Goldman Sachs es­tima que la vi­vienda su­birá entre un 4% y un 6% los pró­ximos dos años

Las inmobiliarias recomponen sus negocios para consolidarse el próximo lustro

Quabit, Colonial o Urbas, ejem­plos de la re­cu­pe­ra­ción del la­dri­llo, buscan vías ren­ta­bles

Colonial
Colonial.

La com­pra­venta y los al­qui­leres de in­mue­bles to­caron fondo hace tiempo. El ne­gocio de las in­mo­bi­lia­rias, des­pués de haber su­frido una pe­sa­dilla en la que lle­vaba in­mersa desde 2008, sale del agu­jero. Las com­pañías del sector se en­cuen­tran atra­ve­sando un pe­riodo de re­es­truc­tu­ra­ción para ga­ran­ti­zarse un fu­turo só­lido de cara a los pró­ximos cinco años. Las firmas de in­ver­sión avalan el clima po­si­tivo que las ro­dean. Sus nú­meros crecen ex­po­nen­cial­mente. Y con ellos los pre­cios y las ex­pec­ta­tivas de di­vi­den­dos.

Los años en los que las empresas del sector inmobiliario no eran rentables han quedado atrás. Muestra de ello son los últimos informes de bancos de inversión, que empiezan a poner el foco especialmente en el sector del ladrillo español. Uno de ellos y el que ha sacado la nota más reciente, Goldman Sachs, aseguraba que tras ocho años de contracción continua en el sector, “los precios de las viviendas han repuntado en 2016 y se espera que en los próximos dos años avancen a un ritmo de entre el 4% y 6%”.

Esa evolución no solo favorecería a los bancos españoles, que según esta misma firma estarían viviendo un “cambio de régimen con una potencial reducción de sus provisiones de manera desproporcionada”, sino que, evidentemente, calentaría de nuevo a los negocios inmobiliarios. Principalmente, si se hace seguidismo de los últimos datos sobre la evolución de los precios de la compra de primera vivienda o del alquiler.

Haciendo un breve repaso, la rentabilidad por alquiler en España llegó en 2016 al 6,3%, según datos ofrecidos por Idealista. La dificultad de los particulares de acceder a un contrato hipotecario ha disparado la demanda de los arrendamientos en un entorno de mercado en el que los tipos de interés se encuentran en mínimos históricos.

También, en un contexto en un momento en el que la obtención de hipotecas resulta cada vez una tarea más imposible por los enormes filtros aplicados por las entidades financieras junto con los requerimientos por parte de los reguladores. Sobre todo, después de los varapalos recibidos por las cláusulas suelo.

Líneas de financiación e inversiones

Con estos mimbres como telón de fondo se encuentra el sector inmobiliario español, que ahora mismo navega en un proceso de relanzamiento de su negocio. El claro ejemplo de ello sería Quabit Inmobiliaria que lanzó una ampliación de capital por un montante que ascendió hasta los 38,03 millones de euros –nominal más prima de emisión– a un precio final de suscripción de 1,85 euros por acción, según comunicó al regulador.

La operación, cuyo periodo de suscripción finaliza el próximo 20 de febrero, no es casualidad. De hecho, va en consonancia con esa necesidad de crecer ante un panorama que ha cambiado y que ofrece jugosas oportunidades. Tal y como indicó el grupo, la ampliación se realiza con el objetivo de captar fondos para seguir con la aplicación de su plan estratégico 2017-2021 y situarse como una empresa pionera dentro de esta recuperación del sector del ladrillo español.

Además, todo ello llega inmediatamente después otras dos operaciones. Por un lado, el acuerdo sellado con el fondo Avenue Capital para captar 60 millones de euros. Una cantidad destinada a invertir en terrenos: la compra de suelos para la construcción de 1.700 viviendas este año. Y, por otra parte, la previsión de inversión de 30 millones de euros en la compra de suelo en Cataluña para construir otros 400 inmuebles.

Pero no es la única compañía del sector con esta evolución hacia su expansión. En esa misma línea se lleva moviendo en los últimos tiempos Inmobiliaria Colonial, que es la máxima accionista de Axiare (socimi) tras hacerse con el 15% de su capital. Y es que ya puso en marcha la segunda fase de su plan estratégico Alpha con el que ha invertido hasta 400 millones de euros con tres operaciones en terreno español y una en Francia.

Con ello, la pretensión es seguir en la línea que mostraron sus últimos resultados presentados, correspondientes a los nueve primeros meses del año, en la que su beneficio neto se incrementó hasta un 17% con respecto al de 2015.

Y ya al margen de las socimis, que merecerían un capítulo aparte, destacaría Urbas en este grupo. Es el claro ejemplo de cómo ha vuelto el apetito inversor y la confianza en este tipo de compañías por la notoria recuperación de la industria del ladrillo. Como ejemplo, basta con ver que ha doblado su capitalización bursátil en bolsa en lo que transcurre de ejercicio.

Sólo basta con ver la evolución de su balance. En su última cita con los inversores, la compañía informó que obtuvo un beneficio neto de 1,456 millones de euros a nivel individual y 1,054 millones a nivel consolidado en los nueve primeros meses del año. Cifras que contrastan con los 3,832 millones de euros de pérdidas del año anterior y que evidencian el viento a favor con el que está contando el sector que, en efecto, está construyendo los pilares para el próximo lustro.

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