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Europa y EEUU, pendientes de lo suyo pero también del ‘adéu’ empresarial a Cataluña

‘Ellos es­peran dejar de ser es­paño­les, no­so­tros es­pe­ramos re­cortar las listas de es­pera en los hos­pi­tales y tener me­jores es­cue­las’.

Sin título
Elecciones en Cataluña.

A menos de cuatro días del 21-D en Cataluña, una frase ade­lanta lo que se ave­cina de ver­dad: ‘Según sean los re­sul­tados de las elec­cio­nes, po­dría volver poco a poco la con­fianza em­pre­sa­rial, pero mu­chas com­pañías pro­ba­ble­mente man­ten­drán sus sedes fuera du­rante un fu­turo pre­vi­si­ble, por si aca­so’.

Esto es lo que hay, como analiza a fondo en dos artículos sobre Cataluña la revista The Economist en el número de este fin de semana. Incluso uno de ellos utiliza el catalán en el título: ‘Adéu a Cataluña: las empresas de la región votan y ponen sus pies en polvorosa contra la incertidumbre política’. Se refiere, cómo no, a la estampida de más de 3.000 empresas que han trasladado su sede a Madrid (la mitad de ellas), Valencia, Bilbao, Zaragoza o donde sea. Y 1.000 de ellas, también su fiscalidad.

Es la gran machada del separatismo con su fanático y enloquecido ‘procés’ que llevó al referéndum del 1-0 y sus consecuencias. Un referéndum que la prensa internacional por fin llama por su nombre estos días: Reuters: ‘Ilegal’. Bloomberg: ‘Ilegal’. Wall Street Journal en un editorial: ‘Parodia’. El propio The Economist: ‘Anticonstitucional’.

Le Monde ya ni califica el 1-O, harto de denunciar durante meses la unilateralidad, pero sí aborda la situación de la izquierda independentista, que ‘patina’ y se ha ‘columpiado’, entre otras cosas por tratar de darle la vuelta a la tortilla y considerar que la aplicación del 155 es un ‘golpe de Estado’. Hay que tenerla de cemento armado, y eso que se trata de Oriol Junqueras, un ‘ferviente católico’, como subraya Sandrine Morel en el diario francés, no se sabe si con sorna o escandalizada.

El hecho es que los separatistas nunca han tenido la mayoría, siempre han ignorado y ninguneado a la otra mitad de catalanes y además un 50% más un voto no vale en casos de secesión. Y la consecuencia es que ir por libre, apartarse del estado de Derecho y creer que con pronunciar muchas veces las palabras ‘democracia’, ‘votar’ y ‘urnas’ borra la comisión de un delito tiene su precio. A buenas horas en Francia, Italia, EEUU, Alemania, Reino Unido o cualquier otro país serio se iba a permitir el atraco de una banda de mesiánicos delirantes a tora una población catalana y española.

The Economist lo pone muy claro en el primer párrafo de uno de sus dos artículos: ‘Estamos habituados a lidiar con crisis políticas, pero no con la vulneración de la ley’, dice el director de una gran empresa de cemento de Barcelona sobre la crisis constitucional en Cataluña’. El resto del texto cuenta cómo está a punto de irse al traste una comunidad que ‘representa un quinto de del PIB de España y una cuarta parte de sus exportaciones pero que sólo tiene una sexta parte de la población’.

Entre otras cosas, cambiar de sede ‘no significa que las operaciones empresariales y las factorías abandonen Cataluña, pero en la práctica pude afectar al sitio donde están los empleados, especialmente los directivos’. Y así muchos más datos, como el del sector Seguros: ‘Cataluña era sede de varias de las más grandes empresas de seguros; cinco se han trasladado a Madrid, y una sexta, la subsidiaria del gigante francés AXA, dijo que se iba a Bilbao’.

O este otro: ‘Antes de la crisis, la región era sede de siete de las empresas del Ibex 35, y sólo queda una, la farmacéutica Grifols’. O un tercero: en el sector inmobiliario, ‘los ansiosos compradores extranjeros como ricos egipcios, chinos y turcos que antes compraban segundas casas observan y esperan’. O un cuarto: ‘Los despachos de abogados de Barcelona, normalmente atareados con el mercado inmobiliario, dicen que desde septiembre tienen poco trabajo’.

O un quinto, para no alargar lo que la propia revista llama ‘drama’ por dos veces: ‘Ninguno de los grandes bancos volverán, y como dice un ejecutivo de uno de los dos grandes bancos catalanes que vieron cómo se fugaron semanalmente miles de millones de euros de depósitos en el cénit de la crisis y que sólo se frenaron y sus castigadas acciones se estabilizaron cuando se fueron de Cataluña: ‘No hay ninguna razón para revocar la decisión, ni siquiera a medio plazo’.

En sus reportajes, The Economist pone por las nubes con una simple cita a Inés Arrimadas, la cabeza de lista de Ciudadanos, en un mitin en Cornellà de Llobregat. ‘Ellos esperan dejar de ser españoles, nosotros esperamos recortar las listas de espera en los hospitales y tener mejores escuelas’. Eso es lo que se ventila el 21-D.

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