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Arrimadas, Rivera y Cs en la cresta de la ola para ‘poner fin a esta locura’ en Cataluña

Entrevista en EU Observer y ar­tículo en el NYT para contar la otra parte de la his­to­ria: ‘Los ca­ta­lanes de­bemos una ex­pli­ca­ción al mundo’

Ciudadanos
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Poco a poco se van ca­yendo de la hi­guera. Aunque sea to­davía con cuen­ta­go­tas, están abriendo los ojos. Ya no se dejan ab­ducir tan fá­cil­mente por el re­lato pe­ri­pa­té­tico de los in­de­pen­den­tis­tas. El de la pobre re­gión rica so­me­tida por la crueldad cen­tra­lista de Madrid. No, ya no cuela. Si du­rante años y años se ha es­ca­mo­teado al mundo la ver­da­dera his­toria de una Cataluña so­me­tida al to­ta­li­ta­rismo se­pa­ra­tista, en los úl­timos tiempos la per­cep­ción está cam­biando.

En buena hora. Nunca es tarde si la dicha es buena, pero era incomprensible cómo la gran prensa internacional venía ignorando por lo general lo que de verdad ocurre en Cataluña. Con citas heroicas a Orwell, al Homenaje a Cataluña y a la singularidad del idioma, unos medios no muy diligentes pero sí dispuestos a tragarse sin rechistar el victimismo soberanista han servido a la causa independentista.

Casi nadie fuera de España se preguntaba cómo es eso de que si Cataluña es la región más rica del país al mismo tiempo se quejaran sus gobernantes de que era maltratada. Ni indagaban lo que había de verdad en la persecución del idioma y la cultura catalanas, cuando es justo al revés desde hace al menos 30 años. Ni se ocupaban un pimiento de la mayoría silenciada. Periódicos, radios, televisiones y digitales hablaban y escribían de ‘los catalanes’, pero sólo se referían a menos de la mitad de ellos.

Bueno, pues aunque sea todavía tímidamente, eso está cambiando. Durante meses y meses sólo aparecían artículos, entrevistas y declaraciones de los puigdemonts y los junqueras de turno. No es que su versión sectaria primera, es que era la única que se ofrecía. Incluso todavía el pasado martes 28 de noviembre, el famoso portal Politico abría su pantalla a un Artur Mas victimista como siempre.

Pero el pasado jueves 30 de noviembre, The Guardian ya abrió brecha. El corresponsal Stephen Burgen habló con alguien no separatista y tituló así la crónica: ‘Si soy elegida, usaré los primeros 100 días para deshacer el tinglado independentista, dice Inés Arrimadas’. Al día siguiente, viernes 1 de diciembre, fue The Times el que abrió sus páginas: Graham Keeley también dedicó su crónica a la cabeza de lista de Ciudadanos en Cataluña: ‘Una abogada emerge como figura clave para que Cataluña siga siendo España’.

El sábado 2, el Daily Express se alarmó, dentro de sus genes sensacionalistas, con la amenazante escena de los monigotes de PP, Cs y PSC colgados de un puente: ‘Radicales pro independentistas cuelgan títeres a tamaño natural en una advertencia estremecedora’. Ayer lunes día 4, la web de Les Echos colgó la crónica que aparece en el diario hoy firmada por su corresponsal Cecile Thibaud en torno a los datos del paro, desde un ángulo interesante: ‘La caída del empleo en Cataluña hace subir el paro español’. Y efectivamente: aunque muchos no se dieran cuenta, el aumento del desempleo catalán en noviembre fue mayor que en el conjunto de España.

Todavía ayer lunes el mismo Politico cedía su portal a Oriol Junqueras para que firmara un artículo, victimista como siempre. Pero esta vez además lanzaba la insidia de que el 21-D puede haber pucherazo y pedía la intervención de la UE. El hombre debe de creer que puede hablarle desde su pequeño mundo al resto del planeta como si España fuera una república bananera…

Y este martes, otro influyente portal, EU Observer, y la edición internacional de The New York Times, dan prueba de que la tendencia está cambiando. De que empieza a saberse que en Cataluña hay más historias que las que cuentan los unos. De que hay otras historias y otros otros. Sin ir más lejos, por ejemplo, que está Albert Rivera. El líder de Ciudadanos es entrevistado por Eric Maurice en EU Observer y publica un artículo nada menos que en primera página del NYT.

Ambos textos son desmitificadores. Le dice Rivera a Maurice: ‘Tenemos que reformar España, no sólo Cataluña, España necesita un nuevo proyecto para el futuro, pero lo primero que hace falta es reconectar al pueblo de Cataluña’. Promete hablar con todos los partidos constitucionalistas si Cs gana las elecciones para enderezar las cosas, porque lo que ha venido pasando es insufrible: ‘Es imposible negociar ni llegar a ningún acuerdo con alguien que no respeta las leyes; si uno decide saltarse la ley, eso acarrea consecuencias’.

También desmorona la cantinela separatista de que los dirigentes encarcelados están entre rejas por su ideología o por su política: ‘Hay millones de personas que apoyan la vía separatista pero que no se saltan la ley’. Y por supuesto, no están en la cárcel.

Parece obvio, pero había que decirlo para que la prensa internacional vaya conociendo la verdadera intrahistoria de todo. Es el mismo Rivera el que de manera más reposada que en una entrevista lo cuenta en su artículo en el NYT. En la web del periódico el título es ‘Los catalanes le debemos una explicación al mundo’. En el diario de papel, el título es otro, más esperanzado. ‘Los catalanes saldremos de ésta’.

¿Qué cuenta? No todo, porque es imposible resumir tanta infamia durante tanto tiempo, tanto ninguneo de tanta gente durante decenios. Pero Rivera y los que le hayan ayudado a redactar el artículo hacen una buena síntesis: desde el fraude y la inconstitucionalidad del referéndum del 1-O hasta el adoctrinamiento y las mentiras del ‘España nos roba’ y todas esas zarandajas.

Muy oportunamente, Albert Rivera cuenta su historia personal como ejemplo de cómo Cataluña ha sido acogedora siempre y cómo se han integrado gentes de otros lugares. Y frente al odio independentista, describe la España de hoy: ‘Es una de las más importantes economía de la Unión Europea, así como uno de los países más descentralizados del mundo, con los mayores niveles de democracia, libertad y bienestar social’.

Dentro de esa explicación que los catalanes deben al mundo, Rivera desnuda la verdad para que se vea lo que hay detrás del separatismo: ‘Un sentido de supremacía define este movimiento. Se ve en el uso que durante los últimos tres decenios de propaganda en los medios públicos de comunicación y en el sistema educativo’. El separatismo ha utilizado todo eso ‘como máquina para lavar cerebros’.

¿Qué va a pasar el 21-D y después? Rivera promete ‘poner fin a esta locura’.

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