ANÁLISIS

Movimientos hacia las bases de partida

La par­ti­ci­pa­ción será de­ci­siva en la re­pe­ti­ción de la cita elec­toral del 26J

Rajoy y Sánchez cortejan a Rivera
Rajoy, Sánchez, Rivera, sin Iglesias.

Salvo sor­presas de úl­tima hora, una par­ti­ci­pa­ción muy baja o muy alta por ejem­plo, todo pa­rece dis­puesto para una en­ra­re­cida ne­go­cia­ción para la for­ma­ción de Gobierno a partir del pró­ximo día 27. La par­ti­ci­pa­ción alta o baja suele tener efectos di­rectos en el re­sul­tado y, por tanto, hacer fra­casar es­tre­pi­to­sa­mente la imagen elec­toral que arrojan en estos mo­mentos las en­cues­tas.

Pero nada indica, por el momento, que ello vaya a suceder y debemos esperar, por tanto, unos resultados similares, con algunas correcciones al alza y a la baja, a los obtenidos en las elecciones del pasado mes de de diciembre. Las correcciones, sobre todo el publicitado adelanto en votos y escaños de Podemos sobre el PSOE, pueden enredar aún más la negociación pero es difícil que cambien su sentido básico: la formación de un Gobierno por fuerzas leales a la Constitución del 78, lo que, en mi opinión, deja fuera, de momento, a Podemos de las negociaciones de Gobierno salvo, caso improbable, que fuera la fuerza más votada.

La exclusión de la extrema izquierda antisistema con sus alianzas secesionistas no es sin embargo el elemento esencial de la próxima formación de Gobierno. El dato más importante es que, aunque sea posible y legal, no puede haber una tercera convocatoria de elecciones tanto por motivos políticos como sociales y económicos. Esta situación hace la negociación especialmente compleja por una serie de factores que han ido trascendiendo durante la campaña, en el que no es un dato menor el factor humano.

La virulencia de los ataques personales de Albert Rivera a Mariano Rajoy, en línea con los desplegados por Pedro Sánchez en la campaña de diciembre, permiten suponer que las inevitables negociaciones a tres bandas -PP, como partido más votado, con Psoe y Ciudadanos- están marcadas antes de comenzar por una incompatibilidad esencial que hará más agrias las previsibles negociaciones.

No es descartable, dada la no beligerancia entre PSOE y Ciudadanos en esta campaña, que ambas fuerzas esperen superar, sumando fuerzas, en número de escaños al PP y reediten el fracasado acuerdo del pasado mes de diciembre. Psoe y Ciudadanos serían, según esta hipótesis, la alianza con más escaños en un fraccionado parlamento. Si se lee con intención el twiter de Jordi Sevilla se apreciará que la legitimidad, en su opinión, reside en quien consiga más apoyos parlamentarios.

Este "sorpasso" fantasma tiene obviamente algunas dificultades y alguna ventaja. La dificultad principal es pretender que el líder de, probablemente, la tercera fuerza política, si se produce la anunciada victoria de Podemos sobre el PSOE, sea el próximo presidente del Gobierno en coalición con la cuarta fuerza política. Su ventaja es que estará en condiciones de dictar sus condiciones a un PP que estará muy lejos de acercarse a la mayoría parlamentaria.

Un Gobierno PSOE/Ciudadanos, si es que suman más escaños que el PP, necesitaría, por supuesto, el consentimiento de los populares y es, ahí, dónde interviene el factor decisivo: no puede haber una tercera convocatoria electoral. Hasta qué punto PSOE y Ciudadanos pueden forzar la negociación y hasta qué punto el PP puede resistir sus condiciones es por le momento un misterio. Obviamente, los números, votos y escaños, dictarán la relación de fuerzas pero todo indica que vamos a una negociación de dos contra uno.

La lógica indica que Sánchez, si sobrevive a los resultados del día 26, con el apoyo de Rivera sí podrán cobrarse la cabeza de Rajoy como precio a su abstención, o en caso de Ciudadanos, apoyo condicionado a un Gobierno en minoría. No está, sin embargo, en los usos y costumbres de la democracia española que unos partidos impongan a otro quién debe ser su líder, y menos vetar a un dirigente político que presumiblemente será el más votado. Sin embargo, la política española ha adquirido un rumbo errático en que todo es posible.

La última semana de campaña permitirá apreciar con mayor claridad si el pacto latente entre Ciudadanos y Psoe sigue en vigor. El más beneficiado de este acuerdo es el partido naranja ya que con menos votos y escaños adquiere, con la complicidad del PSOE, una fuerza que por si mismo no tiene. El PSOE, por su parte, se dispone a a pasar su hora más amarga. Todo indica que sus resultados serán peores que en diciembre. Tener el hombro de Rivera para apoyarse será, al menos, un consuelo. Aunque si la caída es mayor de la prevista su fuerza negociadora será mínima y la capacidad de presión sobre el PP escasa.

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