DESDE EL PARQUET

Los peores valores de 2017 a examen

El año ha sido muy po­si­tivo en lí­neas ge­ne­rales para el con­junto del mer­cado es­pañol. Sin em­bargo, el ejer­cicio deja al­gunos dam­ni­fi­cados que de­berán tomar me­didas im­por­tantes en los pró­ximos meses si quieren salir del ato­lla­dero.

La peor parte se la ha llevado Abengoa al desplomarse su valor un 92%. El grupo sigue sin levantar cabeza pese a los enormes esfuerzos por reducir su desorbitada deuda vía ventas, intentando no perder capacidad de generar caja. Al cierre del tercer trimestre, el grupo logró cerrar su endeudamiento financiero en 5.491 millones de euros frente a los 12.250 millones contabilizados a finales de 2016.

Esta reducción, sin embargo, sigue sin convencer ni al mercado ni a sus propios accionistas y prestamistas. Para botón de muestra basta con la reciente decisión del Santander de rebajar su participación en el grupo por debajo del 5%. El objetivo, según los expertos, es protegerse de una posible quiebra. Con una participación superior a este porcentaje se le consideraría más accionista que acreedor y en consecuencia estaría entre los últimos en cobrar la deuda.

Ni la positiva evolución de sus cuentas en el último trimestre ni la proliferación de contratos logrados por el grupo, que alejan los riesgos de insolvencia, han conseguido animar su cotización.

El segundo en la lista negra de las pérdidas es Pescanova, con una pérdida acumulada de cerca del 80% en el año. La retirada de las salvedades de su auditor de las cuentas correspondientes al pasado ejercicio fiscal parecía ser el detonante que necesitaban los mercados para volver a depositar su confianza en el grupo con un serio aumento del volumen de negocio.

Pero la reacción ha sido tan efímera como las estrellas fugaces, en medio de las continuas tensiones entre los antiguos y los nuevos accionistas de la compañía. Al menos, el valor está logrando aguantar sobre el importante nivel del euro por acción que llegó a poner en peligro a lo largo del pasado mes de octubre. Tal y como refleja su aspecto técnico, tampoco parece que vaya a ser uno de los valores que despunten el próximo año pese a sus bajos precios.

Por detrás se sitúa Duro Felguera con una pérdida de valoración superior al 60%. Y es que a perro flaco todo se le vuelven pulgas. Tras conseguir ampliar el acuerdo con sus acreedores hasta mediados del próximo mes de enero para mantener su actividad, el grupo industrial ha recibido en estos días una querella de la Fiscalía Anticorrupción de Venezuela por presuntos sobornos para lograr contratos.

Una noticia que enturbia aún más el entorno de Duro Felguera porque puede poner en entredicho una nueva posible prórroga de sus acreedores, al tiempo que reduciría el interés de un posible comprador. Motivo que justifica que el valor cotice a su nivel más bajo en 14 años.

El grupo de apuestas Codere es el cuarto peor valor del año con una minoración de su valor del 50%. A principios de ejercicio se las prometía muy felices tras la adquisición de la uruguaya HRU y cerrar el proceso de refinanciación de su deuda. No obstante, la decisión de S&P de mantener en calidad pobre la calificación de su deuda ha llevado al valor a su zona de mínimos sin que el “contrasplit” realizado en noviembre haya tenido el más mínimo efecto sicológico en el valor.

Y a falta de unos días para cerrar el ejercicio, Prisa y Service Point se disputan el dudoso honor de cerrar este listado de las peores acciones del mercado continuo en 2017 con una pérdida de valor cercanas al 50%.

El grupo de medios ha sido incapaz de encontrar un comprador para Editorial Santillana, que le permitiera reducir su abultada deuda, y se ha visto obligado a cambiar de estrategia, sufriendo el castigo del mercado. El distribuidor de materiales de oficina, por su parte, ha decepcionado en su primer año tras el regreso a Bolsa incapaz de cumplir con las expectativas de crecimiento.

La moraleja para los inversores sobre estas caídas es que conviene evitar la inversión en compañías altamente endeudadas y con conflictos tanto internos como externos que impidan centrarse en su actividad de negocio.

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