La com­pañía me­dioam­biental po­dría ter­minar ven­dida por partes

Abengoa no levanta cabeza y todavía le quedan muchas piedras en el camino

El ex­pre­si­dente de la com­pañía, Felipe Benjumea, y el ex­con­se­jero de­le­gado, Manuel Sánchez Ortega, po­drían ir a pri­sión

Abengoa
Abengoa

Los nu­ba­rrones no se di­sipan en re­la­ción a Abengoa. A pesar de haber re­ci­bido el visto bueno de la junta de ac­cio­nistas para llevar a cabo el plan de re­es­truc­tu­ra­ción puede tener aún más desafíos en el fu­turo. Además, los pro­blemas del pa­sado no se di­sipan con la pe­ti­ción del Fiscal de la Audiencia Nacional de cinco años de cárcel para Felipe Benjumea, su ex­pre­si­dente y cuatro años y tres meses para Manuel Sánchez, ex­con­se­jero de­le­jado, por sus fi­ni­quitos mi­llo­na­rios.

La compañía andaluza sigue dando que hablar, sea por hechos que tienen relación con prácticas del pasado o por la incertidumbre que aún genera la implementación del plan de reestructuración del grupo. Un plan aprobado el 8 de noviembre del pasado año por el 84% de la junta de accionistas, que implicó una quita del 97% sobre su deuda y una nueva estructura accionarial.

Sobre el primer punto, los dos exgestores de la firma especializada en energía y medio ambiente podrían terminar en la cárcel por presunta administración desleal después de cobrar indemnizaciones millonarias al abandonar la empresa, tal y como informa el escrito de acusación, que solicita apertura de juicio oral. Y es que Benjumea recibió una indemnización millonaria de 11,48 millones de euros al cesar sus actividades, mientas que Sánchez Ortega siguió sus pasos al llevarse 4,48 millones de euros en su salida.

Fuentes del sector sostienen que el equipo gestor cuando se vio abrumado por los números del grupo tomó la decisión de emprender una “huida hacia adelante que trataba de evitar que les estallase una posible liquidación de la empresa”. Por eso, los exdirigentes tomaron la decisión de pactar unas indemnizaciones excelsas “que han rozado la legalidad si no la han traspasado”, explican estas mismas fuentes.

Y esas dudas son las que mantiene también el Fiscal al solicitar esas penas de prisión para los que fueran los principales líderes de Abengoa, y que también se extienden a Antonio Forniels, expresidente, además de a las consejeras Mercedes Gracia y Alicia Velarde.

Pero más allá de estas causas penales, a Abengoa también le queda mucho por demostrar en los meses que están por venir. Fundamentalmente sobre aspectos relacionados con su negocio y su generación de caja. Entre otras cosas, porque en su balance hasta ahora solo se han reflejado pérdidas en el pasado año. Y bastante cuantiosas. Las últimas, 5.413 millones de euros en el periodo comprendido entre enero y septiembre de 2016.

Sin embargo, con el nuevo plan de viabilidad, la compañía estima que podría tener un impacto positivo en la cuenta de resultados y en el patrimonio consolidado de la compañía de entre 6.000 y 6.500 millones de euros. El importe, asegura la empresa, dependería de una serie de factores entre los que se encuentra el plan de adhesiones al contrato de reestructuración por parte de los acreedores, que finalizó el 24 de enero del presente ejercicio.

Posible desfragmentación

Una vez que a corto plazo ha logrado salvar los muebles, la viabilidad de Abengoa a largo plazo sigue estando en entredicho. Sobre todo en el entorno del inversor. Fuentes del mercado consultadas por Capitalmadrid aseguran que a la compañía le puede terminar sucediendo “como a otros grandes grupos tras una reestructuración, como fue el caso de Prisa”. Esto es, que la empresa podría acabar desguazada por divisiones y vendida por partes.

En este sentido, estas mismas fuentes sostienen que vale mucho más una Nueva Abengoa, desfragmentada, “que toda junta”, por lo que previsiblemente una salida que podría tener en el futuro para garantizar un modelo de negocio sostenible en el tiempo sería “vender varias unidades de negocio a aquellos demandantes que pujen”.

Los fantasmas del pasado

Asimismo, lo que el mundo de la inversión no quiere es que se repitan las malas prácticas corporativas de estos años atrás y que llevó a la compañía a tener un ratio de apalancamiento de entre cinco y seis veces su Ebitda. Una praxis que en declaraciones de Sara Carbonell, relationship manager de CMC Markets, demuestra que “la gestión de los libros a través de un equilibrio constante es fundamental para llevar un desarrollo exitoso”. Principalmente porque el endeudamiento de una compañía no es negativo, “aunque sí que lo es que el flujo de caja no acompañe a los números”, como en el caso de Abengoa.

También, que pueda volver a suceder, de cara a los nuevos inversores que han entrado en el capital reflotado del grupo, el terremoto que vivieron sus acciones en los mercados. Para ser más exactos, los títulos de Abengoa, sobre niveles actuales, se desploman hasta más de casi un 99% de los máximos históricos que marcó durante el “rally” que finalizó el 20 de julio de 2007. Desde la aprobación en la junta del nuevo plan, el valor cede ya cerca del 20%.

Según valora José Lizán, gestor de Sicavs en Auriga, “las acciones antiguas no valen absolutamente nada”, por lo que solo podrían salir ganando en el futuro “los nuevos accionistas”. Siempre y cuando “se produzca una ampliación de capital para convertir la deuda en liquidez”. Solo queda esperar a que el tiempo ponga a Abengoa en su sitio.

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