Menos már­ge­nes, guerra de di­visas y aba­ra­ta­miento de la mano de obra, al acecho

A Inditex no le sienta nada bien Trump

La em­presa ga­llega en­ciende el pi­loto rojo en el caso de la “desglobalización” trum­pe­tiana

Pablo Isla, Inditex
Pablo Isla, Inditex

Las com­pañías ex­por­ta­doras tienen un miedo que actúa como de­no­mi­nador común des­pués de que hayan sal­tado las alarmas en el mundo por la po­sible vuelta a las po­lí­ticas pro­tec­cio­nistas de an­taño. El su­puesto inicio de una guerra co­mer­cial ori­gi­nada por Estados Unidos con po­lí­ticas aran­ce­la­rias pro­vo­caría que a este tipo de firmas no les que­dase otra op­ción que buscar al­ter­na­tivas para se­guir ha­ciendo viable su ne­go­cio. Algunas de ellas es­ta­rían mejor po­si­cio­nadas y po­drían tener más margen de ma­niobra ante este su­puesto.

Ese es el caso de Inditex. La firma que dirige y preside Pablo Isla sigue muy de cerca todos los movimientos que se hacen al otro lado del Atlántico. Ya no solo porque el mercado norteamericano es un área de negocio muy importante para el global de sus ventas, sino porque de las políticas que se puedan llevar a cabo puede depender mucho la estrategia internacional que adopte.

Ante el supuesto de que se desate el cisma de lo que ya muchos analistas denominan como “desglobalización” las empresas exportadoras, como es el caso de la compañía textil española, podrían tener algunos obstáculos a los que enfrentarse. Como señalan fuentes del sector a Capital Madrid, “las guerras comerciales no son deseables porque son armas de destrucción masiva”, sobre todo para este tipo de negocios.

También, en relación a que todo lo que sea establecer “aranceles o proteccionismo” al final crea como producto resultante que no sólo se “enrarecen las relaciones comerciales sino también las relaciones políticas en todo el mundo”.

Un tensionamiento de las relaciones comerciales que podría mermar a compañías cuyo negocio se basa en la exportación. Otras fuentes del sector consultadas señalan que la industria retail, o de consumo minorista, “tiene que estar ahora expectante para ver las nuevas realidades comerciales”, en aras a adaptarse al entorno que va a servir como tablero de ajedrez a partir de ahora. En esta línea, la compañía fundada por Amancio Ortega podría tener puntos negativos, pero no sería la que estaría peor posicionada.

Fuentes del mercado que han decidido preservar su identidad comentan a este medio que en el caso de Inditex “su amplia diversificación va a poder mitigar los riesgos”. El hecho de que opere en más de 90 países de todo el mundo con una red de establecimientos que supera las 7.000 unidades, siendo el mayor grupo de moda indiscutible, la convierte en una compañía privilegiada con una gran capacidad de reacción ante el estallido de una guerra comercial que desate impuestos a las transacciones internacionales o cambios en los mercados de divisas.

Los desafíos ante la escalada proteccionista

El mayor auge de los populismos a nivel mundial –con la amenaza de este tipo de movimientos en Francia, Holanda o Alemania– provocaría que siguiera ganando enormes probabilidades que el mundo marchara hacia el camino del proteccionismo económico. En ese caso, las empresas más beneficiadas por la globalización, caso de Inditex, tendrían que obrar en consecuencia con la mayor celeridad posible para que su modelo de negocio no se viera especialmente penalizado.

En declaraciones para este medio de José María Luna, director de análisis de Profim Eafi, una opción que tendrían es que a mayores costes “solamente el tema de adaptar las etiquetas a las nuevas relaciones comerciales si no se cumplen los requisitos que se exigen en esas relaciones comerciales son mayores costes legales que se tienen que incluir dentro del producto”. Con lo cual esa primera alternativa pasaría por “reducir márgenes sí o sí”.

Por otro lado, según otras fuentes del mercado consultadas, habrá compañías que podrán asimilar esos costes derivados de los aranceles pero “habrá otras que no”. E Inditex entraría dentro del primer grupo.

Otra vía para reducir esos costes provenientes de una supuesta “desglobalización”, tal y como sostiene Luna, es que lo que puede ocurrir al final, por mantener los márgenes, es que el producto “en lugar de haberse hecho en Marruecos se haga en Bangladesh por una mano de obra más barata”. Luego compañías como Inditex podrían mudarse y establecer sus fuentes de producción en regiones en las que pueda abaratar aún más sus costes.

Entonces, frente a esta posibilidad, estas firmas o asumen los costes o intenta buscar reducción del precio de las materias primas, que puede llegar mediante la búsqueda de un coste de producción más barato. En aquellos productos donde la mano de obra sea intensiva, podría buscar eficiencias fiscales para intentar tener una disminución de los costes impositivos. Eso no estaría al alcance de todo el mundo en la industria minorista, pero sí de Inditex.

Efecto divisa peligroso

Otro tema es el flujo de capitales. El efecto colateral de una guerra comercial suele venir de la mano de una guerra de divisas. Ahí sí se vería castigada por un fortalecimiento del dólar y debilitamiento de monedas en las regiones en las que acumula mayor facturación, caso de Europa, China, u Oriente Medio.

En segundo lugar, el desmesurado nivel de apalancamiento que aglutina el escenario internacional también es clave en toda esta materia. Por eso, los bancos centrales siguen actuando con gran coordinación por lo que a nivel de inversiones no debiera afectar más allá de la dinámica propia de la economía. Estados Unidos necesita capital propio y capital extranjero. Emite mucha deuda. Así, los grandes tenedores no solo son ahorradores norteamericanos, sino también ahorradores de muchos otros países.

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