DESDE EL PARQUET

Colonial, algo más que miedo escénico

El sector in­mo­bi­lia­rio, pese a la con­tra­riedad de al­gunos ex­per­tos, por Cataluña, sigue te­niendo un peso re­le­vante en el mo­delo pro­duc­tivo es­pañol.

De hecho, los inversores tanto nacionales como internacionales siguen viendo a nuestro país como un mercado de gran potencial. Esta es una de las conclusiones de un estudio realizado por la consultora inmobiliaria CBRE.

Según los datos obtenidos, la inversión del sector en España alcanzó los 10.300 millones de euros entre enero y septiembre, lo que supone un incremento del 58% frente a igual período del pasado ejercicio.

Con esta cifra en la mano, la perspectiva es de cerrar el año por encima de los 13.000 millones de euros. Niveles de récord, por encima de los números contabilizados en los dos ejercicios anteriores. Todo ello, a pesar de que el volumen e inversión entre julio y septiembre se ha moderado ligeramente respecto a la extraordinaria fortaleza reflejada en el primer trimestre.

La consultora afirma que estos datos son muy positivos y confirma el apetito de los inversores por el sector inmobiliario español. CBRE destaca además las altas cotas de la demanda y el pipeline de operaciones. Todo ello apunta a que la actividad mantendrá su fortaleza al final del ejercicio. Un dinamismo que se ha visto confirmado por las últimas cifras del INE de agosto en el mercado residencial, con un crecimiento del 5,9% en las transacciones.

Eso explica el elevado interés de los operadores por los valores del sector en el mercado español con una rentabilidad global acumulada en el año del 11%, ligeramente por debajo de la banca y en línea con el sector tecnológico.

Uno de las compañías más destacadas del sector durante los últimos meses a la hora de recoger estos avances había sido Inmobiliaria Colonial. Una compañía alabada por su excelente gestión y su solidez financiera. El desafío catalán, sin embargo, ha obligado a los operadores a poner en cuarentena al valor.

Ni siquiera la decisión de cambiar su sede ha logrado amortiguar la caída que viene experimentando desde el pasado mes de septiembre, cuando llegó a alcanzar máximos absolutos en 8,6 euros al calor de la recuperación del sector.

A partir de esos máximos, la compañía se ha visto presionada a la baja ante los posibles perjuicios derivados de una hipotética independencia catalana. Al respecto, Moody's ya advirtió recientemente de que la "tensión política" podría generar una posible devaluación del valor de la cartera de oficinas de la inmobiliaria en Barcelona y, por tanto, afectar a su actual calificación crediticia.

El principal riesgo es que la inestabilidad política afecte negativamente a los ingresos por alquileres, las tasas de ocupación de los activos y las valoraciones del mercado patrimonialista de España en general, y de Barcelona en particular. Esta situación amenaza, incluso tras el traslado de sede, con provocar tensiones en el endeudamiento de la compañía, pues esta se mide comparándola con el valor de su cartera total de activos.

Pese al duro ajuste sufrido desde mediados de septiembre, la compañía mantiene todavía una ganancia anual del 20%. De hecho, desde su actual precio de mercado, el grupo ofrece un potencial adicional de más del 10% según la valoración objetiva del consenso del mercado, fijado sobre los 8,6 euros por acción.

A expensas de ver cómo le afecta el desarrollo de los acontecimientos y del miedo escénico que eso supone, los expertos afirman que el valor mantiene intacta la tendencia alcista principal, sustentada en un alto volumen de negocio, en una volatilidad positiva y en una actividad de negocio en pleno auge.

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