UN BANCO EN EL RETIRO

Cataluña: la fuga de empresas como rebelión contra el despotismo

La eco­nomía es por lo menos una ad­ver­tencia ante cual­quier abuso del poder

Fuga de capitales en
Fuga de empresas.

Albert. O. Hirschman, eco­no­mista del desa­rro­llo, he­te­ro­doxo a su ma­nera, es­cribe en “Exit, voice, lo­yalty”: "la dis­ci­plina de la eco­nomía se volvió cada vez más es­trecha pre­ci­sa­mente en el mo­mento en que los pro­blemas exigían ata­ques más am­plios, más po­lí­ticos y so­cia­les". Nunca con­si­guió el Premio Nobel, que sí se otorgó re­pe­ti­da­mente a los eco­no­mistas fi­nan­cie­ros.

Hirschman subraya que “en el siglo XVIII, cuando se celebraba el apogeo del comercio y la industria, era menos por el bienestar material conseguido que por las fuertes restricciones que imponían al soberano. La economía se convertía en el instrumento más eficaz jamás inventado para embridar los caprichos del despotismo”.

Aquellos ciudadanos eran más libres; dispondrían de la posibilidad de expresar su deserción (exit) o tomar la palabra (voice) o confirmar su lealtad con orden establecido (loyalty). Muchos conciudadanos de Cataluña no se han pronunciado por la deserción pero sí quieren hacer uso de la palabra. Otros, quienes han permanecido en silencio no yendo a votar, han confirmado su lealtad con la actual situación de convivencia, pero sin renunciar, como se ha visto en las encuestas, a elevar la voz como ciudadanos.

La economía, fuga de empresas desde Cataluña a otros puntos del país, es por lo menos una advertencia ante cualquier abuso de un eventual despotismo. La democracia es respeto a la ley y al derecho de las minorías. La economía tampoco lo resuelve todo. Ha sido impotente ante la burbuja financiera- inmobiliaria, ante la depresión empresarial y el incremento del paro. Corrupción y desigualdad por resolver.

Circunstancias todas ellas que conducen a “recurrir a los instrumentos laboriosos de la política”. La frase es de Milton Friedman, premio Nobel y sólido e inteligente pilar intelectual del neoliberalismo. En efecto, el mercado no lo resuelve todo. Tampoco la ley de hierro de la legalidad. Nuestro brillantes Abogados del Estado olvidan, como también los ortodoxos Economistas del Estado, el uso del laborioso instrumental de la política.

“Hoy vivimos el fracaso de dos políticas: la del rupturismo del independentismo catalán y del inmovilismo de quienes gobiernan”, dice Pedro Sánchez, secretario general del PSOE. “El nacionalismo catalán es de la misma especie que el nacionalismo del Brexit”, añade Paul de Grauwe en Social Europe.

Los dos nacionalismos están basados en una serie de mitos: el enemigo exterior, primero, la existencia de una sola voz (la independentista en Cataluña y la patriótica en el Reino Unido), las otras voces son o de súbditos o de antipatriotas. El tercer mito corresponde a la fantasía de una venidera prosperidad económica.

El anuncio-amenaza del presidente Trump sobre unos derechos arancelarios para el acero importado en los EEUU ha provocado un incremento espectacular de las importaciones. Desconcierto en la Administración republicana y entre los fabricantes estadounidenses.

El contencioso entre las multinacionales y los Estados acerca de la imposición de los beneficios societarios, exige, como solución, el establecimiento de un impuesto unificado tanto en la UE como en los EEUU. Un único impuesto impediría a las multinacionales practicar el continuo chantaje de las deslocalizaciones. El nacionalismo resultaría el mejor caldo de cultivo.

El nacionalismo, concluye P. de Grauwe, en su empeño por la soberanía formal consigue menos soberanía real para sus gentes, pero su voz, sin embargo, está ahí, resuena, perturba y obliga a acudir al laborioso instrumental de la política.

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