Tras ocho años largos al frente del BIS, sus planes pasan por re­gresar a casa

Jaime Caruana, a sus 65 años, busca un hueco en el... ¿BBVA?

Su fi­gura sería la idónea para des­pejar la línea su­ce­soria de FG al frente del se­gundo mejor banco es­pañol

Jaime Caruana
Jaime Caruana

El que ha sido hasta hace unos días el di­rector ge­neral del Banco Internacional de Pagos (BPI, BIS por sus ini­ciales en in­glés), Jaime Caruana, pa­rece dis­puesto a volver a casa por Navidad y sin pre­ten­siones de con­ti­nuar en al­gunos otros or­ga­nismos su­per­vi­sores in­ter­na­cio­na­les, como el BCE. Caruana tiene la in­ten­ción de re­posar medio año y sin ata­duras con las li­mi­ta­ciones para el ejer­cicio de ac­ti­vi­dades pri­vadas del Banco de España, del que fue go­ber­nador hasta 2006, en­con­trar aco­modo en un banco, pero no como ju­bi­lado de 65 años. ¿Será la pre­si­dencia del BBVA su nuevo des­tino?

Jaime Caruana ya se ha despedido de sus responsabilidades en el Banco Internacional de Pagos, con sede en Basilea (Suiza), incluso con la prorroga ofrecida ya que su mandato finalizaba el pasado mes de marzo. A sus 65 años de edad, en la que cualquier otro buscaría un banco en un parque para reposar, no parece muy dispuesto a limitarse a echar migas de pan a las palomas.

Aunque sus últimas apariciones por tierras patrias no han sido muy agradables (con su comparecencia en la comisión parlamentaria sobre el rescate bancario), las pretensiones del exgobernador del Banco de España (2000-2006) pasan por quedarse en Madrid, tomarse un tiempo para pensar y ya tomará su decisión.

Su nombre ha sonado como un posible reemplazo en algunas bajas próximas en el Banco Central Europeo (BCE), como la que se producirá en mayo de 2018 con la salida de Vítor Constancio y así poder recuperar un representante español en los organismos comunitarios. Pero al mismo tiempo, la figura de Caruana también suena para solucionar otros vacíos.

Una preocupación del BCE y del propio Banco de España es que el presidente del BBVA, Francisco González (FG), no tiene definida una línea de sucesión para su retirada, como muy tarde, en 2019 al frente del segundo grupo bancario español. Eso sí, FG no cumplirá los 75 años fijados como edad máxima en los estatutos de su banco hasta octubre de dicho año.

"En absoluto", negaba a Capital Madrid, de manera tajante, el propio Jaime Caruana esa posibilidad en febrero de este año durante un acto para la presentación en Madrid del Anuario del Euro 2016 patrocinado por la Fundación ICO y la Fundación de Estudios Financieros.

Pieza clave

Tanto el consejero ejecutivo del BBVA, José Manuel González-Páramo (59 años), como el consejero delegado, Carlos Torres, parecen haber perdido casi todas las opciones para ser los sucesores de un FG que, a sus 73 años de edad, se ha convertido en el presidente de mayor edad en el sector bancario español.

Jaime Caruana, ya desde cargo de gobernador del Banco de España entre el 2000 y 2006, fue clave para frenar la ofensiva de la Sacyr de Luis Rivero para convertir su inversión accionarial en el BBVA en una plaza de poder en el consejo de administración que ya presidía en solitario el propio Francisco González.

Tras cierto distanciamiento con el Gobierno de Mariano Rajoy, y sobre todo con su ministro de Economía Luis de Guindos por su negativa a participar en la Sareb o 'banco malo', Francisco González se ve desde algunos mentideros políticos como un elemento algo más que incómodo.

La colocación de Jaime Caruana, en sus tiempos íntimo de Rodrigo Rato (otro personaje ya en decadencia tras su paso por Bankia), en el consejo de administración del BBVA supondría una alternativa político-financiera para despejar la ruta de sucesión en el grupo bancario español.

Los últimos cambios en el código del Banco de España, sobre todo en los referente a las limitaciones al ejercicio de actividades privadas con posterioridad a su cese, no afectarían a Jaime Caruana que dejó el organismo supervisor español hace más de una década, por lo que su entrada en un consejo de administración de un banco tan sólo se vería limitado por lo fijado por el propio BIS, según las fuentes consultadas.

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