El control del BPI por parte de CaixaBank fue acogido con alivio y naturalidad

Solo la presencia española salva la mala imagen de la banca lusa

Los tres mayores bancos, CGD, BCP y NB, debaten su futuro entre la independencia y la españolidad

 Banco Portugués de Investimento
Banco Portugués de Investimento

Hace solo unos pocos meses, nadie en Portugal hubiera podido imaginar lo que ha ocurrido y está sucediendo en el sector financiero local: el Banco Portugués de Investimento (BPI), que ocupa la cuarta posición en el ranking de la banca privada, está bajo el control de la catalana CaixaBank, sin suscitar reacciones antiespañolas de triste recuerdo. Tampoco que el resto del sector se debate entre la ayuda pública o la toma de control por intereses foráneos, en su mayor parte españoles. Un futuro incierto que preocupa tanto en Lisboa como en Bruselas.

Fue con toda la na­tu­ra­lidad que la opi­nión pú­blica, los me­dios de co­mu­ni­ca­ción, el mundo de los ne­go­cios y la clase po­lí­tica han en­ca­jado tanto el final de la OPA ca­ta­lana como el hecho de la nueva si­tua­ción del BPI, donde CaixaBank ha co­lo­cado de in­me­diato a un es­pañol, Pablo Forero, como pre­si­dente de la Comisión Executiva y como con­se­jero de­le­gado, que es lo que por ejemplo nunca hizo ni Emilio Botín ni su hija Ana Patricia en el Santander Totta.

Tanto es así que CaixaBank ha des­ac­ti­vado li­te­ral­mente la vieja imagen anacró­nica pero muy uti­li­zada en Portugal de que desde España solo llegan "vientos, alianzas y ma­tri­mo­nios del mal aguero" que siempre son pé­simos para la in­de­pen­dencia del país. La fiebre anti es­pañola era lo más ha­bi­tual, cuando es­taban en juego ope­ra­ciones de gran ca­lado, sobre todo de ín­dole fi­nan­ciera y eco­nó­mica, para asi de­fender mejor pre­suntos in­tereses na­cio­na­les, aunque fuera al margen de las re­glas de la com­pe­ten­cia.

Lucha por el sector pri­va­do

Existen va­rios ejem­plos de ello, y en el sector fi­nan­ciero sobre todo. A fi­nales de la dé­cada de 1980, el go­bierno por­tu­gués de en­tonces trató de des­ac­tivar la compra por Banesto del Grupo Champalimaud, cuyo prin­cipal ac­tivo era el Banco Totta & Açores, ahora Santander Totta, el tercer mayor banco pri­vado del país. Hoy el banco de los Botín no solo es bie­ve­nido sino que ha dado una imagen de es­ta­bi­lidad inusual en el atri­bu­lado sector fi­nan­ciero luso.

Una imagen que, más re­cien­te­mente, está en tela de juicio ante el pe­ligro de "la in­va­sión es­paño­la": los bancos lusos están más que en apu­ros, unos in­ter­ve­nidos por el Estado, y si­guiendo por los dos más im­por­tantes de ca­pital pri­vado, y cuyo fu­turo sigue en el aire: el Banco Comercial Portugués (BCP), que li­dera el sector y está in­merso en una pro­funda res­truc­tu­ra­ción ac­cio­nia­rial, y sobre todo el Novo Banco (NB), que fue creado con los pre­suntos ac­tivos buenos del an­tiguo y fa­llido Banco Espirito Santo (BES), con un coste de 4.900 mi­llones de euros para el Fondo de Resolución (FR), y cuya venta al mejor postor no acaba de ver la luz.

Temor en Bruselas

La ba­talla por el NB es lo que más preo­cupa ahora ahora a las au­to­ri­dades lusas y a la co­mu­ni­ta­ria, preo­cu­pada por la sol­vencia del sis­tema. Santander Totta llegó a ma­ni­festar algún in­terés por el NB, al mismo tiempo que se es­pe­cula sobre la po­si­bi­lidad de una fu­sión entre el BCP y un BPI con­tro­lado por CaixaBank, con lo cual, de lle­varse a cabo di­chas ope­ra­cio­nes, el con­junto de la banca es­pañola (incluyendo tam­bién Banco Popular, Bankinter…) aca­baría co­pando prác­ti­ca­mente la mitad de la gran banca lusa.

Ya nadie habla en Portugal de “invasión es­paño­la”. Lo que hizo Santander tras desistir de la puja por NB, fue afianzar su mo­delo en Portugal, ha­cién­dose a buen precio con el pe­queño Banif, po­niendo ele­vando su cuota de mer­cado al 15%, sin sus­citar apenas reac­ciones ne­ga­ti­vas.

Y con CaixaBank pasa lo mismo: lle­vaba dos dé­cadas como ac­cio­nista de re­fe­rencia del BPI sin apenas in­ter­venir en la ges­tión, y cuando de­cidió tomar el con­trol de la en­ti­dad, no en­contró ningún re­chazo en la opi­nión pú­blica, sino más bien algún apoyo, ante el duro pulso que tuvo que li­brar con la em­pre­saria an­go­leña Isabel dos Santos y que habrá cos­tado prin­ci­pal­mente al BPI la pér­dida del con­trol del Banco de Fomento de Angola (BFA).

