Rafael Domínguez de Gor realiza con el 3,8% de CAF su mayor apuesta bursátil

Las participaciones del dueño de Mayoral en Bolsa superan los 100 millones

También cuenta con paquetes significativos en Adolfo Domínguez, Rovi, Renta 4, Azkoyen y Miquel i Costas

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Ni la gran crisis económica mundial ni el desembarco de los empresarios textiles chinos en España. Nada se ha interpuesto en la estrategia de Rafael Dóminguez de Gor, el dueño de Mayoral. El malagueño casi octogenario que con el permiso de Amancio Ortega es el otro gran visionario de la moda española maneja hoy un grupo que mueve más de 250 millones de euros y que emplea a más de 1.000 personas en 70 países.

Mayoral es, sobre todo, un in­can­sable ge­ne­rador de caja. Un ex­ce­dente que Domínguez de Gor ha tras­la­dado a la bolsa, donde con la es­tra­tegia de la ta­cita a ta­cita ha cons­truido una de las car­teras de va­lores más po­tentes de em­presas del mer­cado con­ti­nuo. Una co­lec­ción de clá­sicos con mu­chos años de vida en el parqué a la que acaba de poner la guinda (al menos por el mo­mento) con la compra del 3,8% del fa­bri­cante de trenes CAF.

No sólo es la par­ti­ci­pa­ción más va­liosa del dueño de Mayoral; tam­bién es la que le per­mite su­perar el listón de los 100 mi­llones de euros en Bolsa (sin contar las sicav Wilmington y Patton) y con­ver­tirse en uno de los in­ver­sores par­ti­cu­lares de re­fe­rencia del mer­cado es­pañol junto a otros ilus­tres como José Ignacio Comenge que na­vegan como peces en el agua entre las em­presas de baja y me­diana ca­pi­ta­li­za­ción.

Además de CAF (una de las grandes his­to­rias de éxito de la bolsa es­paño­la), Domínguez de Gor tiene par­ti­ci­pa­ciones entre el 4% y el 5,5% en va­rias em­presas a través de su brazo ar­mado en los mer­ca­dos, Indumentaria Pueri. Se re­parten en com­pañías tan va­rio­pintas como la pa­pe­lera Miquel i Costas, el banco y ‘broker’ Renta 4, el grupo in­dus­trial Azkoyen, los la­bo­ra­to­rios far­ma­céu­ticos Rovi o una em­presa tan cer­cana como Adolfo Domínguez, donde con­trola un 5,5% del ca­pi­tal. Una car­tera que a pre­cios de mer­cado al­canza los 120 mi­llones de eu­ros.

Una cifra al al­cance de muy pocos que con­vierte a este an­daluz dis­creto a la que vez que audaz en uno de los hom­bres fuertes del mer­cado con­ti­nuo, con una for­tuna global de al­re­dedor de 400 mi­llones de euros que no le ha hecho perder el ca­rácter de in­versor si­len­cioso, casi in­vi­si­ble. Su pre­sencia en el ca­pital de las em­presas ya es si­nó­nimo de pres­ti­gio, porque sus par­ti­ci­pa­ciones son a medio y largo plazo, sin ca­rácter es­pe­cu­la­tivo.

A pe­queña es­cala, Rafael Domínguez de Gor es uno de los in­ver­sores ca­paces de mover mer­cado cuando ponen el ojo en una em­presa. Fuentes bur­sá­tiles ase­guran que sus ne­go­cios van viento en popa y que la in­ver­sión en CAF no será la úl­tima del em­pre­sa­rio, un amante de la renta va­riable y del tenis que está cul­mi­nando su as­cen­sión al olimpo del mer­cado de va­lo­res.

Lo está ha­ciendo pel­daño a pel­daño, como du­rante 50 años ha cons­truido un gi­gante em­pre­sa­rial pio­nero en la apuesta por la in­ter­na­cio­na­li­za­ción y que no dudó en plantar cara al gi­gante chino en su propio te­rreno para con­vertir la ropa (especialmente la des­ti­nada al pú­blico in­fan­til) en un ne­gocio muy ren­ta­ble, en su caso a prueba de bom­bas. Ahora la bolsa es el otro gran campo de ba­ta­lla.

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