual, que se tiene en pie porque ninguna otra combinación de gobierno es realista, se proponga un incremento sustancial en los presupuestos del próximo año. O del siguiente.

Por tanto, puede concluirse que la cartera de Defensa del gobierno Rajoy se mantendrá consagrada a cumplir los actuales (y modestos) compromisos con la seguridad de España y la de sus aliados, ya contraídos, bajo la supervisión de una persona que como Cospedal, es competente en materias de estado y de administración, y no como algún que otro ‘amateur’ improvisado, en los gobiernos de Rodríguez Zapatero.

Lo que permitirá quizás que Cospedal resulte ser tan ‘tecnócrata’ como el último ministro de Defensa, Pedro Morenés, para garantizar que los proyectos y expedientes de personal, armamento y planificación se desarrollan sin gran desvío presupuestario, pero sobre todo que se mantenga en buena sintonía con la esfera militar para recibir de ella todo lo que sus integrantes pueden dar. En este particular, su tratamiento del caso Yak 42 permite prever unas relaciones menos accidentadas que las mantenidas por algunos de sus antecesores.

Hay un hecho, sin embargo, que pone de relieve la insuficiente comprensión que los gobiernos españoles de cualquier filiación tienen respecto del papel que juegan sus fuerzas armadas, las necesidades de sus estructuras de defensa y los imperativos que determinan la arquitectura de su seguridad.

El hecho de que Cospedal siga manteniendo la segunda más alta responsabilidad política dentro del partido popular (la secretaría general) es un desacierto, porque, primero, no le permitirá apartarse de la política partidaria, con su indeseable proyección sobre los estados de la opinión pública, y segundo, le restará tiempo que dedicar a las obligaciones de su cartera.

Parece evidente que desde Washington y Moscú están soplando vientos fríos sobre Europa. El secretario de Defensa Mattis anunció en Bruselas que los Estados Unidos van a moderar sus compromisos con los europeos, a menos que incrementen sus esfuerzos de defensa, según los términos acordados.

“Ya no es posible – dijo el secretario de Defensa – que el contribuyente americano soporte una parte desproporcionada de la defensa de los valores comunes de Occidente… Los Estados Unidos – añadió - no pueden hacer más por el futuro de vuestros hijos que lo que vosotros mismos estáis dispuestos a hacer”.

Y aunque el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, señaló como la principal tarea del momento “incrementar el gasto de defensa”, las elecciones generales en dos de los tres mayores poderes militares europeos, Francia y Alemania, y posiblemente en un tercero, Italia, más Holanda, producirán el efecto de que este año pase, con toda probabilidad, sin elevar el gasto en defensa, difiriendo una vez más este compromiso a próximos ejercicios presupuestarios.

##Trump se hizo ilusiones sobre Rusia, y Moscú acaba de frustrarlas

La mejora de las relaciones de Washington con el presidente Putin, que Donald Trump daba por segura durante su campaña electoral e incluso en los últimos días de su incipiente mandato, no se cumplirá. Hasta qué punto la nueva administración ha vivido en una ensoñación queda probado por el hecho de que el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, declaró el pasado martes que el presidente esperaba que Rusia devolviera a Ucrania la península de Crimea, ocupada en 2014.

La respuesta de Moscú llegó al día siguiente: un portavoz del Kremlin declaró que Moscú no está dispuesto a discutir su devolución, puesto que “nosotros no entregamos nuestro territorio. Crimea es un territorio que pertenece a la Federación Rusa”. Aparte, añadió, de que su retorno a Rusia fue aprobada por los crimemanos en un referéndum.

Las ilusiones de la nueva Casa Blanca habían creado alarma entre los aliados. Bajo el liderazgo de Polonia, los países del Báltico han reforzado su cooperación militar y formado unidades multinacionales. Rumanía es el aliado más entusiasta de los Estados Unidos en el mar Negro y base naval y aérea para el aliado americano. Grecia es uno de los cinco que cumple sus obligaciones presupuestarias con la defensa colectiva, a pesar de sus penurias económicas. En cuanto a Turquía, sus choques con Moscú, sobre y en torno a Siria, han sido frecuentes en el último año. Rusia acaba de desplegar un nuevo tipo de misil crucero que según Occidente vulnera el tratado de limitación de este tipo de armamento.

Ni siquiera el sur del Mediterráneo escapa a las miras de Putin. Actualmente está realizando un esfuerzo por extender su influencia en el caos libio. Su objetivo es ayudar al general Jalifa Haftar a dominar la escena militar del país. Haftar fue recibido recientemente en el portaviones Kuznetzov, y ahora va a recibir la ayuda de Rusia para formar y equipar sus unidades militares. Es decir, Moscú parece apostar por un hombre fuerte para poner fin al desastre libio, algo que Europa siempre tuvo reparos en considerar, no fuera cosa que se la pudiera acusar de intervencionismo.

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