ANÁLISIS

Los tipos negativos acrecientan las dudas sobre la banca española

Las en­ti­dades son los prin­ci­pales clientes de deuda pú­blica con cientos de miles de mi­llones de euros in­ver­tidos

Solvencia eb cuestión?
Línea directa a Solvencia II

La emi­sión de deuda pú­blica rea­li­zada por el Tesoro este jueves no ha ser­vido para re­solver dudas sobre el de­venir de la cuenta de re­sul­tados de la banca es­pañola para este año. Las en­ti­dades fi­nan­cieras ten­drán que se­guir muy pen­dientes de lo que su­ceda en las pró­ximas emi­siones de deuda pú­blica, en las que son los prin­ci­pales com­pra­do­res.

Los bajos tipos de interés, incluso con rentabilidades negativas en muchos casos, se han convertido ya en el principal problema para resolver la duda sobre la capacidad de las entidades financieras españolas de mantener saneadas sus cuentas. Las cantidades invertidas en deuda son tan ingentes que resulta lógico comprender este temor.

Es verdad que los expertos advierten de que, además de la deuda, también falta por calcular el impacto negativo que puede tener en la cuenta de resultados un incremento de los fallidos en los préstamos de los créditos relacionados con empresas del sector energético o minero, a consecuencia de la caída y bajos precios de las materias primas.

Son las dos causas que siguen provocando incertidumbre en los inversores, incluidos los extranjeros, lo que les ha llevado a retirar más de 100.000 millones en los últimos doce meses con un duro castigo para la capitalización de estas entidades.

Lo evidencia la pérdida en lo que va de año del 11,25 % de la capitalización del Santander, del 7,67 % del BBVA; en el caso de CaixaBank, la caída de la capitalización ha sido del 15,4 y llega hasta el 23,17%, en el caso de Bankia. El Popular se deja el 22,36 % en lo que va de año, siendo el Sabadell el que ha logrado superar estos dos primeros meses de año con sólo una pérdida de 3,72 %.

Para los analistas hay dos indicadores fundamentales que pueden servir para que cambie la tendencia. Por una parte los inversores están pendientes de las nuevas medidas que ha adelantado que tomará Mario Draghi si la economía europea no se relanza de nuevo. Y la otra cuestión clave es lo que suceda con los tipos en la colocación de la deuda pues los bancos tienen invertidos en ella cientos de miles de millones de euros.

Lo que ha sucedido este jueves en la colocación de deuda sigue siendo alentador para el Gobierno, pero no ha servido para esclarecer lo que pueda suceder en los bancos.

El Tesoro ha adjudicado en la subasta 4.515,03 millones de euros, algo menos de los previsto, que lo había calculado en 5.250 millones de euros. Se trataba de bonos a cincos años, obligaciones a diez años indexadas a la inflación, y obligaciones a quince años. Solo en este último caso, el Tesoro ha logrado reducir el interés. Ha adjudicado 946,69 millones de euros, a un interés marginal del 2,107 % frente al 2,330 % previo.

Mucho peor le ha ido al Tesoro en las obligaciones a diez años indexadas a la inflación. Ha colocado 475,08 millones, el interés marginal aplicado ha sido del 0,851 %, superior al 0,331 % anterior. Ha sido el tramo en el que se ha producido el mayor encarecimiento para el Tesoro, más de 0, 5 puntos porcentuales. Un aumento muy importante respecto de la emisión anterior en términos porcentuales, que podría estar apuntando a que la incertidumbre política ya está pasando factura.

Mejor ha ido la subasta en los bonos a cinco años, que han salido con una rentabilidad del 0,702 %, frente al 0,613 % de la subasta previa.

Para los analistas resulta muy difícil hacer una previsión hoy en día de lo que pasará con los resultados bancarios este año. Esto pese a que el colegio de economistas de Madrid da por hecho que la economía española va a crecer sencillamente por inercia.

La primera decisión relevante debe tomarse el próximo jueves día 10 cuando se reúna el Banco Central Europeo. Al margen del mensaje de Draghi, todos los demás aspectos son desalentadores. Primero está la incertidumbre internacional y la elevada posibilidad de que habrá que esperar a unas nuevas elecciones para que se forme un nuevo gobierno.

Lógica incertidumbre. La primera sesión de investidura no pudo resultar más decepcionante y la de hoy se espera que tampoco defraude en este sentido.

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