Es po­sible que mu­chos de aque­llos que pu­sieron el grito en cielo contra el pre­sunto pe­ligro de una “invasión es­pañola” fo­men­tada por el BCE, es­ta­rían hoy dis­puestos a cam­biar de opi­nión. En re­la­ción con la venta de NB, por ejem­plo, nadie cree ya po­sible que saldrá gratis al Estado: queda des­car­tado que el fu­turo com­prador pague por el banco al menos los 4.900 mi­llones des­em­bol­sados por el Fondo de Resolución, de los cuales 3.900 mi­llones sa­lieron de las arcas pú­blicas a tí­tulo de prés­tamo.

El precio que se ba­raja ahora no al­canza los 1.000 mi­llones de eu­ros, y además ambos com­pra­dores po­ten­ciales (los fondos nor­te­ame­ri­canos Lone Star y Apollo) exigen ga­ran­tías pú­blicas para hacer frente a inevi­ta­bles ac­tivos tó­xicos y a riesgos ocul­tos.

El fu­turo de NB que­daría mejor ga­ran­ti­zado si el banco fuera fu­sio­nado con el BPI u el Santander Totta, que tiene la mejor imagen del país (fue el único que re­sistió a la crisis sin su­frir pér­didas y sin tener que so­li­citar ayudas pú­bli­cas), mien­tras que los com­pra­dores po­ten­cia­les, sea Lone Star u Apollo, solo piensan en res­truc­turar la en­tidad para ven­derla. Tanto es así, que son mu­chas las voces que se le­vantan en el país, sobre todo en la iz­quierda, para re­clamar una “nacionalización” de NB du­rante dos o tres años para fa­ci­litar la re­cu­pe­ra­ción y even­tual­mente para fu­sio­narlo con la es­tatal Caixa Geral de Depositos (CGD).

Mças fle­cos

Con el BCP, que co­tiza a mí­nimos his­tó­ricos y que du­rante la guerra entre CaixaBank y Isabel dos Santos es­tuvo dis­puesto a es­tu­diar la po­si­bi­lidad de una fu­sión con el BPI (el tema es­tuvo ya sobre la mesa en dos otras oca­sio­nes, antes de la crisis fi­nan­ciera mun­dial), su fu­turo pa­rece ahora más des­ple­gado. Pero tam­poco que­dará en manos na­cio­na­les, sino del ca­pital chino y del an­go­leño. Tras un au­mento de ca­pital de 1.330 mi­llones de eu­ros, el BCP podrá de­volver al Estado los úl­timos 700 mi­llones de una ayuda pú­blica de 3.000 mi­llo­nes, y sobre todo ya tiene al chino Fosum como mayor ac­cio­nista, con un 23,5% del ca­pital y que al­can­zará los 30%.

De he­cho, hasta po­dría ha­blarse de una ope­ra­ción con­junta chi­no-an­go­leña en la gran banca lusa: la pe­tro­lera pú­blica de la ex co­lonia afri­cana, Sonangol, pre­si­dida ahora por Isabel dos Santos, tam­bién acudió al au­mento de ca­pital del BCP, donde ya no es mayor ac­cio­nista, pero aun ocupa la se­gunda po­si­ción, con un 15% del ca­pi­tal.

Con lo cual queda abierta la puerta a todo tipo de es­pe­cu­la­cio­nes, sobre las in­ten­ciones u lo que podrá hacer la em­pre­saria an­go­leña, que para mu­chos ana­listas acabó ga­nando el pulso a CaixaBank: quedó con el con­trol del an­go­leño BFA, que es la prin­cipal fuente de re­sul­tados del BPI, y a través Sonangol, tendrá una buena margen de ma­niobra en el BCP, donde ya se habla de “alianza si­no-an­go­leña”.

Los do­lores de ca­beza de los ve­cinos lusos con la banca na­cio­nal, pro­vienen tam­bién de la CGD, que lleva años más al ser­vicio de in­tereses po­lí­ticos (es el pa­saje de lujo obli­gado para di­ri­gentes po­lí­ticos y para la fi­nan­cia­ción de ope­ra­ciones po­lí­ti­co-­fi­nan­cieras de todos los co­lo­res) que de los in­tereses na­cio­na­les. Solo así se en­tiende, según los ana­lis­tas, los malos re­sul­tados de la ins­ti­tu­ción que re­pre­senta una ter­cera parte del sector fi­nan­ciero na­cio­nal, y que si no fuera por las cuan­tiosas ayudas pú­blicas que re­cibe ya hu­biera sido li­qui­dada.

Ahora mismo, en medio de una pro­funda y po­lé­mica res­truc­tu­ra­ción al nivel de la alta ges­tión, está pen­diente de re­cibir una nueva in­yec­ción pu­blica de más de 5.000 mi­llones de eu­ros.

Según Eurostat, desde el inicio de la cri­sis, Portugal es de entre todos los países eu­ro­peos el quinto que en tér­minos re­la­tivos más di­nero pu­blico em­pleo en el sal­va­mento de sus ban­cos, en con­creto, un 6,8% del PIB na­cio­nal, solo su­pe­rado por el 17,6% de Irlanda, el 17,1% de Grecia, el 12,9% de Eslovenia y el 8,2% de Chipre.

O sea, su­peró países como España (con el 4,1%), y lo que es peor, tiene aún por so­lu­cionar un pro­blema de más de 15.000 mi­llones de eu­ros: el vo­lumen de cré­dito mo­roso y otros ac­tivos tó­xicos que aun no fueran pro­vi­sio­na­dos, prin­ci­pal­mente por parte del NB (4.200 mi­llo­nes), de la CGD (4.000 mi­llo­nes) y el BCP (3.200 mi­llo­nes), y cuya so­lu­ción pa­sará por la crea­ción de un “banco malo” según el mo­delo pre­visto ahora en Italia.

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