OPINIÓN

La campaña más larga: entre la abstención y el voto útil

Todo in­dica que la arit­mé­tica será muy pa­re­cida ala del 20D

Mariano Rajoy.
Rajoy, esperando el voto útil.

Las elec­ciones del 20D y el fra­caso para la for­ma­ción de una ma­yoría su­fi­ciente para go­bernar han pro­pi­ciado la cam­paña elec­toral más larga y re­ve­la­dora de la his­toria re­ciente de España. Los es­pañoles van a las urnas seis meses des­pués de la mal lla­mada pri­mera vuelta con su­fi­cientes imá­genes en la re­tina para que la pro­pa­ganda que se des­ple­gará en los pró­ximos cin­cuenta días tenga un im­pacto muy re­la­tivo.

En los últimos meses, los principales partidos y sus cabezas de lista han ocupado el espacio mediático de una forma abrumadora, y es ya un lugar común señalar el hartazgo de la opinión pública con la esgrima verbal, las maniobras de simulación, los vetos y las líneas rojas. Las consignas están muy desgastadas y los guionistas de campaña tendrán que hacer un esfuerzo para no caer en la reiteración o el ridículo.

La tensión entre los partidos no creo que descienda en las próximas semanas ya que se enfrentan a dos fantasmas preocupantes: la abstención y el voto útil, La abstención, por el hartazgo y decepción de muchos votantes por el espectáculo político, bien orquestado por los medios; el voto útil, por la decepción de amplios sectores del electorado que cambiaron su voto en las últimas elecciones y que probablemente esperaban otra conducta de su nueva opción electoral.

La pregunta es a que partidos puede beneficiar la abstención el voto útil en el caso de que ambos fenómenos se produzcan de una forma significativa. O dicho de otra forma: a que partidos les puede perjudicar más. El primer movimiento, en ese sentido, lo ha dado la izquierda postcomunista que se agrupa en Podemos que ha abandonado sus maniobras de simulación –no somos de derecha ni de izquierdas- y se dirige a una coalición con Izquierda Unida, en proceso de reconversión tras el último y reciente congreso del Partido Comunista, su estructura básica. La izquierda radical se agrupa para ser más que el PSOE pero también por temor a la abstención, al desencanto que haya podido producir su comportamiento político en estos últimos meses.

El PSOE es la gran incógnita de esta campaña y de estas elecciones. Su posición errática bajo la dirección de Pedro Sánchez puede agravarse salvo que recupere parte de su electorado que se fue a Podemos. Su alianza de papel con Ciudadanos es más que nunca papel mojado. Aunque pretenda que va a ser la fuerza más votada –esas tonterías se dicen en campaña- tendrá que explicar con quién quiere aliarse para hacer realidad su fetiche del cambio. Las tensiones a que está sometida por derecha e izquierda, sin hablar de su complicidad con fuerzas secesionistas en Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, tendrá que resolverlas en las próximas semanas si no quiere ver una fuga de votos en las dos direcciones. Un caída en votos y escaños abriría un horizonte nuevo e inédito en la historia del PSOE.

La derecha y el centro-derecha que representan PP y Ciudadanos tienen un problema grave. Su alianza postelectoral parece la más lógica y natural ante el escenario político español. Pero el empecinamiento de Ciudadanos de vetar a Mariano Rajoy, en una campaña contra su persona, como posible presidente del Gobierno de una nueva mayoría atenta contra los usos y costumbres democráticos, ya que su legitimación proviene de los votos de sus electores sin que medie causa penal alguna contra él. Las responsabilidades políticas, creo, se resuelven en las urnas.

Todo apunta, salvo sorpresas durante las próximas semanas que no se pueden descartar dada la actividad trepidante de nuestros tribunales y fuerzas de seguridad, que la aritmética parlamentaria será parecida. Si PP y Ciudadanos no alcanzan con sus escaños la mayoría absoluta, el fiel de la balanza estará otra vez en manos del PSOE aunque, tal vez, con menos diputados y un nuevo liderazgo.

Si la coalición Podemos-Izquierda Unida prospera, la sociedad española debe prepararse para una Parlamento muy escindido. El apoyo de esa coalición de Unidad Popular a las fuerzas secesionistas, bajo la fórmula blanda del derecho a decidir, creará dos bloques muy claros en el Congreso de los Diputados. La pregunta es dónde estará el PSOE y si será capaz de acudir a una cita que puede ser histórica para renovar el pacto político que supuso la Constitución de 1978.

Artículos relacionados