El cambio del con­trol del an­go­leño BFA pa­sará inevi­ta­ble­mente por un en­ten­di­miento

CaixaBank volverá a negociar con Isabel dos Santos después de la OPA sobre el BPI

La en­tidad es­pañola man­tendrá la oferta aunque no la pre­cisa para con­trolar el banco

Banco Portugués de Investimento
Banco Portugués de Investimento

Con todo a favor para con­trolar el Banco Portugues de Investimento (BPI), donde pese a ser el mayor ac­cio­nista con un 44% nunca tuvo la ges­tión, CaixaBank tendrá que volver a ne­go­ciar con Isabel dos Santos para aclarar el fu­turo del Banco de Fomento de Angola (BFA), donde el BPI cuenta con el 51%. Tras re­cibir el apoyo del go­bierno por­tu­gués, que de­rogó los lí­mites de de­re­chos de voto en las en­ti­dades fi­nan­cieras co­ti­za­das, quedan mu­chos flecos suel­tos. El prin­ci­pal: no está claro que CaixaBank pueda de­cidir el fu­turo del banco par­ti­ci­pado an­go­leño si se en­frenta al go­bierno de Luanda y a su banco cen­tral.

Lo único que no ofrece ninguna duda es que pase lo que pase con la OPA, CaixaBank tiene ya garantizado el control del BPI. De hecho, con las nuevas reglas dictadas por el gobierno dirigido por el socialista António Campos y que han sido promulgadas por el presidente de la República Marcelo Rebelo de Sousa, el problema hubiera quedado resuelto hace tiempo.

La supresión de la cláusula estatutaria que limita los derecho de voto al 20% será propuesta a la Junta de Accionistas por el consejo del BPI, que es lo previsto, y solo necesitará dos tercios de los votos para ser aprobada, frente a los 75% exigidos hasta ahora y que dejaba la solución en manos de Isabel dos Santos, que controla directa e indirectamente un 22% del capital. Con la OPA, Caixabank superará el nuevo límite.

Cabe recordar que en la última Junta convocada al respecto por el consejo del BPI, el 52% de los accionistas votaron a favor de la reforma estatutaria, y si CaixaBank hubiera podido votar con su44,1%, en lugar de los 20% permitido, la media hubiera sido aprobada, con más de 76% de los votos, por encima de los 75% exigidos entonces.

Situación imprevisible

Con las nuevas reglas, que entrarán en vigor a partir del 4 de julio, la barrera del 75% seguirá existiendo, pero solo se aplicará en el caso de que el consejo decidiera lavarse las manos del tema para dejar la iniciativa a los accionistas. Una situación que nadie contempla: aunque vuelva a considerar insuficiente el precio de la OPA, el BPI tiene ya decidido convocar la Junta para cambiar los estatutos.

En un primer momento, el primer ministro Antonio Costa quiso extender dicha reforma a todas las empresas cotizadas, pero al encontrar una gran resistencia en el seno del gobierno, acabó cediendo, y la medida solo será aplicada a un puñado de entidades financieras, que como el BPI y el Banco Comercial Português (BCP) también tienen los derechos de voto blindados.

En medios oficiales explican que aplicar la reforma más allá del sistema financiero crearía un clima de instabilidad, y aunque fuera muy beneficioso para el país en términos de inversión, podría acabar por poner muchas empresas en manos del capital extranjero. Una preocupación que no alcanza el BPI ni el BCP, que tienen el 30% del mercado y llevan tiempo ponderando una fusión.

Resistencia angoleña

En todo o caso, aunque se insista en que no pudo denunciar el acuerdo alcanzado con CaixaBank bajo la presión de las autoridades lusas, por la sencilla razón que aún quedaban aspectos clave por negociar, Isabel dos Santos clama al cielo contra la eliminación del blindaje del BPI -habla de “medida sin precedentes”-, y acusa a Lisboa de favorecer el capital español en detrimento del angoleño.

