UN BANCO EN EL RETIRO

El proyecto fiscal de Trump se entiende que estimulará la economía hasta el 3-4%

Los ex­pertos re­cu­rren a la vieja "curva de Laffer" para jus­ti­ficar la re­forma nor­te­ame­ri­cana

Donald Trump
Donald Trump

Arthur Laffer, el eco­no­mista de la oferta y su fa­mosa curva pin­tada en una ser­vi­lleta de pa­pel, viene pos­tu­lando que los im­puestos al re­cortar la renta dis­po­nible de los con­su­mi­dores re­ducen el em­pleo y los be­ne­fi­cios em­pre­sa­ria­les. En de­fi­ni­tiva, menos im­pues­tos, más cre­ci­miento.

Laffer recuerda que en el año 2000, último de la era Clinton, el impuesto de sociedades en EEUU era de un 35%, inferior al de otros países de la OCDE. En la actualidad esa situación se ha invertido.

De este modo la propuesta de Trump de rebajar los impuestos junto a una mayor desregulación de la actividad económica se convertirá en un incentivo poderoso para conseguir tasas de crecimiento del PIB del 3-4% frente al 1,6% de la era Obama. Laffer olvida el legado republicano y la crisis financiera.

El mensaje de Laffer encuentra eco, sorpresa, en el líder de la izquierda radical francesa JL Mèlenchon, que ha presentado el 2 de noviembre un presupuesto alternativo proponiendo una rebaja del impuesto de sociedades al 25% y aceptando un déficit presupuestario equivalente al 4,8% del PIB.

En EEUU el déficit estimado a raíz de las nuevas propuestas republicanas se incrementaría, según Laurent Summer, ex secretario del Tesoro, hasta 1,5 billones (trillions anglosajones) de dólares. La deuda nacional estadounidense de 21 billones de dólares es de 2,3 veces superior a la de Japón y representa el 108% del PIB de los EEUU, porcentaje superior al de los grandes países europeos con la excepción de Italia. Summer advierte que la deuda pública estadounidense avanza por un camino explosivo, máxime ante la determinación de aumentar los gastos de defensa e infraestructura.

Paul Krugman no cree que el proyecto de ley tributaria que aumenta el déficit merezca la aprobación del Senado. Uno de los puntos más llamativos de la nueva propuesta de ley, es la rebaja hasta el 20% del impuesto de sociedades. Los principales beneficiarios, dicen los críticos, van a ser las empresas oligopolistas.

Mayores dividendos para unos accionistas que quizás no se lo merecen. Han atesorado más que han invertido. Trump afirma que esos mayores beneficios generarán mayores salarios. Algo irrisible comenta el Financial Times: “los salarios solo suben cuando no hay otro remedio para atraer mano de obra escasa”.

Como compensación de esas rebajas se aplicará un tipo fijo del 12% a los beneficios que han atesorado las multinacionales en paraísos fiscales. Esta penalización serviría para compensar otras deducciones fiscales.

Quienes no van a beneficiarse de la rebaja en el impuesto de sociedades es la pequeña industria cuya estructural fiscal en régimen de transparencia (pass through entities) computa los beneficios empresariales como ingresos individuales. Paul Ryan el portavoz republicano en el congreso, afirma que el nuevo esquema presupuestario va a favorecer a las clases medias y bajas al aumentar el número de contribuyentes que no están obligados a declarar en el impuesto sobre la renta para personas físicas. Así mismo se subirán las exenciones fiscales por hijos.

Estas dos hábiles maniobras pretenden compensar políticamente la menor recaudación que se obtendrá en la tributación en las rentas más elevadas. En efecto, el tipo máximo impositivo del 39,6% aplicable a las rentas anuales superiores a 470.700 actual, se aplicará, según la nueva ley, sólo a partir de rentas anuales iguales o superiores al millón de dólares. El impuesto sobre la herencia de los multimillonarios también desaparecerá (¿familia Trump?).

Finalmente la nueva ley incide en el carácter nacionalista-proteccionista de la nueva administración. Se propone una tasa del 20% a las operaciones transfronterizas, es decir, una carga para las cadenas de suministro que tanto están contribuyendo a modernizar la industria estadounidense.

Un reflejo proteccionista tan manifiesto como cuando Trump en su visita a Japón, ha reclamado a la industria automovilística japonesa que en lugar de exportar tantos vehículos a EEUU los produzca en el interior de dicho país. Trump debía desconocer cómo le recordaron los fabricantes japoneses, que tres cuartas partes de los automóviles japoneses vendidos en los EEUU se fabrican precisamente en territorio norteamericano.

Artículos relacionados