MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Soraya salva in extremis a Cebrián y Ana a los Polanco

La banca tiene ya un com­prador po­ten­cial de Santillana por 2.000 mi­llones

Los Polanco
Cebrián y Polanco.

El con­sejo fue un mero trá­mite. Cuando se reunió este viernes ya es­taba todo atado y bien atado, Lo había de­ci­dido el día an­te­rior el Gobierno, a través de la vi­ce­pre­si­denta Soraya Sáenz de Santamaría. "Decidid lo que que­ráis pero a Cebrián no me lo to­quéis", dijo en la tarde del viernes la "mala" de Mariano Rajoy. Y, en­ton­ces, la banca, ac­cio­nistas y acree­dores de Prisa, hi­cieron lo que les vino en gana y con­ve­nía, con el con­sen­ti­miento de Pallete, de Telefónica, que teme como al diablo que se le cuele el me­xi­cano Carlos Slim en la ju­gada.

La verdad es que Javier Monzón era una mera comparsa. Se lo había inventado el florentino Juan Luis Cebrián, el del "Después de mí, el diluvio". Era su forma de perpetuarse y a Monzón lo había intimado en Indra en una extraña operación de servicio de asistencia tecnológica, aún no cerrado. Tienen secretos comunes con casi todos pero Monzón no gusta a casi nadie, salvo al emérito, aunque algunos consideren que lo es injustamente. No mandaría aunque se suponía mal que dejara hacer. Se fue empujado.

Consciente "el joven Maura" de que su margen de tiempo y de maniobra se agotará muy pronto (faltan algunos meses para los vencimientos de una deuda que ha reducido a poco más de 1.500 millones), pero con el fondo Amber (19% de la empresa de medios y primer accionista, con los Polancos, 17,5%) en su contra visceral y exigiendo que cumpla su compromiso de irse en el 2017, el candidato Monzón fue colado a algunos de los socios (dicen que al Santander y a Telefónica, aunque eso es mucho suponer y rigurosamente falso), su nombre se filtró a la prensa favorable, asumiendo también que la haya.

Fue su perdición. La suya y la de Juan Luis. La rebelión fue total pero el desenlace aplazado. La fiesta del 12 de octubre sirvió para poner las cosas en su sitio. Con el nuevo Cebrián en Palacio, Soraya le tranquilizó pero le dijo la verdad. "No tragan a Monzón; te van a crucificar en el consejo y tendrás que ceder". Janli replegó velas, consciente de que aun tiene unos meses de plazo. Lo de la banca y el consejo no es personal, salvo en el caso de Amber, y habrá tiempo para reconducir la situación, debió pensar

La banca accionista (HSBC, Santander y CaixaBank, en esencia) tiene un problema pero también la solución. La deuda puede pagarse pero no con la fórmula que había propuesto el primer director de El País, que era vender Santillana al mejor precio y que los accionistas se cobren lo que les corresponda de lo suyo. Pero los 1.200 ofertados por el comprador de Juan Luis por la editorial no llegaban y habría que realizar una ampliación, con la banca y los Polancos aportando los millones que faltaban.

Pero sucede que la banca, y la Telefónica de Pallete, tienen otras ideas, algunas contrapuestas, sin hablar del fondo de sede libanesa, muy cabreado porque no hace caja. Santillana vale un mínimo de 2.000 millones, da tesorería y su venta a ese precio es la única manera de cobrar. Se pueden poner otros 500 millones (serán 450 millones) para seguir tirando hasta que llega el salvador, que ya parecen tenerlo para cuando sea necesario, el 2018, que dejará a una Prisa de medios con un futuro incierto pero más cómodo, si no se prescinde de la Ser.

Pero los accionistas insistieron, quien más quien menos. Juan Luis se tiene que ir o pasar por el aro. Y Juan Luis, con Felipe González a su rescate, recurrió a Soraya, a la que sirve desde hace tiempo, mitad intereses propios y mutuos, mitad operación de Estado. Soraya terció el viernes, un poco liberada del 12 de octubre y del 155. "Haced lo que queráis con el dinero, que es vuestro, y a mi me dejáis a Janli. Y de paso me quitáis a ese Monzón, del que me han dicho cosas feas". Muy injustamente, al parecer.

Resuelta la cosa de las pelas (con Ana Botín financiando a los Polancos), queda pendiente el futuro del histórico grupo de medios de comunicación, que navega a la deriva desde hace tiempo. Juan Luis no hace ni una cosa ni otra, o no sabe. Ni endereza la deriva catastrófica y delirante y el rumbo profesional y periodístico del diario, ni da soluciones financieras a los acuciantes problemas. Siempre ha pensado que la banca está para poner dinero y así sigue. Pero a los accionistas los ha arruinado, pequeños y grandes, y los Polanco están que trinan.

Urge poner orden en esa deriva, o derivas. La económica está encauzada. La otra pendiente de Cataluña.

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