No obstante, la mujer más rica de África (según la revista Forbes) deja claramente entender que queda margen para seguir negociando, sea durante u después de la OPA de CaixaBank. Pero en ningún momento reconoce que todo lo que hizo durante los últimos tiempos, fue utilizar el blindaje de los derechos de voto en contra de los intereses del BPI, en Portugal y en Angola, y para frenar las ambiciones de CaixaBank.

La revista lusa de referencia “Expresso” estima que Isabel dos Santos no sabe negociar porque nunca tuvo necesidad de hacerlo, por lo menos con las empresas portuguesas que para operar en Angola no tuvieron más remedio que ceder a las exigencias de la hija de Jose Eduardo dos Santos, el cual lleva ya casi cuatro décadas como presidente de Angola.

En todo este tiempo, la dinámica y bella Isabel actuó con una sonrisa de seda pero con mano de hierro para convertirse en la mayor empresaria de Angola y acumular la primera fortuna de África. Y pese a que su 22% del BPI no es suficiente para frenar las aspiraciones de CaixaBank, seguirá contando con el apoyo de su padre para mandar a su antojo en el BFA, el mayor banco comercial angoleño.

Lo peor son las eventuales represalias que las autoridades angoleñas tendrían preparadas contra la presencia del BPI, ya controlado por la Caixa, en el angoleño BFA. Para empezar, Dos Santos estudia trabar en seco la OPA de CaixaBank, que según Luanda no podrá avanzar sin la “luz verde” del Banco Nacional de Angola (BNA), teniendo en cuenta que el cambio de control del BPI a favor del accionista catalán, afectará el BFA.

El BPI tiene eñ 51% del BFA, frente al 49% de Isabel dos Santos y dos socios locales, pero bajo control catalán ya no será el mismo banco, ya que CaixaBank solo podrá incrementará su participación indirecta en Angola con el visto bueno de las autoridades locales.

Sin embargo, cabe pensar que CaixaBank negocia con Isabel dos Santos sin los complejos que tienen muchas empresas lusas con intereses en Angola, y que pasan olímpicamente de las amenazas de represalias. Prueba de ello es que uno de los puntos que llevaron a la empresaria angoleña a denunciar el acuerdo al que había llegado con la entidad catalana, fue la exigencia de garantías financieras relacionadas con el cambio de control en el BFA a favor de Isabel dos Santos y con el pago de los dividendos de 2014 y 2015. La empresaria angoleña explica que no tiene poder suficiente en Angola para forzar al BNA a autorizar dichas transferencias financieras.

Crisis en Angola

Además, ante la crisis del petróleo, Angola está más pendiente de mantenerse a flote que de entrar en conflicto con intereses españolas y europeos: el régimen de Jose Eduardo dos Santos tendría que pensárselo dos veces antes de entrar a saco en el BFA, a través una eventual privatización, que sería sin duda mal interpretada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde Angola tiene pendiente una demanda de ayuda financiera.

Luanda también está a la defensiva ante la noticia de que el fondo soberano del país, dirigido por Filomeno dos Santos, hijo del presidente, blanqueó unos 5.000 millones de dólares en el paraíso fiscal del Panamá.

En todo o caso, pese a que el culebrón del enfrentamiento entre CaixaBank e Isabel dos Santos lleva ya mucho tiempo monopolizando la atención de los medios financieros portugueses y comunitarios, los analistas apuestan a que durante o después la OPA, y cualquier que sea el resultado, habrá acuerdo.

La idea general sigue siendo la misma: que ambas partes están condenadas a entenderse, para salvaguardar lo esencial, o sea los intereses respectivos del BPI y del BFA. Lo mismo pasa con el Banco Central Europeo (BCE), que sigue exigiendo al BPI que rebaje sus riesgos en Angola, que sitúa en unos 5.000 millones de euros, mientras el banco luso, que no pudo cumplir el plazo fijado por la institución europea, sostiene que su inversión en Angola no pasa de los 400 millones.

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