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El mundo empieza a escuchar a la ‘mayoría silenciosa’ catalana no independentista

Ellen Barry, del NYT y Premio Pulitzer: ‘Los ca­ta­lanes que no vo­taron (más de la mi­tad) se pre­gun­tan: ‘¿Y ahora qué’?

Mientras el pre­si­dent Puigdemont echaba en cara al Rey ig­norar ‘deliberadamente a mi­llones de ca­ta­la­nes’, con toda la ídem con la que él y su Govern llevan años des­pre­ciando olím­pi­ca­mente a los otros ca­ta­la­nes, que son más, el mundo ya ha em­pe­zado a co­rregir el re­lato. Ha tar­dado, pero ya se ha des­ta­pado el su­fri­miento de la ma­yoría si­len­ciosa que no co­mulga con las ruedas de mo­lino del pen­sa­miento único de la in­de­pen­dencia sí o sí.

Hasta ahora sólo se había difundido una parte de la historia, como si Cataluña fuera de los independentistas. Pero ya van surgiendo observadores genuinamente imparciales, estos sí y no pagados por la Generalitat. Son periodistas extranjeros que se han zafado de la agobiante presión propagandística.

En las últimas horas, al menos cuatro de ellos han divulgado cómo hay dos verdades mucho más auténtica que la propaganda victimista de los separatistas. Primera verdad: las víctimas de verdad son los catalanes no independentistas. Segunda verdad: los catalane no independentistas siempre han sido y son más que los separatistas.

Uno es ellos es Charles Penty, jefe de la delegación de la agencia Bloomberg en España. El título de su crónica lo dice a las claras: ‘Lo secesionistas no pueden hablar en nombre de todos los catalanes en su choque con España’. Desde la primera línea subraya ‘la naturaleza ilegal’ del referéndum del domingo pasado. Y cita a una académica de la universidad de Aston en Reino Unido, Caroline Gray, para poner en duda las cifras de participación votos del Sí. Son más que cuestionables.

Cécile Thibadu, corresponsal de Les Echos, el diario financiero francés de referencia, destaca en especial el significado de que hasta el porcentaje de participación ofrecido sólo sea del 42%: ‘un mayoría silenciosa de catalanes asiste, muda e inquieta, a la deriva de la región’. Esa mayoría silenciosa ‘había rehusado participar en una votación considerada como fraudulenta’.

Un tercer periodista publica este jueves su crónica en primera página de Financial Times. A una columna, pero en primera. Título: ‘La mayoría silenciosa de Cataluña subestimada por lo separatistas’. La firma Tobias Buck, quien recientemente dejó su puesto en Madrid y fue destinado a Berlín pero que ha regresado en apoyo del nuevo corresponsal, Michael Stothard, todavía bisoño en el fragor de la batalla catalana.

Con sus varios años de experiencia española, Buck conoce bien el percal. Su percepción de los acontecimientos de estos días: ‘Muchos catalanes miran con dudas la precipitada carrera hacia la independencia’. Su análisis: ‘En medio del drama político de estos días, es fácil pasar por alto que una clara mayoría de catalanes no apoyaron la secesión de España’. Los números: si 2,02 millones votaron Sí, representan sólo el 40% del censo, y hay 3,5 millones que ‘no están a favor de la independencia’, en palabras de Miquel Iceta que cita Buck.

Sigue la crónica con una pregunta de cajón, también de Iceta: ‘¿Por qué tratan de imponer la independencia a una mayoría que no la quiere?’. La respuesta, esta vez del corresponsal con su experiencia, tiene su raíz en la ‘mayoría silenciosa, un grupo dividido entre sí en todo menos en su rechazo a la secesión’. Una mayoría que ‘incluye a izquierdistas radicales que aborrecen el nacionalismo catalán tanto como el español; líderes empresariales preocupados por la estabilidad de la economía catalana; y un gran grupo de gentes que sencillamente se sienten españoles, no catalanes, o que están cómodos con ambas identidades’.

FT cita también a la escritora Lola Mayenco, que hace hincapié según Buck en que ‘los problemas reales que afrontan Cataluña y España tienen que ver con escuelas, economía y con un montón de otra cuestiones, no con la creación de nuevas fronteras’. Es ‘una guerra en la que no queremos combatir’, dice ella. Y termina: ‘Comprendo que haya gente encariñada profundamente con esta tierra, pero nos interesa más la gente que vive en esta tierra’.

Ellen Barry, ahora corresponsal de The New York Times en Nueva Delhi, es otra veterana que estuvo de niña en Moscú y luego volvió como jefa de la delegación del periódico en Rusia. Allí consiguió en 2011 el Premio Pulitzer de periodismo, junto con otros colegas del NYT, por una serie de reportajes de investigación sobre la corrupción en el sistema judicial de la Rusia de Putin.

Ahora lleva unos días en España, en Cataluña. Refuerza al corresponsal Raphael Minder por si no da abasto con tantos acontecimientos. Con el olfato periodístico y sus dotes de observación, Barry está escribiendo sobre la gente, sobre lo que ve y escucha. Su última crónica se titula precisamente en su versión de internet: ‘Los catalanes que no votaron (más de la mitad) se preguntan: ‘¿Y ahora qué’?.

En la versión española, un ratón se ha comido el paréntesis y ha desaparecido que la mayoría no es independentista. En el periódico de papel, el título vuelve a ser meridiano: ‘Más de la mitad de la región no votó y pregunta ‘¿qué pasa ahora?’.

Lejos la versión sectaria que se quiere difundir desde el Govern, ella resume la experiencia: ‘Una marea de emociones ha inundado Cataluña los últimos días entre los que exigen la separación de España y los que se oponen a ella’. Y con toda una serie de datos y testimonios, sopesa lo que dicen unos y otros y las posibilidades y perspectivas de futuro de una independencia.

Pero en el fondo, esas emociones se reducen a dos, defendidas cada una más o meno por la mitad de la población, según Barry, que de todas formas señala que las últimas encuestas no daban mayoría separatista. Emoción de los secesionistas plasmada en un cántico: ‘No somos españoles’. Y emoción de los no independentistas coreada al grito de ‘Yo soy español, español, español’.

Ya sólo falta que la prensa internacional dé el paso definitivo para explicar las últimas décadas de la historia de Cataluña, con la asfixiante presión ambiental y la vergonzosa educación de odio. Algo ha salido estos días sobre la manipulación de fotos durante las cargas policiales el domingo y sobre el acoso a no independentistas. Pero los escraches a policías y guardias civiles de estos días, el uso infame de niños y la opresión de la turba todavía están esperando más corresponsales y enviados especiales que no se queden en lo superficial.

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