GEOPOLÍTICA

Golpe de Palacio contra las estructuras tradicionales saudíes

Caen mi­nis­tros, prín­cipes y hom­bres de ne­go­cios. Sube el prín­cipe he­re­dero

Mohammed Bin Salman
Mohammed Bin Salman

Si cabía al­guna duda sobre si el gi­gan­tesco pro­yecto tu­rís­ti­co-­tec­no­ló­gico del mar Rojo co­no­cido como NEOM (presentado no hace ni una quin­cena por el he­re­dero del trono saudí, prín­cipe Mohamed ben Salman) con­taría con la fi­nan­cia­ción pre­vista ($500.000 mi­llo­nes), el golpe de este do­mingo contra de­cenas de altas per­so­na­li­dades acu­sadas de co­rrup­ción puede pro­por­cionar parte de la res­puesta. Dado que mu­chos de esos prohom­bres guardan grandes for­tunas en el ex­tran­jero, una pre­vi­sible con­se­cuencia de su de­ten­ción y pro­ce­sa­miento será la re­pa­tria­ción de esos ca­pi­ta­les, so pena de fa­tales con­se­cuen­cias.

Los mercados tuvieron una reacción inmediata caracterizada por la baja de los valores saudíes, pero en el curso del domingo se fueron recuperando.

Pocos dudan de que el rey ben Salman dio su consentimiento, pues fue él quien promovió el pasado junio a su hijo Mohamed, de la posición de heredero segundo del trono a la posición de primero (desplazando a su primo el príncipe Ben Nayef, ministro de Interior), en un claro apoyo a las medidas reformistas prometidas por el joven príncipe, de 32 años, que ya detentaba la cartera de Defensa, desde la cual dirige la intervención de Arabia Saudí en la guerra civil de Yemen. En una operación entre la madrugada y la mañana del sábado de junio, fueron detenidos once príncipes, el ministro jefe de la guardia nacional, el de Economía y Planificación, así como exministros y multitud de otros cargos y hombres de negocios.

También fueron nombrados por el rey nuevos ministros de Economía (Mohamed al-Tuwaijri) y Guardia Nacional (Jaled ben Ayaf). Además, al príncipe ben Salman le encomendó la organización de un tribunal especial contra la corrupción.

El decreto real justifica los arrestos en “la explotación que algunos hicieron de los espíritus débiles, que antepusieron sus intereses al interés público con el fin de incrementar ilícitamente sus fortunas”. El decreto añade que “la patria no puede sobrevivir a menos que la corrupción sea erradicada y los corruptos respondan por sus actos”.

El príncipe Salman encabeza las fuerzas reformadoras del país, y tiene puesta su visión estratégica en el apoyo de una juventud a la que ya no le están llegando los beneficios de un estado rico y providente que aseguraba el bienestar a la generación de sus padres. El drástico descenso de los precios del petróleo, iniciado hace dos años, ha puesto en dificultades el futuro del fondo soberano del que el gobierno iba tirando para asegurar el consenso de la población.

Parte de ese plan fue el proyecto de privatizar $200.000 millones del fondo soberano generado por la compañía nacionalizada del petróleo, Aramco. Según estiman algunos, el gestor de ese plan, no otro que al-Tuwaijri, el nuevo ministro de Economía, no pudo completarlo debido a la falta de voluntad política y de las competencias profesionales necesarias para llevarla a cabo.

Araba Saudí se halla en un momento delicado desde el punto de vista geopolítico. Metida casi como agente beligerante en una guerra en Yemen a la que no logra dar fin, una de sus estructuras fundamentales para su seguridad exterior, el Consejo de Países del Golfo, se halla en crisis. En líneas generales, el Consejo se halla dividido por la hostilidad diplomática dirigida contra el emirato de Qatar por Bahrein, Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

La motivación aparente de esa hostilidad es el acercamiento diplomático de Qatar a Irán, lo que suscita acusaciones de que Doha coopera con los planes de Teherán de apoyar a las poblaciones de confesión chiita que habitan entre aquellos cuatro países. Otras acusaciones incluyen el apoyo de Qatar a los movimientos yihadistas que operan en numerosos países árabes, así como el papel que la TV al-Jazeera (supuestamente financiada por Doha) contra los otros socios del Consejo del Golfo. Kuwait no se ha unido a este frente anti-Qatar, y los Estados Unidos, con intereses y activos militares en algunos de los países del Consejo, ha tratado de mantenerse al margen. Es previsible que estas noticias sean heraldo de profundos cambios geopolíticos, sociales y políticos en la región del Golfo en particular y en el mundo árabe en general.

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