GEOPOLÍTICA

Cae Palmira, éxito rotundo de la coalición Damasco-Moscú-Teherán

Occidente, al me­nos, se cobra la ca­beza del que pre­pa­raba los aten­tados contra sus ciu­dades

Palmira
Palmira, Siria

Mientras el lla­mado Estado Islámico se fro­taba las manos de sa­tis­fac­ción por el éxito de los re­cientes ata­ques te­rro­ristas de Bruselas, en otros cua­drantes del mundo se desa­rro­llaban planes de las dos coa­li­ciones in­ter­na­cio­nales que operan en su con­tra, las cuales han aca­bado por in­fli­girle dos golpes se­veros a su es­truc­tura y su mo­ral.

El primero fue la muerte de Abdel Raman Mustafa al-Qaduli, también conocido como Haji Iman, en un ataque de las fuerzas aéreas de los Estados Unidos expresamente dirigido contra él. Al-Qaduli era una alta jerarquía de la organización, y sin duda debía estar informado de los planes para atentar en Bruselas, así como de los ataques del pasado año en París, pues entre otras cosas era responsable de las operaciones exteriores, aparte de llevar las finanzas de la organización. Su cabeza tenía el honor de estar puesta al precio de $7 millones, tres por debajo de la del ‘califa’ o Supremo de la organización, Abu Bakr al-Bagdadi. El anuncio del fallecimiento de Haji Iman fue hecho personalmente por el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Ashton Carter, el pasado 25 de marzo.

El segundo golpe, y sin duda el más destructivo para la moral del grupo, es la pérdida de la ciudad de Palmira, en Siria central, un lugar de alto valor simbólico por haber sido distinguido con la fobia más extrema de la organización terrorista, debido a la alta concentración de monumentos ‘paganos’, parte de los cuales han sido destruidos durante los meses en que la tuvieron ocupada. La toma de Palmira por el ejército de al-Asad fue apoyada por cien ataques aéreos de aviones rusos.

La eliminación de Al-Qaduli sigue a la del personaje tenido por ‘ministro’ de Guerra de la organización, Abu Omar al-Shishani y la captura de un jefe de la sección de armamentos, en operaciones llevadas a cabo en las últimas semanas.

La toma de Palmira hace palidecer el alcance y significado de la eliminación de esos cabecillas del Estado Islámico. Palmira supone un éxito del régimen sirio, en varios sentidos. Primero, en la operación parecen haber muerto 400 militantes del EI. Segundo, la operación tiene, aparte de un alto valor estratégico, otro simbólico. En efecto, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, hablando desde Amman, expresó su satisfacción por el hecho de que el gobierno sirio haya recuperado la ciudad, y expresó su esperanza de que a partir de ahora “tratará no sólo de preservar y proteger Palmira, sino también restaurarla”.

La caída de la histórica ciudad renueva los laureles de la coalición formada por tres regímenes autoritarios, los de Siria, Rusia e Irán. El presidente Putin saludó la caída de Palmira como la salvación de “un activo de la cultura mundial”. El portavoz del presidente ruso, Dmitry Peskov, aseguró que Rusia seguirá apoyando las autoridades sirias, a pesar de que éstas han asegurado que ya retiraron el grueso de sus efectivos militares en Siria.

Pero la coalición no se debilitará sustancialmente por la salida de algunos de los contingentes aéreos rusos. Porque salen los rusos y entran con nuevas fuerzas los iraníes. En efecto, el pasado día 23, un alto jefe del ejército iraní anunció que sus fuerzas especiales se disponían a intervenir en el conflicto, como ‘asesores’ del ejército sirio. Es la primera vez que el ejército de los ayatolás reconoce su intención de intervenir en Siria para reforzar a su aliado al-Assad. Sin embargo, el ejército no es la única fuerza que interviene en favor del presidente sirio. La Guardia Revolucionaria, la milicia que constituye la espina dorsal del régimen iraní, y que tiene arrinconado al ejército regular como fuerza de segunda categoría, mantiene contingentes armados en Siria, que en algunos momentos se han estimado en 2.500 efectivos.

Una coalición occidental mal diseñada

No parece caber duda de que el doble objetivo estratégico de Occidente (o de Estados Unidos, si se prefiere), de destruir el Estado Islámico y aislar diplomáticamente a al-Assad se ha debilitado con la toma de Palmira, en la medida en que constituye un éxito de la alianza Damasco-Moscú-Teherán.

El programa estratégico inicial de Occidente estaba mal diseñado, porque incluía a Turquía en su coalición anti-EI. Ese país, sin embargo, se ha dedicado principalmente a atacar a las fuerzas kurdas de oposición a al-Asad con la excusa de que son aliados de los kurdos desafectos del interior, con lo que indirectamente ayudaba al régimen sirio.

La coalición tripartita pondrá probablemente sus miras, a partir de la caída de Palmira, en avanzar sobre posiciones del EI en las ciudades ocupadas de Deir el Zor, en la cuenca del Éufrates, y Raqqa, la ‘capital’ del Estado Islámico. Así lo ha anunciado el alto mando sirio. Pocas dudas cabe abrigar de que al tiempo que la triple coalición se dirige contra el EI, ‘barrerá’ cuanto le sea posible las fuerzas rebeldes sirias que luchan contra el régimen, alguna de las cuales han venido operando con la ayuda de los Estados Unidos.

Si el presidente Obama no podrá‘apuntarse’ un éxito estratégico en su oposición al régimen sirio, todas sus esperanzas están puestas ahora en alcanzar un éxito decisivo en Iraq. En efecto, está en marcha la operación militar de gran escala para que el gobierno iraquí recupere la segunda ciudad del país, Mosul, en manos del EI desde 2014. Un plan de batalla elaborado por el Pentágono preveía la necesidad de disponer de un contingente de entre 20.000 y 25.000 soldados iraquíes, apoyados por otras fuerzas de combatientes kurdos y por aviones de los Estados Unidos, y posiblemente también fuerzas especiales de este país.

La operación sobre Mosul está siendo preparada por la toma de una serie de localidades más o menos próximas. En la toma de una de ellas, Majmur, intervinieron dos mil soldados iraquíes. Según el tte. general Sean MacFarland, jefe de la coalición occidental antiyihadista, los generales iraquíes no creen pode tomar Mosul antes de final de año.

En resumen, los éxitos de la coalición pro-régimen sirio son contantes y sonantes, por lo menos de momento. Los éxitos de la coalición occidental son, en el mejor de los casos, una expectativa.

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