POLÍTICA NACIONAL

CATALUÑA

21-D: cada uno en su casa y Dios en la de todos

Puigdemont se rinde a la evi­den­cia: nadie quiere ir en coa­li­ción con él y su par­tido

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Elecciones catalanas.

El ex­pre­si­dente Puigdemont y su par­tido irán en so­li­tario a las elec­ciones del 21 de di­ciem­bre. Éstas son las ra­zo­nes. Dos con­fe­siones prác­ti­ca­mente si­mul­tá­neas de por­ta­voces del in­de­pen­den­tismo ca­talán re­co­no­cieron en las úl­timas vein­ti­cuatro horas la im­pre­pa­ra­ción de esas fuerzas po­lí­ticas para asumir las con­se­cuen­cias de la de­cla­ra­ción uni­la­teral de in­de­pen­dencia vo­tada en el ‘parlament’ el pa­sado 27 de oc­tu­bre, contra el pa­recer de las fuerzas de la opo­si­ción, lo que pro­vocó la in­ter­ven­ción del go­bierno cen­tral y la apli­ca­ción del art. 155 de la cons­ti­tu­ción, que sus­pende el au­to­go­bierno de Cataluña.

A la vista de esos tardíos reconocimientos, parece evidente que los independentistas pecaron de exceso de confianza en una estrategia basada en golpes de “astucia”, como aconsejaba Artur Mas, como método de engañar al estado y llegar a la independencia de Cataluña sin que el gobierno de Madrid apenas se diese cuenta.

La primera de esas ‘confesiones’ fue la de Clara Ponsatí, ex ‘consellera’ de Educación del depuesto gobierno: “El Govern no estaba suficientemente preparado para aplicar la independencia”, declaraba Ponsatí a Rac 1.

La segunda declaración fue de la CUP, la formación de extrema izquierda que aseguró en septiembre del 2015 la mayoría parlamentaria del ‘govern’ de Junts pel Si. En su asamblea nacional de este domingo, la CUP, además de decidir que la formación participará en las elecciones autonómicas del 21 de diciembre, el partido reconoce en su documento principal que el ‘govern’ que ellos apoyaban no estaba preparado para un escenario de ‘unilateralidad pura’. Y no lo estaba, aclara, porque hasta el último momento las fuerzas independentistas confiaban en que el estado presentaría una oferta de negociación.

Esos dos reconocimientos reflejan lo inconscientes que esas fuerzas eran respecto de lo que estimaban como ‘remota posibilidad’ de que el estado reaccionara, con sus armas legales, a un desafío independentista ejecutado sin el mínimo respeto por las garantías que protegen la imparcialidad de los procedimientos democráticos en toda Europa.

Ignorar la vigencia de esas garantías es lo que llevó al ex presidente del ‘govern’, Carles Puigdemont, a refugiarse en Bélgica, después de la aplicación del art. 155. Allí esperaba construir una barrera legal contra su persecución por el gobierno español, confiado en que su resistencia sería vista en Europa como respuesta a un reflejo franquista de una España irreformable; y ello sin caer en la cuenta de cuánto valoran los gobiernos europeos el respeto a las formalidades legales como instrumento de control democrático de cualquier poder ejecutivo.

Puigdemont luchaba desde su refugio en Bélgica por repetir la coalición independentista que le elevó a la presidencia del ‘govern’. Ahora, sin embargo, contempla cómo las principales formaciones políticas afrontan las elecciones autonómicas cada una por separado, ignorando su oferta de formar una coalición electoral, que le permitiera ponerse al frente de una segunda fase del ‘procés’, que él (esta vez sí; estaba seguro) llevaría a su consumación.

El pasado sábado, el consejo nacional de Esquerra Republicana acordó presentarse a las elecciones del 21-D por separado, aunque no excluyó la formación de un “frente republicano” con las otras fuerzas independentistas.

Esta decisión de ERC ha dejado al PDCat y a Puigdemont sin alternativa a tener que formar su candidatura en solitario. La decisión fue tomada este domingo a última hora de la tarde, y obedeció a la menos heroica de las motivaciones: poder gozar de los recursos y subvenciones que aún están disponibles del viejo partido Convergencia Democrática de Catalunya, que se subsumió en el actual PDECat.

Puede ser que Puigdemont corrigiera su oposición a que el partido concurriese sin socio electoral debido a la presencia en Bruselas de Artur Mas y Marta Pascal, la secretaria general del partido, quienes le habrían explicado que las otras fuerzas independentistas preferían emprender el camino por su cuenta, y que era forzoso que el PDCAt concurriese en solitario.

Otras componentes del sistema político soberanista catalán se hallan igualmente conmocionados por la aplicación del art. 155. La coalición gobernante en el ayuntamiento de Barcelona, formada por Barcelona en Comú y el partido socialista de Cataluña (PSC) se rompió este domingo, cuando un 54,8% de los militantes de aquella formación votaron suspender el pacto de gobierno municipal con la formación liderada por Miquel Iceta, quien se había alineado con las posiciones del PSOE, de apoyar la aplicación del art. 155.

Los resultados de lanzarse a una estrategia confrontacionista, de forma improvisada y sin prever su resolución final, contra un estado de derecho en plena forma, han quedado a la vista de todos, dentro de Cataluña, de España y, lo que es peor para los independentistas, a la vista de los gobiernos e instituciones de Europa. Contra las que, por cierto, Puigdemont ha lanzado en los últimos días las más despechadas críticas.

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