Monitor de Latinoamérica

El año pa­sado sólo el motor tu­rís­tico dio oxí­geno a la eco­nomía cu­bana

Cuba, entre la recesión y la ‘amenaza Trump’

Raúl Castro pre­tende im­pulsar la in­ver­sión ex­tran­jera en la Isla en 2017

Cubanos haciendo cola
Cubanos haciendo cola

Con una es­pada de Damocles sobre el pro­ceso de aper­tura La Habana-Washington por la lle­gada a de Trump y bajo la ame­naza de una eco­nomía en re­ce­sión por pri­mera vez en 23 años, el Gobierno cu­bano in­tenta re­do­blar sus es­fuerzos de cap­ta­ción de in­ver­sión ex­te­rior para en­de­rezar la si­tua­ción. Cuba ce­rrará 2016, el año en que fa­lleció el líder his­tó­rico de la re­vo­lu­ción, Fidel Castro, con un de­clive del PIB del 0,9%.

Todo ello motivado por un descenso exportador y las dificultades de sus socios comerciales, en especial por la crisis que arrastra Venezuela. El año pasado, el único aspecto positivo de la economía fue el boom turístico facilitado por el deshielo Washington-La Habana.

Cuando se cumplen algo más de dos años de la apertura La Habana-Washington, impulsada por Obama, pintan bastos en el panorama económico de la Isla. La economía se debilita y ha sorprendido incluso a la Cepal, que pronosticaba un avance del 0,4% este año y del 0,9% para 2017. Días atrás, el Gobierno cubano indicó que el PIB decreció el 0,9% el año pasado, si bien se mostró más optimista para 2017 que el organismo de la ONU: el ministro de Economía, Ricardo Cabrisas, dijo prever un avance del 2% para este año.

Para Cabrisas, la recesión hunde sus raíces en la “tensa situación con la disponibilidad de divisas, el incumplimiento del ingreso en el plan por exportaciones y fuertes limitaciones en el suministro de combustibles que no podrá revertirse en el corto plazo”, además de la “inmovilidad en la aplicación del bloqueo contra Cuba por EEUU”.

Asimismo, y en medio del declive global de los precios de las materias primas, Cuba afronta una caída en su venta de níquel, productos refinados del crudo y azúcar, y un descenso en los ingresos por servicios médicos, al mismo tiempo que crece un déficit fiscal que se estima ya en el 6,8% del PIB.

La economía, aunque ha atravesado años de dificultades no había retrocedido desde comienzos de los 90, cuando afrontó una grave crisis con la caída de la URSS y la pérdida del apoyo y subsidios soviéticos. Entonces, la Isla anotó derrumbes del PIB del 15% y se hundió en una dura década que obligó a instaurar el Período Especial en Tiempos de Paz.

En el desfondamiento en 2016 ha pesado la grave situación de Venezuela, que ha obligado a Caracas a reducir los envíos de petróleo subsidiado a la Isla en un 40%. Brasil, también en crisis, ha disminuido su flujo comercial y el programa bilateral con Cuba “Mais médicos”.

Único aspecto positivo, y fruto del acercamiento a EEUU, Cuba registró en 2016 un número récord de visitantes internacionales, cuatro millones, un 13% más que en 2015, y la mayoría procedentes de Europa y EEUU, lo que ratifica que el turismo puede convertirse en uno de los grandes motores futuros de la Isla. A este aumento se sumó el de las remesas del exterior.

En este contexto negativo, el líder cubano, Raúl Castro, incidió de nuevo a finales del año pasado en la importancia de impulsar la llegada de inversión extranjera y llamó a una mayor austeridad. No obstante admitir el bajón económico, el presidente destacó que Cuba logró preservar los servicios gratuitos para la población y cumplió sus compromisos de pago de la deuda externa renegociada con el Club de París, si bien incumplió pagos a proveedores.

Cuba precisa “dinamizar la inversión extranjera, que progresa a ritmo aún insuficiente” y con “frecuentes y excesivas dilaciones en el proceso negociador”, indicó Castro, quien pidió “superar la mentalidad obsoleta y llena de prejuicios contra el capital foráneo y despojarse de falsos temores. No vamos ni iremos al capitalismo, pero no debemos poner trabas a lo que podemos hacer en el marco de las leyes vigentes”.

Asimismo, hizo hincapié en que el abastecimiento energético ha sido siempre el talón de Aquiles y pidió primar la entrada de capital foráneo en el estratégico sector energético para avanzar en el cambio de la matriz.

Pese al deshielo diplomático con EEUU iniciado en 2014, sobre Cuba sigue pesando el embargo de Washington, que no fue levantado durante la Administración Obama y cuyo fin se antoja ahora imposible con Trump en la Presidencia y una mayoría republicana en el Congreso. A este embargo Castro atribuyó en su intervención no sólo daños económicos sino la imposibilidad de “llevar a cabo potenciales negocios”.

La recesión y las dificultades de los grandes socios de Cuba, Brasil y Venezuela, apremia a la Isla a introducir más reformas, especialmente en el ámbito de la inversión, un capítulo en el que las compañías españolas se hallan bien posicionadas por su presencia en la Isla en los años más duros del bloqueo. Cuba no sólo ofrece oportunidades en turismo, sector en el que las empresas españolas están muy presentes, sino también en biotecnología, medicamentos, agroalimentario, infraestructuras, telecos, transporte y energía.

Para impulsar la llegada de capital foráneo, Cuba creó en 2013 la Zona Especial de Desarrollo de Mariel y se dotó en 2014 de una nueva Ley de Inversión Extranjera, que incluye abundantes incentivos fiscales, entre ellos la exención del pago del Impuesto de Utilidades (Sociedades) por ocho años a las empresas mixtas y a las partes en contratos de colaboración económica internacional.

Sin embargo, ni las reformas introducidas por Raúl Castro en 2006, entre ellas la figura de los trabajadores por cuenta propia, ni las nuevas leyes para atraer capital parecen estar dando los frutos previstos en un país que mantiene aún fuertes restricciones al sector privado y que según La Habana, precisa una inversión extranjera de 2.300 millones de euros al año para sostener su desarrollo.

Por otro lado, 2016, el año de la histórica visita de Obama a La Habana, se cerró con la postergación de varias iniciativas clave, entre ellas, la aprobación de los nuevos lineamientos para la actualización del modelo económico y social y el plan de desarrollo hasta 2030, dos documentos marco para el modelo económico que Cuba adoptará en el futuro.

Cuba ha iniciado el año 2017 con la celebración de los 58 años del triunfo de la revolución, el primer aniversario en el que no ha estado Fidel Castro, fallecido el 25 de noviembre a los 90 años y cuyo nombre ha sido “blindado”. La Asamblea Nacional decretó la prohibición de usar su nombre en calles, parques y monumentos para “evitar toda manifestación de culto a la personalidad”, como pidió el desaparecido jefe de Estado.

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