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Mejora su legislación para atraer capital exterior hacia infraestructura y energía

El Salvador, una laguna empresarial para los inversores foráneos

Barceló ha sido la última empresa española en anunciar inversiones en el país

El Salvador
El Salvador

Las empresas españolas han aumentado su presencia en los mercados centroamericanos en los últimos años, especialmente en Panamá, Costa Rica, Guatemala y Nicaragua. Sin embargo, uno de los mayores incrementos inversores se ha producido en El Salvador, país tradicionalmente olvidado y en el que España mantuvo en 2015 el puesto como cuarto mayor inversor (tras EEUU, Panamá y México) que alcanzara en 2013, con un alza de la IED del 36%. Muestra del mayor interés, Barceló anuncia su regreso al país.

En los úl­timos cuatro años, la IED de España en El Salvador, una de las más bajas en Latam, no ha de­jado de cre­cer, al pasar de 280 mi­llones de dó­lares en 2012 a 400 mi­llones en 2013, a algo más de 542 mi­llones en 2014 y a casi 843 mi­llones en 2015.

Aunque en los úl­timos tiempos la in­ver­sión se ha fo­ca­li­zado en ener­gía, a ini­cios de 2016 el anuncio por la ca­dena Barceló de la compra de uno de los prin­ci­pales ho­teles de San Salvador (16 plantas y 205 ha­bi­ta­cio­nes) ha abierto la puerta a una mayor pre­sencia en tu­rismo, rubro que el go­bierno del pre­si­dente Salvador Sánchez Cerén quiere po­ten­ciar.

Con todo, El Salvador es a día de hoy uno de los mer­cados de Latam con menor pre­sencia es­pañola: menos de 40 fir­mas, la ma­yoría de in­fra­es­truc­tura y ser­vi­cios: Acciona, Abantia, Dragados-ACS, FCC, Indra, Telefónica, Atento, Santander, Mapfre, Adolfo Domínguez, Mango, Calvo, Iberia... Las prin­ci­pales opor­tu­ni­dades se cen­tran en ener­gía, es­pe­cial­mente re­no­va­ble, sector en el que tra­bajan va­rias firmas es­paño­las; en el in­ci­piente sector tu­rís­tico (en 2015 re­pre­sentó con 5.237 mi­llones y un alza del 5% el 20,4% del PIB) y los sec­tores agroa­li­men­ta­rio, textil e in­fra­es­truc­tura de trans­porte y agua.

Hoy, El Salvador ha visto mo­de­rado su cre­ci­miento (el menor de Centroamérica): se prevé que el PIB pro­grese el 2,3%-2,5% en 2016 y el 2,6% en 2017, tras el 2,4% de 2015. El menor avance se debe prin­ci­pal­mente al de­te­rioro de una in­ver­sión ex­te­rior que nunca fue abun­dante, lo que ha lle­vado al Gobierno a mo­di­ficar las leyes in­ver­so­ras, re­formar la Ley de Zonas Francas, ace­lerar las nor­ma­tivas de co­la­bo­ra­ción pú­bli­co-­pri­vada, me­jorar el clima de ne­go­cios y do­tarse en 2014 de la Ley de Estabilidad Jurídica para Inversiones.

De he­cho, El Salvador fue uno de los úl­timos de la su­bre­gión en tra­mitar la Ley de Participación Público-Privada, clave para la in­ver­sión y norma que venía siendo re­cla­mada por la pa­tronal para crear un clima que atra­jera ca­pital a in­fra­es­truc­turas y ener­gía, donde hay un grave dé­fi­cit. El marco para im­pulsar la cap­ta­ción y pro­tec­ción de in­ver­sión no viene de­fi­nido sólo por la Ley de Inversiones (que prevé re­pa­tria­ción de ca­pi­tales y di­vi­den­dos): el país se ha do­tado de una Ley de Servicios Internacionales y de otra de Incentivos Fiscales para Fomento de Energías Renovables en Generación Eléctrica.

Además, el Gobierno ha di­señado planes de pro­mo­ción e in­cen­tivos para atraer in­ver­sión a sec­tores como el tu­rismo. A fines de 2015, El Salvador pre­sentó su “Plan de Eventos de Promoción Comercial y Atracción de Inversiones 2016”, a través de una alianza pú­bli­co-­pri­vada y el vi­gente Plan Quinquenal 2014-19 fija el sector tu­rís­tico como prio­ri­ta­rio. San Salvador ha di­señado ta­bién una nueva Ley General de Turismo que con­templa in­cen­tivos fis­cales como la exo­ne­ra­ción por 10 años del Impuesto sobre la Renta. Y este año se ha lan­zado el pro­grama El Salvador, un des­tino en­can­ta­dor, que se pro­lo­gará hasta 2019.

Y es que la pér­dida de atrac­tivo in­versor y de com­pe­ti­ti­vidad preo­cupa a la Administración Sánchez Cerén, del iz­quier­dista FMLN, que en 2014 de­rrotó a la de­re­chista ARENA, má­xime cuando el país quiere com­petir como centro lo­gís­tico con ve­cinos que tienen o pla­nean co­rre­dores in­ter­oceá­ni­cos. La pa­tronal pide me­didas de li­be­ra­li­za­ción y mayor apoyo a la in­dus­tria en un país en el que las re­mesas de emi­grantes son clave para la eco­no­mía: su­ponen el 16% del PIB. En 2015, el sector más di­ná­mico fue la in­dus­tria de ma­nu­fac­tura y El Salvador fue el se­gundo en Latam con mayor cre­ci­miento ex­por­ta­dor.

Últimamenter se han con­cre­tado más pro­yectos de in­ver­sión. La Ley de Concesión del Puerto de La Unión abrió la puerta a li­citar esa rada, pero su ad­ju­di­ca­ción fue de­cla­rada de­sierta a mitad de 2015. La am­plia­ción del Aeropuerto de Comalapa ofrece otra opor­tu­ni­dad, así como la re­no­va­ción del sis­tema fe­rro­viario y la red vial. Las te­lecos emergen como mer­cado clave en un país que re­cibe su mayor vo­lumen de ca­pital ex­tran­jero en call cen­ters. Según el Gobierno, en 2015 la in­ver­sión pri­vada fue de 1.229 mi­llones y la IED sumó 1.060 mi­llo­nes. La Cepal re­duce la IED en 2015 a 429 mi­llones (+38%).

Para 2016, El Salvador se ha fi­jado como meta des­tinar 750 mi­llones de dó­lares a in­ver­sión pú­blica, fo­ca­li­zada en pro­yectos como la am­plia­ción del Aeropuerto Monseñor Arnulfo Romero; un ferry que co­necte desde Puerto de La Unión con Nicaragua y Costa Rica; dos hos­pi­tales y la me­jora de la red vial, así como el im­pulso al Puerto de La Unión. En 2016 se prevé, asi­mismo eje­cutar 28,3 mi­llones de euros del pro­grama Fomilenio II, un plan de ayuda al desa­rrollo por el que EEUU dona a El Salvador 261 mi­llones en cinco años.

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