Los más de 2.000 em­pleos su­ponen el 33% con la in­te­gra­ción del Popular

Santander lanza su envite para ajustar los servicios centrales antes de Navidad

Los sin­di­catos ya ca­li­fican de ex­ce­siva la oferta ini­cial del ERE que se pre­tende ne­go­ciar

José Antonio Alvarez, CEO Santander.
José Antonio Alvarez, CEO Santander.

El Santander de Ana Botín ya ha puesto sobre el ta­pete de la ne­go­cia­ción con los sin­di­catos su ju­gada para el ajuste de los ser­vi­cios cen­trales por la in­te­gra­ción del Popular. Los más de 2.000 em­pleos fi­jados por parte de la di­rec­ción, casi un tercio de los em­pleados de los dos ban­cos, re­sulta ex­ce­sivo para los sin­di­ca­tos. Pero todo no ha hecho más que em­pezar y será dentro de una se­mana cuando se abra una ne­go­cia­ción que se pre­tende ce­rrar antes de fi­nales de año.

Segunda toma de contacto y la dirección del Santander ha planteado sus planes para reducir las duplicidades de los servicios centrales tanto del Popular como de Santander España. Es la primera medida que se propone para la integración del banco adjudicado el pasado mes de junio, ya que todavía queda el ajuste de las plantillas de redes cuando se produzca el encaje tecnológico.

La jugada inicial por parte del Santander es un ajuste de unos 2.000 empleados, lo que supone un 33% de la plantilla de los servicios centrales de ambas entidades, un alcance doble que ya adelantó el consejero delegado del banco cántabro, José Antonio Álvarez, durante la presentación de los resultados del tercer trimestre.

Los principales sindicatos ya han calificado como "excesiva" la oferta inicial de la dirección del Santander, pese a que también se oferta la recolocación de unos 575 trabajadores en algunas de las compañías del grupo y prejubilaciones a partir de los 58 años de edad.

Desde luego, quedan ya lejos los tiempos en los que los empleados de banca lograban prejubilaciones por debajo, incluso, de los 50 años. Los representantes sindicales confían en poder arrancar una horquilla mayor de los trabajadores que se puedan acoger a las prejubilaciones, así como un mayor número de recolocaciones.

El típico tira y afloja de cualquier negociación de este tipo no ha hecho nada más que plantearse, con un fuerte envite por parte de la dirección del Santander que prevé cerrar todo el proceso antes de finales de año. Las verdaderas negociaciones se iniciarán dentro de una semana, el 16 de noviembre.

A partir de ese momento es cuando se podrán evaluar las posiciones reales tanto de la dirección del Santander como de los sindicatos más representativos. Hasta el momento, ninguna de las partes se había pronunciado con cifras, aunque todos admitían desde que se produjo la adjudicación que tendría un coste laboral en los dos bancos.

Ajustes en redes

La dimensión de la plantilla en los servicios centrales de Santander y Popular es tan sólo el inicio de unas negociaciones que tendrán que abordar, durante 2018 y 2019, el ajuste que sea necesario acometer en las redes de oficinas, que en el caso del banco intervenido ya lucen los colores, el símbolo de la llama y la pertenencia al Grupo Santander.

En este sentido, tanto la presidenta Ana Botín como su consejero delegado, José Antonio Álvarez, ya han confirmado que la estrategia del grupo es la de una marca única, incluso sin el mantenimiento de Banco Pastor, la centenaria denominación con la que el Popular aún operaba en Galicia, el territorio de origen del banco presidido por José María Arias Mosquera.

Esta nueva vuelta de tuerca a las plantillas comerciales queda aparcada hasta que se haga efectiva la integración tecnológica de los dos bancos. El resultado de la negociación que ahora se inicia para el ajuste en servicios centrales será, en buena medida determinante, para lo que pueda ocurrir en las redes de ambas entidades, según indican en fuentes sindicales.

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