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¿Cambio en Gibraltar? De ser territorio ‘de ultramar’ a estar ‘bajo protección británica’

‘Gibraltar se con­vierte en el úl­timo punto de dis­cu­sión en las ne­go­cia­ciones del Brexit’

Frontera con Gibraltar
Frontera con Gibraltar

Como las pis­to­las, las armas y las en­cues­tas, tam­bién a las pa­la­bras las carga el dia­blo. O la au­sencia de una pa­la­bra. El es­ca­moteo de un simple ar­tículo ‘los’ en 1967 per­mitió la apro­ba­ción por una­ni­midad de una re­so­lu­ción en el Consejo de Seguridad de la ONU tras la Guerra de los Seis Días en Oriente Medio. La po­si­bi­lidad de paz du­ra­dera entre Israel y Palestina exigía dos re­qui­si­tos: cese de la vio­lencia y ‘retirada las fuerza ar­madas is­raelís de te­rri­to­rios ocu­pa­dos’.

Retirada de territorios, no de ‘los’ territorios. Para unos, Israel debía devolver todo lo conquistado y volver a las posiciones iniciales. Para otros, la redacción dejaba claro que bastaba retirarse de una parte de esos territorios. Fue un histórico triunfo diplomático, milimétricamente diseñado por el entonces embajador británico en la ONU, Lord Caradon. Es la esencia de la política y de la diplomacia: hacer parecer que todos salen ganando.

¿Se puede aplicar ese principio a lo que publica este miércoles Financial Times sobre el texto del borrador de cuatro páginas de la Comisión Europea relativo al mandato para ir a la segunda fase de las negociaciones del Brexit? Una vez más, la diplomacia: puede que sí, puede que no.

Esta vez no se trata de Oriente Medio, ni de la Franja de Gaza, ni de Cisjordania, ni de Israel, ni de Palestina. Se trata de Gibraltar: ¿es el Peñón, dicho en español, o The Rock, en inglés, un ‘overseas territory’ o ‘territorio de ultramar’, como lo considera Reino Unido desde la cesión en virtud del Tratado de Utrecht de 1713? ¿O va a pasar a ser considerado como un territorio ‘bajo protección británica’, descripción presuntamente menos posesiva?

Esa es la definición de la cita entrecomillada de FT en una información titulada ‘Gibraltar se convierte en el último punto de discusión en las negociaciones del Brexit’. No es una información más. Está firmada nada menos que por tres periodistas, lo que le otorga una categoría especial: Jim Brunsden, Mehereen Khan y Alex Barker. O sea, que el diario financiero de la City le otorga una especial relevancia.

En principio, no parece ser así. Ya en abril la UE adoptó las directrices para abordar las negociaciones sobre el Brexit, y entre ellas se incluyó la siguiente, para gran alegría del Gobierno de Mariano Rajoy: ‘Una vez que Reino Unido deje la UE, ningún acuerdo entre la Unión Europea y Reino Unido se podrá aplicar al territorio de Gibraltar sin el acuerdo ente España y Reino Unido’.

Tanto en Madrid como sobre todo en Londres, esa frase se interpretó como un derecho de veto de España al total del Brexit en caso de no estar satisfecha con su aplicación o no a Gibraltar. Pero los Gobiernos respectivos de Theresa May y Mariano Rajoy no sólo han rebajado la tensión y las expectativas o temores en una y otra dirección, sino que han hecho lo posible por minimizar cualquier incidencia molesta a unos y otros.

Los dirigentes ‘llanitos’, algún parlamentario británico exaltado de ultraderecha y la prensa amarilla que vive de asustar a todas horas a los lectores han mostrado su miedo a que el Brexit pueda ser una trampa mortal para el ‘Gibraltar británico’. Pero el caso es que el FT cita hoy, aunque sea tangencialmente, los argumentos del ‘Gibraltar español’.

Son dos parrafitos. Uno se refiere al origen de todo, que muy raramente, por no decir nunca, mencionan los medios ni los políticos británicos: ‘La ciudad, el castillo y el puerto de Gibraltar fueron cedidos al Reino Unido por las cláusulas del Tratado de Utrecht de 1713. España, sin embargo, ha argumentado desde siempre que el Tratado no incluía el derecho al istmo, donde se construyó el aeropuerto’.

El FT podía haber citado textualmente el artículo 10 del Tratado de Utrecht, que prueba más allá de ninguna sospecha que se cedió lo que se cedió y nada más: nada de istmo, nada de terreno adyacente, nada de ‘cesión territorial’, nada de aguas territoriales. Es la clave de todo el problema, y posiblemente la de la solución algún día: no se cedió un territorio para separarlo de un país, sino un terreno dentro de un país. Vamos, como una de las fincas del duque de Wellington en España. O más: como una embajada, territorio considerado soberano y protegido por inmunidad diplomática.

El otro párrafo del documento de la UE al que se refiere el FT, y el más significativo, dice lo siguiente: ‘De acuerdo con el lenguaje visto por Financial Times, el mandato subrayará que ‘los territorios bajo protección británica –término que abarca a Gibraltar- saldrán de la UE con el Reino Unido en marzo de 2019, lo que significa que las disposiciones que les afectan deben ser acordados como parte de las negociaciones de la transición’.

La información de FT se centra en el aeropuerto de Gibraltar, cuya construcción ilegal está archidemostrada por la historia y por los mapas de la época. La verja incluso está muchos metros más dentro de lo que debería. Y las continuas quejas del Gobierno del Peñón sobre la ‘incursión ilegal’ de lanchas de la Guardia Civil en ‘aguas gibraltareñas’ son un sobreentendido, lo mismo que las incursiones: cada uno reivindica su soberanía.

Pero sí hay hasta tres aspectos clave del Brexit sobre Gibraltar: la continuidad o no del Espacio Aéreo Común, la situación de paraíso fiscal o poco menos de la Roca y la situación de los trabajadores españoles que cruzan diariamente la verja. En un plano más global, se trata de uno de los grandes aspectos en las negociaciones Londres-Bruselas: cómo van a quedar los ciudadanos respectivo residentes en la otra parte.

Tal como van las cosas, parece que unos y otros van a conservar sus derechos, sin tener que preocuparse por el futuro. Y más después de la visita de Rajoy a Theresa May hace unos días, y de los piropos que se brindaron mutuamente: ella por la unidad de España, y él por la democracia británica. Aunque se equivocara en el origen del parlamentarismo europeo.

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