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Brexit consumatum est: Londres y Bruselas sellan el acuerdo de divorcio (1ª fase)

Fuera miedo: los eu­ro­peos en Reino Unido y los bri­tá­nicos en la UE se­guirán como hasta ahora

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Poco des­pués de las siete de la mañana de este viernes 8 de oc­tu­bre, Día de la Inmaculada Concepción, un tuit desde Bruselas in­cluía una foto muy apro­piada a la fecha y a la oca­sión: una ‘fumata blanca’ ele­ván­dose al cielo desde la chi­menea de la Capilla Sixtina del Vaticano. Esta vez no in­di­caba la elec­ción de un nuevo Papa, sino que se había ce­rrado con acuerdo la pri­mera fase del Brexit.

Y no, Martin Selmayr, director del gabinete de Jean-Claud Juncker, presidente de la Comisión, no vendía humo. De verdad que se había llegado a un acuerdo que da paso a abrir la segunda fase de las negociaciones del Brexit en la cumbre europea de dentro de una semana, los días 14 y 15. Selmayr indicaba que había pasado el escrutinio cada una de las 7.240 palabras del documento acordado.

Un documento con un nombre tedioso y administrativo: ‘Informe conjunto de los negociadores de la Unión Europea y del Gobierno del Reino Unido sobre el progreso durante la fase 1 de las negociaciones según el artículo 50 del Tratado de la UE obre la retirada ordenada del Reino Unido de la Unión Europea’.

¿Qué suena como a latín? Casi. Pero la traducción no es nada complicada. Después de unas frenéticas negociaciones a cuatro bandas durante la noche entre Londres, Bruselas, Dublín y Belfast, la primera ministra británica Theresa May voló a la capital de Europa. Llegó diez minutos antes de las siete de la mañana al edificio Berlaymont, histórica sede de la Comisin Europea. Había que cerrar el acuerdo sobre zumo de naranja y café o té. Una foto dejó constancia del momento, que Financial Times inmediatamente tituló así: ‘El Reino Unido logra un histórico acuerdo sobre el Brexit’.

En resumen, las 15 páginas configuran las condiciones de la salida en los tres aspectos clave previos a cualquier consideración sobre el futuro de las relaciones entre Londres y los 27: la llamada ‘factura del divorcio’, la protección de los derechos de los ciudadanos expatriados y el tratamiento de la delicada cuestión entre las dos Irlandas.

Sobre el primer punto, no hay cifras, como ya se avanzó aquí ayer. Según diversas estimaciones, la factura final podría ascender a entre 40.000 y 50.000 millones de euros, o más, con la particularidad de que se irá estirando durante el tiempo, a medida que el Reino Unido tenga que hacer frente a los compromisos ya asumidos como miembro de la UE.

El segundo punto, que tenía y tiene en vilo a millones de europeos en Gran Bretaña y a otros tantos en Europa, muchos de ellos jubilados en España, garantiza que ya pueden respirar tranquilos. Todo seguirá igual que hasta ahora. Es decir, en cuanto a los derechos individuales de los expatriados, se mantendrán, mediante un simple requisito de filiación.

La tercera pata de esta primera fase fue la que hizo descarrilar el acuerdo el pasado lunes cuando ya estaba casi todo cerrado. ¿Cómo van a quedar las relaciones entre Irlanda e Irlanda del Norte? Había seis pequeños escollos, casi sólo seis palabras, que no le parecían bien al Partido Demócrata Unionista del Ulster (DUP). Hasta ahora no hay prácticamente frontera entre el Norte y el Sur de la isla. Pero la redacción exacta del acuerdo no le gustaba a Arlene Foster, líder del DUP, en cuanto parecía que en las aguas territoriales sí establecía una frontera. Este viernes, Foster sí está contenta: ‘No hay línea roja en el Mar de Irlanda’.

Había otra china en el zapato: el Tribunal Europeo de Justicia. Uno de los ejes del Brexit era que la soberanía británica cedida a Bruselas, Estrasburgo o donde fuera regresara al origen, al Parlamento británico. Pero precisamente los compromisos asumidos podrían plantear conflicto de jurisdicciones más allá de 2019. Solución: el Reino Unido se va, pero durante diez años mantendrá vinculación de modo ‘voluntario’.

Poco después de las siete de la mañana de este viernes 8 de octubre, Día de la Inmaculada Concepción, un tuit desde Bruselas incluía una foto muy apropiada a la fecha y a la ocasión: una ‘fumata blanca’ elevándose al cielo desde la chimenea de la Capilla Sixtina del Vaticano. Esta vez no indicaba la elección de un nuevo Papa, sino que se había cerrado con acuerdo la primera fase del Brexit.

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