POLÍTICA NACIONAL

El proceso independentista, sumido en sus contradicciones

Las elec­ciones ge­ne­rales en­frían las prisas por la ‘desconexión’ con España

Manifestaciones en  Cataluña
Manifestaciones en Cataluña

Ya han pa­sado casi cinco de los die­ciocho meses que el par­la­mento ca­talán se dio para cul­minar el pro­ceso de in­de­pen­dencia de Cataluña, pero el ‘govern’ de la Generalidad no logra ser visto, por los agentes del orden in­ter­na­cional que de verdad cuentan para este caso, mas que como el go­bierno de una re­gión au­tó­noma de España.

Además, el ‘procés’ está siendo condicionado, si no entorpecido, por las elecciones generales del 26 de junio, a las que los partidos nacionalistas acudirán cada uno por su lado, debilitando la unidad de propósito que mostraron en las elecciones catalanas del 27 de septiembre, cuando las dos principales fuerzas, Convergencia Democrática (CDC) y Esquerra Republicana (ERC), se unieron en la coalición electoral Junts pel Sí (JpS). La cual, de todos modos, no obtuvo la mayoría parlamentaria.

La formación del ‘govern’ fue posibilitada, en el último minuto, por los votos de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), un movimiento radical de izquierdas, que hace sentir su presión a favor de costosas políticas sociales, algunas de las cuales pueden ser del agrado de ERC pero desde luego no del de CDC. Esto causa tensiones entre las dos formaciones del JpS, poniendo a prueba la capacidad del gobierno de mantenerse hasta el final del proceso. La ‘vigilancia’ de la CUP sobre el ‘govern’ es, naturalmente, un motivo de preocupación constante para éste, ya que sabe que para seguir recibiendo su apoyo parlamentario debe conducir el ‘procés’ de acuerdo con el guion pactado.

El guion pactado incluía que el expresidente Artur Mas no fuese el nuevo presidente de la Generalidad, aceptando la CUP, en su lugar, a Carles Puigdemont. CDC accedió a entregar la cabeza de Mas, en el entendimiento interno al partido, de que Puigdemont sólo ocuparía el cargo durante los dieciocho meses de la legislatura ‘autonómica’, dando por sentado que el ‘procés’ independentista como tal quedaría, a partir de entonces, bajo el liderazgo de Mas. A principios de mes, sin embargo, Puigdemont sugirió que él podría continuar al frente de la Generalidad si el ‘procés’ no había sido culminado con la elección de un nuevo parlamento, que esa vez sería constituyente. Esto suponía un aviso a Mas de que su ambición de seguir siendo la cabeza incontestada está en cuestión por parte del nuevo liderazgo de la Generalidad, lo cual puede generar tensiones internas que dificulten el cumplimiento del ‘procés’ en los plazos pretendidos.

Entra en juego el factor social

El día a día de la gobernación de Cataluña pone a prueba la cohesión de las fuerzas que apoyan al ‘govern’. El conseller de Economía y Hacienda, Oriol Junqueras, de ERC, quiere cuadrar los próximos presupuestos de la autonomía con una elevación sustancial de los impuestos a las rentas más altas, así como una tasa a las transacciones bancarias, dos políticas contrarias a los intereses de los sectores nacionalistas conservadores, es decir, los de las bases de CDC, lo que puede empujar al ‘conseller’ a buscar apoyo parlamentario en la CUP y apoyo social en la populista Ada Colau, alcaldesa de Barcelona.

La segunda medida (tasas bancarias) es, además, contraria a los principios seguidos por la actual Comisión Europea, lo cual hace que CDC no la apoye. Convergencia siempre proclama su adhesión a las políticas más ortodoxas de la UE, en la esperanza de que su prestigio como ‘buen alumno’ de Europa, le rinda algún capital político ante la Comisión y los gobiernos más ‘ortodoxos’ de la Unión, al objeto de que se preste audiencia a las demandas soberanistas.

Esta actitud de Mas no es suficientemente apreciada por Puigdemont ni por los más impacientes líderes de CDC. Así, el actual ‘president’ acusa a la Unión de amenazar a Cataluña con “echarla de la UE si se declara independiente”. El ‘president’ alabó a primeros de mayo la vía unilateral de Kosovo hacia la independencia, pero rápidamente el ex-presidente reafirmó su convicción de que la independencia se logrará por vía de pacto, siguiendo el modelo de Escocia.

La contención de Mas en esta cuestión fue avalada por el líder del independentismo escocés, Alex Salmond, cuando se encontró con Puigdemont en Londres (11 de mayo), en el curso de la gira que éste realizó por algunas capitales para hacer la apología de una Cataluña independiente. Puigdemont deploró que la Unión se muestre tan interesada en que el Brexit fracase, y tan poco interesada en que una Cataluña independiente permanezca en la Unión. Al parecer, Salmond le recordó que Escocia obtuvo el reconocimiento del derecho a autodeterminarse en referéndum., después de 66 años de infructuosas apelaciones a Londres para que concediese más autonomía a ese antiguo reino.

Mas y Puigdemont no abandonan, sin embargo, la vía del convencimiento para encontrar apoyos externos a la pretensión independentista. Al contrario, la han intensificado. Ambos ‘cortejan’ las representaciones consulares y las comunidades extranjeras de Barcelona. Cataluña, como Israel, “es también un pueblo determinado a ser libre”, dijo Mas la pasada semana ante un grupo cultural israelí, exagerando un tanto el supuesto paralelismo.

Pero Puigdemont trata de ser tan buen europeo como Mas. Recientemente manifestó su voluntad de que Cataluña ofrezca acoger 4.500 refugiados, una cantidad que es poco probable que el gobierno central acepte. También es poco probable que la política de inmigración pueda ser determinada de alguna forma por una comunidad autónoma.

El organismo exterior de la Generalidad, Diplocat, se dedica al “lobby” en las principales capitales y facilita a los diarios más influyentes entrevistas con los cabezas del ‘procés’, pero los encuentros con mayor significado oficial topan con mayores dificultades. Así, los intentos de Puigdemont de mantener entrevistas de alto nivel en la Comisión, con motivo de una visita a Bélgica invitado por su ‘colega’ de Flandes, no dieron resultados significativos.

Autodeterminarse, una tarea política e intelectualmente difícil

El ‘procés’ no va viento en popa. Elemento clave de su estrategia es la ‘desconexión’ respecto de las instituciones españolas, algo que sólo se ha producido históricamente por medio de un acto de sedición, seguido frecuentemente por un conflicto civil grave, o a veces con enfrentamientos armados. Desde el punto de vista intelectual, formular un plan de desconexión respecto de un estado establecido es un reto formidable para cualquier mente bien entrenada. Esa tarea ha sido encomendada por el ‘parlament’ al cantautor Lluis Llach, quien ha constatado que al trabajo le falta ‘velocidad de crucero’, aunque la comisión encargada de este reto prometió a primeros de mayo que en dos o tres semanas tendrían preparado un proyecto, que sería entregado a las organizaciones sociales del independentismo para que las discutiesen, por encargo del ‘parlament’.

Ocurre, sin embargo, que la principal organización social del proceso, la Asamblea Nacional de Cataluña, se halla actualmente dividida, y las fuerzas políticas se hallan a la espera de que el proceso electoral español determine las tomas de postura de las fuerzas populistas de izquierda que entraron en escena mientras las clases acomodadas nacionalistas se centraban en pensar el modo de conducir ellas solas el proceso a la independencia.

Por lo que se ve, todo está mediado por compases de espera, y el año y medio original va achicándose.

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