GEOPOLÍTICA

Otra novedad espectacular del príncipe heredero Ben-Salman

Después del per­miso de con­ducir para las mu­je­res, una in­ver­sión de $500.000 mi­llones en el Mar Rojo

Arabia Saudí
Arabia Saudí

El prín­cipe he­re­dero de Arabia Saudí, Mohammed be­n-­Sal­man, no para de de­pa­rarnos sor­pre­sas. La pe­núl­tima fue el anun­cio, hace pocas se­ma­nas, de que en el país cuyo trono va a he­redar (se su­pone que a no mucho tar­dar), se le­van­taba la prohi­bi­ción de que las mu­jeres via­jaran en coche sin la com­pañía de un va­rón. El mundo se quedó bo­quia­bierto, pen­sando que por fin lle­gaba al país guar­dián de los Santos Lugares del Islam un rasgo de la vida mo­derna, común en el resto del mundo.

Este martes la agencia al-Arabiya anunció al mundo un futuro milagro del Mar Rojo, que se producirá gracias a la inversión de $500.000 millones en un centro de desarrollo multipropósito en la zona de confluencia territorial de tres países, Egipto, Arabia Saudí y Jordania, a un tiro de piedra del canal de Suez, una de las vías de tránsito marítimo más importantes del globo (10% del tráfico marítimo mundial), sobre un espacio territorial de más de 26.500 km. cuadrados, 468 km. de costa sobre playas y aguas vírgenes, y al pie de una cordillera de nombre Tabuk, que gracias a sus 2.500 m. de altitud recoge nieves en una de las zonas más tórridas del mundo.

Sobre un desierto inclemente se construirá un conjunto de proyectos urbanos, turísticos y científicos, que ya ha recibido el nombre de NEOM, y que se presenta como la plantilla o modelo de la futura sociedad saudí. La zona ya ha adquirido algunas infraestructuras turísticas, con una inversión de $15.000 millones, y se incorporará desde el minuto uno a la civilización digital pues en NEOM no se usará el papel para comunicarse.

Las ideas de modernización ya bullían en la cabeza de ben-Salman cuando todavía era príncipe heredero suplente. En una entrevista por TV, en 25 de abril de 2016, ben-Salman presentó al mundo el Plan Nacional de Transformación conocido como Visión 2030, con la advertencia implícita de que el reino dejaría de basar su futuro sobre la explotación de los hidrocarburos y sí sobre la industrialización, la tecnología y la educación, un plan que, según esperaba, ejercería un fuerte atractivo sobre la juventud del país, a la que el gobierno ya no podría asegurar por mucho tiempo un bienestar basado en los subsidios y el gasto público, y con la vista puesta en un ahorro creciente para el tesoro, que llegaría a los $30.000 millones anuales en 2020.

Muestra de la largueza del régimen hacia sus súbditos fueron los gastos de $30.000 millones para celebrar la ascensión al trono, en 2015, del actual rey ben-Salman.

Parte esencial de esa transformación fue el anuncio de que la empresa nacional Arabian Oil Co. (Aramco) se iría privatizando por fases, con un tramo inicial del 5% de sus acciones, con el propósito de formar una reserva o fondo estatal comparable con el Norwegian Oil Fund, de dos billones de dólares.

A primera vista parece que el proyecto se abrirá paso mediante la construcción de nuevos desarrollos turísticos, capaces de atraer visitantes en menos de ocho horas de vuelo, desde áreas del mundo en las que vive el 70% de la humanidad.

A esta avanzadilla se irán añadiendo desarrollos en las áreas de energía, agua, movilidad, biotecnología, alimentación, ciencias digitales y tecnológicas, manufacturas avanzadas, medios y entretenimiento, con una previsión de inversiones abiertas a los grandes fondos.

Ciertas sospechas de que las cosas están cambiando más rápidamente que lo que se percibe a primera vista son los rumores de que ha habido un acercamiento diplomático entre el reino y el estado de Israel, incluyendo un viaje del propio príncipe heredero a Tel Aviv, aunque para favorecer un acuerdo de paz entre el estado judío y la Autoridad Palestina.

En la misma línea de novedades diplomáticas está la reciente visita del ministro de Petróleo, Jalid al-Falí a Iraq, poniendo fin a 25 años de relaciones turbulentas entre Riad y Bagdad. Tema próximo en la agenda diplomática del príncipe puede estar la reparación de las dañadas relaciones con el pequeño y vecino Qatar, así como la necesidad de poner fin negociado a la guerra civil del Yemen.

Sobre tanto compromiso con el desarrollo y los asuntos materiales, sin embargo, brilla lo que parece propósito del futuro rey, anunciado este miércoles, quien desea que Arabia Saudí abrace “un Islam moderado”, y “erradicar desde ya mismo las raíces del extremismo”. Una promesa que, de cumplirse, tendría un alcance inmensamente mayor en toda la región de Oriente Medio que el fabuloso proyecto del Mar Rojo.

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