Guardiola, el con­se­jero de­le­gado del Sabadell, des­carta mo­vi­mientos en un plazo de dos años

Los bancos, intolerantes ante una nueva ronda de fusiones

La ma­yoría coin­cide en que la me­jora de la ren­ta­bi­lidad no se logra por esa vía

Jaime Guardiola, Banco Sabadell
Jaime Guardiola, Banco Sabadell

Con re­es­truc­tu­ra­ción o sin ella, los bancos es­pañoles se mues­tran alér­gicos a una nueva ronda de in­te­gra­cio­nes. La in­sis­tencia de los su­per­vi­so­res, tanto el Banco de España como el Banco Central Europeo, se muestra inútil ante la po­si­ción de la ma­yoría de los ban­que­ros. La sol­vencia del sector pa­rece ya más que de­mos­trada y la me­jora de la ren­ta­bi­lidad no pasa por ese tipo de ope­ra­cio­nes. El con­se­jero de­le­gado del Sabadell, Jaime Guardiola, reitera su ar­gu­mento de que las nuevas fu­siones serán a medio plazo y bajo con­si­de­ra­ciones em­pre­sa­ria­les.

Banco Popular encara su macroampliación de capital de 2.500 millones con un cierto reconocimiento del mercado en las últimas sesiones, con el objetivo de mantenerse independiente y no presa de otras entidades. Bankinter enfila su aventura en Portugal que le permite una diversificación geográfica a su medida y no para estar englobado entre los pequeños condenados a ser comprados.

Banco Sabadell ya puso un pie hace un año en el Reino Unido con la compra de TSB, lo que ha mejorado algunas de sus ratios.

Precisamente, su consejero delegado, Jaime Guardiola, ha vuelto a recuperar su mantra de que las nuevas fusiones no serán tan inmediatas como algunos pronostican o recetan, como es el caso de los supervisores, y que en todo caso se verán en unos dos años y bajo unas premisas muy distintas a las que han pesado en los últimos años.

No es la primera vez que Guardiola mantiene esta tesis, ya que descarta desde hace tiempo que las nuevas fusiones tengan la urgencia o necesidad de las acometidas en los años más duros de los crisis vivida. En su opinión, cualquier concentración de bancos españoles en estos momentos no aporta valor alguno a los accionistas.

Esa misma tesis se mantiene por los responsables del Banco Popular, inmersos en su enorme ejercicio de ampliación de capital como una manera de evitar ser víctima de una adquisición. Su presidente, Ángel Ron, como el consejero delegado, Francisco Gómez, defienden desde hace tiempo la actitud compradora de su banco.

Entre los grandes, la presidenta del Santander, Ana Botín, se ha mostrado de perfil ante posibles operaciones de compra en el mercado doméstico. Incluso, el presidente de Caixabank, Isidro Fainé, defiende en los últimos tiempos que hay sitio para todos los bancos existentes tras la profunda reestructuración vivida en los últimos tiempos.

Tal vez, el único más proclive a nuevos movimientos sea el presidente del BBVA, Francisco González, que envuelto en su bandera de la revolución digital de la banca deja en apenas unos bancos como sobrevivientes, no sólo en España sino en todo el mundo. Y claro, su grupo como el mejor preparado ante los nuevos retos.

La fe de los pequeños

Desde hace tiempo se habla del grupo de 'los siete enanitos", en el que se incluye a los bancos surgidos de la fusión de las antiguas cajas de ahorros, al margen de las dos grandes: Caixabank y Bankia, la entidad nacionalizada y cuyo futuro se cuestiona por motivos políticos en el escenario que surja de las nueva elecciones generales. Algunas formaciones política, como Podemos, abogan por la banca pública.

Algunas de esas entidades se muestran algo más que contrarias a procesos de concentración que supongan su eliminación. Recientemente, el consejo delegado de Ibercaja, Víctor Iglesias, se mostraba como un ferviente creyente en "la biodiversidad bancaria en España" y esgrimía los 140 años de historia de la tradicional caja aragonesa para revindicar su papel activo en el sistema bancario español.

Estas posiciones en contra de una nueva ronda de fusiones se justifica por los bajos tipos de interés y la mínima rentabilidad que muestran la mayoría de las entidades. Por el momento, los bancos se muestran firmes en mantener su propia hoja de ruta y no precipitarse en operaciones que aún pueden complicar, aún más, la compleja situación que viven en medio de la actual coyuntura.

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