ANÁLISIS

Iraq y Siria declaran su victoria sobre el Estado Islámico

El de­clive del Califato yiha­dista, po­sible opor­tu­nidad para al-­Qaida

Conferencia de Ginebra sobra paz en Siria
Conferencia de Ginebra sobra paz en Siria

En los dos úl­timos o tres días, dos es­tados de Oriente Medio, Siria e Iráq, han can­tado vic­toria sobre el Estado Islámico (EI), el mo­vi­miento sec­tario y te­rro­rista is­lá­mico que ocu­paba ex­tensas re­giones de sus res­pec­tivos te­rri­to­rios. La pri­mera con­se­cuencia pre­vi­si­ble, en el ám­bito de la geo­po­lí­tica, es que al-­Qaida, el mo­vi­miento te­rro­rista que de­rribó las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de sep­tiembre de 2001, tendrá la opor­tu­nidad de re­cu­perar la po­si­ción de ca­be­cera en el mo­vi­miento yiha­dista uni­ver­sal, que perdió de­bido a la es­pec­ta­cular ex­pan­sión del EI.

Podría ocurrir que un humillado EI y una nunca extinta al-Qaida, todavía muy activa, se acerquen para armonizar estrategias.

El EI, movimiento sucesor de al-Qaida, alcanzó la cima de su prestigio entre la masa de descontentos y fanáticos del mundo musulmán cuando el líder militar y religioso del grupo, Abu Bakr al-Bagdadí anunció en 2014 la creación del Daesh o Estado Islámico, con la pretensión de establecer un califato universal del Islam, cosa que a muchos millones de creyentes les pareció posible, deslumbrados por el hecho de que el movimiento hubiese conquistado la segunda ciudad más grande de Iraq, Mosul (2015).

Frente a este impresionante éxito, que a un tiempo humillaba al estado iraquí y daba por nulo el esfuerzo de diez años de los Estados Unidos para estabilizar Iraq, el Daesh reivindicaba la estrategia que seguía en Siria desde el principio de su guerra civil, en la que al tiempo que luchaba contra el gobierno de Damasco rivalizaba o combatía contra las otras fuerzas yihadistas que pretendían derribar al presidente al-Assad.

El pasado sábado día 9, el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, anunció la victoria de Iraq sobre el EI, declarando el día 10 Fiesta Nacional, celebrada con una parada militar. El presidente también anunció el total control de la frontera de Iraq con Siria, asegurada con la caída de la ciudad de Rawa.

Dos días antes, el mando militar ruso en Siria declaró terminada su misión en Siria, después de varios años de intervención directa en su guerra civil, llevada a cabo principalmente mediante ataques aéreos, suministro de armamento pesado al gobierno y ayuda financiera a sus vacías arcas.

El EI perdió en octubre pasado la ciudad siria de Raqqa, un importante enclave militar en la proximidad de la frontera con Iraq, y últimamente libraba una batalla agónica por mantenerse en la provincia de Idlib. La sola pérdida de territorio en Siria e Iraq no será motivo suficiente para que el EI se dé por vencido. Sus líderes son conscientes de que el sectarismo religioso en ambos países puede ser ocasión de que sus milicias o grupos terroristas se presenten de nuevo como protectores de las masas sunníes, sometidas a las mayorías del chiismo, protegido a su vez por poderosos enemigos como Irán.

Es más, el movimiento ha contado hasta ahora con una legión de colaboradores en Europa, que de tiempo en tiempo cometen atentados atroces, provocados por los mismos individuos que durante años han estado alimentando las filas del EI con el envío de millares de voluntarios a las guerras de Iraq y Siria.

El yihadismo terrorista está muy extendido en multitud de países de Oriente Medio y África: en Yemen (EI en competencia con al-Qaida), Egipto (Sinaí), Libia, Túnez, toda la región del Sahel, Somalia, Nigeria (Boko Haram), así como en países con poblaciones musulmanas del Extremo Oriente, incluida Filipinas. Recientemente, al-Qaida ha tomado posición contra el gobierno birmano, al erigirse en protector de la perseguida minoría rohingya. En Afganistán la hegemonía la detenta al-Qaida, debido a la antigua relación de su fundador con el gobierno talibán, derribado a partir de 2001 por los Estados Unidos y una coalición internacional, aunque aún conserva el control de vastas regiones.

Las derrotas del EI en Siria e Iraq posiblemente den a al-Qaida una nueva preeminencia en el movimiento yihadista universal. Con ese fin, el hijo de Ben Laden, Hamza Ben Laden, lleva sus campañas de proselitismo entre los musulmanes del mundo mediante la propaganda y la persuasión, al tiempo que respalda y ayuda a los ataques de al-Qaida contra Occidente y los países de la Península Arábiga.

En el décimosexto aniversario del 11-9, Hamza lanzó un mensaje radiofónico titulado “La causa de al-Sham es la causa del Islam” (Sham=Siria). Su mensaje, en unos momentos de retirada del EI, llamaba a los rebeldes “a no entristecerse, a no aceptar soluciones mediocres, no parar a medio camino hacia vuestro objetivo…; no malbaratéis vuestros tremendos sacrificios ni deis por terminada vuestra espléndida revolución”.

Las horas bajas del EI van a ser, probablemente, aprovechadas por Hamza. Un rasgo de su doctrina yihadista permite presumirlo. Mientras su padre Ben Laden desaconsejaba los ataques sectarios a las ramas no sunnitas del Islam, Hamza las favorece y estimula. Esto le acerca a un EI que se ha distinguido precisamente por eso: su odio a todo cuanto no sea la interpretación puritana del sunnísmo.

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