ANÁLISIS

Europa y el 26J

Reino Unido pone en pe­ligro el pro­yecto de cons­truc­ción eu­ro­pea, ero­sio­nado por los ex­tre­mismos po­lí­ticos

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Podemos, en la gloria.

El tem­poral na­cio­na­lista ha roto al fin sobre los cielos de Europa. No es otro el sen­tido del voto ma­yo­ri­tario bri­tá­nico, en su ma­yoría in­glés, de aban­donar la Unión Europea. Un na­cio­na­lismo bi­cé­falo como el pa­sado jueves de­mos­traba el pro­fesor Torreblanca en un ar­tículo en el diario EL PAIS en el que pedía al lector que adi­vi­nara quienes po­dían ser los au­tores de tres pá­rrafos an­ti­eu­ro­peos de muy si­milar con­te­nido. La res­puesta: Falange es­pañola, Frente Nacional francés y Podemos.

La idea de la construcción europea en la que han trabajado, al menos, dos generaciones está en peligro y con ella un modelo de sociedad sin parangón fuera de Europa. La globalización, la financiarización de la economía facilitada por una revolución científico/técnica y el desarrollo de los sistemas informáticos, el paso a una economía de servicios con una destrucción de los mercados laborales tradicionales, la presión inmigratoria sobre las fronteras de Europa, contemplada por el resto del mundo como un balneario, todo ello erosiona las bases del Estado del Bienestar, seña de identidad, junto a la libertad, la democracia y la tolerancia, del modelo europeo.

Los Estados europeos se enfrentan a unos años decisivos en los que se decidirá el futuro no sólo de esta generación sino de las siguientes. Ante la crisis, política además de económica, los sectores más nacionalistas –con diversos gorros y disfraces- gritan el ¡sálvese quien pueda! y los que abominan del sistema de libre mercado esperan prosperar en sus ruinas.

España tiene todos los problemas de sus socios europeos y algunos añadidos y que están a la vista de todos. En esta larga campaña electoral de más de seis meses con unas elecciones fallidas, los partidos han pulsado todos los resortes emocionales y sentimentales habituales sin abordar, como es costumbre, el contexto internacional en que estamos inmersos. El ombliguismo español, con diversos acentos y varios idiomas oficiales, tal vez se despierte hoy a falta de pocas horas para volver a votar.

Da un poco de fatiga, como se dice en el sur, recordar la urgente necesidad que tiene el país de un Gobierno estable, de amplia mayoría, que ofrezca en las negociaciones que se avecinan en Europa una posición sólidamente respaldada por una mayoría social. El fraccionamiento de España sólo beneficia a quienes quieren destruir el modelo construido en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Un gobierno débil, sujeto a mayorías parlamentarias oscilantes, sólo agravará los problemas que ya se dibujan en el horizonte.

En la orilla sur y oriental del Mediterráneo, el bajo vientre de Europa, hay guerra. Una guerra compleja, oscura y sangrienta que va cumpliendo años sin visos de que acabe. No es un tema menor para el futuro, y menos para España dada nuestra situación geográfica. Esperemos que el domingo la sociedad española vote por la defensa de un modelo europeo que con todas sus carencias, contradicciones y defectos, nos ha traído hasta aquí, una sociedad que puede mejorar pero también regresar a los años de la memoria histórica.

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