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El Trump al desnudo que lo explica todo: bebe 12 Coca-Colas al día y ve 4 horas la tele

Retrato en la in­ti­midad con todos los de­ta­lles sobre las ex­tra­va­gan­cias del per­so­naje que es pre­si­dente de EEUU y se lo quiere creer cada mi­nuto que pasa

Articulo NYT sobre Trump.
Articulo NYT sobre Trump.

¡Acabáramos! Así es y así está si así le pa­rece. Así se ex­plican al­gunas de sus de­ci­sio­nes, no todas porque eso es utó­pico. Así hay que en­ten­der, si es que eso es po­si­ble, a Donald Trump, a punto de cum­plir un año como pre­si­dente de EEUU. Resumen en una frase del re­trato con todo lujo de de­ta­lles que se ha di­fun­dido este do­mingo: más que fun­cionar como líder del mundo li­bre, su día a día sim­ple­mente es un cú­mulo de reac­ciones por ins­tinto de su­per­vi­ven­cia.

Este es más o menos el trasfondo de la personalidad de Trump que publica The New York Times en su principal titular de primera plana tras estudiar su ejecutoria desde que tomó posesión el 20 de enero pasado y con entrevistas con hasta 60 asesores, ayudantes y gentes cercanas al inquilino del Despacho Oval. El título del largo reportaje es muy apropiado pero sin hacer sangre: ‘El presidente vs la presidencia’.

Un poco más explicativo es el sumario: ‘Una batalla diaria en busca de modelar el cargo a su voluntad’. Y mucho más los dos primeros párrafos del reportaje. Primero: ‘El presidente Trump se despierta diariamente hacia las cinco y media de la madrugada y sintoniza la televisión en el dormitorio principal de la Casa Blanca. Pulsa la CNN para las noticias, va a Fox & Friends para sentirse a gusto y captar ideas para sus mensajes, y algunas veces mira el Morning Joe de MSNBC porque, según sospechan sus amigos, le pone a tono para el día’.

Segundo: ‘Con nuevas energías, enfurecido, o a menudo con mezcla de ambas, Trump agarra su iPhone. A veces tuitea apoyado sobre su almohada, según algunos ayudantes. Otras veces tuitea desde el vestíbulo contiguo mientras mira otra tele. Con menos frecuencia camina a lo largo del pasillo hasta la Treaty Room, unas veces ya vestido y otras todavía en pijama, donde comienza sus llamadas, oficiales o no’.

Es un reportaje fascinante, absorbente, deslumbrante y tan inquietante como se podría presuponer. Los periodistas del NYT abordan todos los aspectos que tienen estupefactos a muchos. Desde el meteórico cambio de actitud de una aparente jovialidad amistosa a un furioso exabrupto maleducado hasta su ‘errática’ relación con miembros del Congreso, tanto del Partido Demócrata como del Republicano, que es o debería ser el suyo.

Naturalmente, una aproximación al verdadero Trump no pasa por alto las numerosas voces de profesionales de la medicina, especialmente de la psiquiatría, que han llamado la atención sobre un aspecto que se podría traducir coloquialmente así: ¿está Trump en sus cabales? Los autores del reportaje del NYT, Maggie Haberman, Glenn Thrush y Peter Baker, no hurgan en esa herida más de lo necesario o de lo que podría tomarse como desconsideración.

Pero basta una frase: ‘Algunos políticos y expertos lamentan la inestabilidad, y aunque no tengan licenciaturas en Medicina, no tienen empacho en diagnosticar públicamente variados tipos de enfermedades mentales’.

El hallazgo más destacado del reportaje del NYT, que se esmera en el lenguaje a diferencia del mismo Trump en sus tuits y comentarios públicos y privados, confirma lo que muchos sospechan: que se siente acorralado por sus enemigos, que según él quieren deslegitimar su victoria electoral y su presidencia. Por eso está en guardia permanente, y ‘la munición para su guerra a través de Twitter es la televisión. En realidad, Twitter es su espada Excalibur con la que derrotar a los enemigos.

Ni siquiera tiene que escuchar lo que dice la tele. Le basta con las imágenes en una pantalla de 60 pulgadas y leer los rótulos para disparar sus tuits. Armado con el mando a distancia, ‘comparte sus pensamientos con cualquiera que esté en la habitación, incluso con los asistentes domésticos a los que llama al pulsar un botón para que le traigan la comida o una de las doce Coca-Colas Diet que consume cada día’. La Coca-Cola Diet en EEUU es equivalente a la Light, con más calorías que la Zero.

Hay muchos más datos en el periódico neoyorquino sobre la actividad diaria de Trump. Lo de las cuatro horas de tele es el mínimo: a veces son ocho. ¿Cuánto duerme? Menos: cinco o seis horas. Justo el tiempo para recargar las pilas y volver a desenvainar Excalibur para arremeter con ella nada más despertar.

Lo que no cuenta el NYT, aunque queda bastante claro, es si Trump piensa alguna vez en alguien que no sea él mismo. Bueno, hay algo que no cuenta el diario per sí reveló esta misma semana el famoso digital The Daily Beast. Una frase grabada de cuando Trump era personaje televisivo y llegó a la conclusión en su resort de golf de Mar-a-Lago en Florida de que ‘no hay nada mejor en el mundo que un coño de primera’.

Dentro de la epidemia de casos de acoso sexual en varios países últimamente, entre ellos Reino Unido y EEUU, y que están forzando dimisiones de prominentes políticos y del mundo del espectáculo, hay 16 casos de mujeres que han denunciado eso de Trump.

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