El fu­turo de los tres ma­yores bancos pri­vados lusos en manos de bancos es­pañoles

La 'españolización' de la banca levanta ampollas en Portugal

CaixaBank y la an­go­leña Isabel dos Santos ul­timan un acuerdo sobre BPI

 Banco Portugués de Investimento
Banco Portugués de Investimento

El acuerdo entre CaixaBank y la an­go­leña Isabel dos Santos sobre el Banco Portugués de Investimento (BPI) está a punto de ca­ra­melo. La CMVM lusa ha sus­pen­de­dido la co­ti­za­ción de la en­tidad lusa en dos oca­sio­nes, la úl­tima el pa­sado lu­nes. Además del pre­cio, la com­ple­jidad fi­nan­ciera y po­lí­tica de la ope­ra­ción mar­cará tam­bién el fu­turo del mayor banco an­go­leño, el Banco de Fomento de Angola (BFA), donde manda el BPI con el 51% del ca­pi­tal. Pero la so­lu­ción afec­tará al Banco Comercial Portugués (BCP) y el Novo Banco (NB, el an­tiguo BES na­cio­na­li­zado. En esen­cia, los tres prin­ci­pales bancos pri­vados de Portugal.

De hecho, el pulso entre CaixaBank y Isabel dos Santos, que pese a tener respectivamente un 44% y casi un 20% del capital mandan prácticamente lo mismo en el BPI (los derechos de voto siguen limitados al 20%), adquirió últimamente nuevos tintes políticos y diplomáticos, no solo porque cualquier solución que pase por el BFA deberá ser refrendada por las autoridades angoleñas, lusas y comunitarias, sino igualmente porque la perspectiva de ver a CaixaBank y al Santander controlar la consolidación bancaria lusa (BCP,NB,BPI), levanta ampollas en el país.

El nuevo gobierno socialista minoritario, pero que con el apoyo de izquierda radical (PCP, Bloco de Esquerda, Verdes) tiene mayoría absoluta en el Parlamento, no tuvo así más remedio que intervenir en el asunto: tomando claramente partido a favor de CaixaBank, el primer ministro Antonio Costa habló con Isabel dos Santos, exigiendo una rápida solución para el BPI. O sea, dejó muy claro a la empresaria angoleña, que si fuera necesario el gobierno estaría dispuesto a votar una nueva ley para eliminar las limitaciones de derechos de voto en empresas cotizadas.

Lo cierto es que fue solo tras la intervención de Antonio Costa que la hija mayor del presidente angoleño Jose Eduardo dos Santos se puso a negociar seriamente con CaixaBank una solución tanto para el BPI como por el BFA. Isabel dos Santos estaría ahora dispuesta a ceder su casi 20% del BPI a Caixabank, que con un 66% del capital debería después lanzar una OPA sobre el 34% restante. A cambio, pese a ser la principal fuente de resultados del BPI, el control del BFA pasaría a manos de la empresaria angoleña y de su socio local, la operadora móvil Unitel.

Sin embargo, queda aún por arreglar una cuestión fundamental para que el esquema dibujado llegue a buen puerto: el precio de la doble operación. Isabel dos Santos quiere sacar el máximo provecho de la venta de su casi 20% del BPI, y al mismo tiempo pagar lo menos posible por el control del BFA. Todo lo contrario de CaixaBank, que rechaza incrementar el precio de 1,329 euros por acción que puso en 2015 a la OPA fallida sobre el BPI, y también el precio de saldo de 140 millones que Isabel dos Santos y Unitel ofrecieran hace poco por un 10% suplementario del BFA.

Cabe recordar que, en 2008, cuando se hizo con un 9,69% del BPI, Isabel dos Santos pagó 1,88 euros por acción, pero en el 2012, cuando situó su participación en 18,9%, gracias entonces a Caixabank que le cedió acciones al mismo precio de 0,50 céntimos que habían sido adquiridas al banco brasileño Itaú. Un poco antes, cediendo a la presión del régimen de Jose Eduardo dos Santos y teniendo en vista la alianza luso-angoleña, BPI había aceptado vender a Unitel y Isabel dos Santos el 49% del BPA por unos 475 millones de dólares, pero conservando el control.

Precio de la OPA

En todo o caso, los analistas ven difícil que Caixabank pague a Isabel dos Santos una “prima” de control, teniendo en cuenta que el precio de la operación servirá de referencia para la OPA destinada a los restantes accionistas del BPI. Pero para facilitar el acuerdo, el primer ministro luso habrá dejado abierta la posibilidad de que Isabel dos Santos pueda entrar en el mayor banco privado portugués, el BCP, cuyo principal accionista, con un 17,8%, es la petrolera pública angoleña Sonangol, que negocia vender activos a Ia hija del presidente de Angola.

Contyrol español

La idea de ver prácticamente a toda la banca privada controlada por el capital español y por capital angoleño, y teniendo en cuenta que la venta del NB tiene al Santander como gran favorito y que las alternativas planteadas son la fusión con un BPI controlado por CaixaBank y con un BCP en manos angoleñas, no quita para nada el sueño a las autoridades lusas. Antonio Costa es muy claro al respecto: la prioridad absoluta, es la estabilidad y la capitalización del sistema financiero, al margen de la nacionalidad y la ideología de los accionistas de control.

Lo que si crearía problemas es que la parte de la banca española en Portugal, que tras las adquisiciones de Banif y de la red de Barclays por parte del Santander y de Bankinter, pasó del 14%v al 20% de cuota de mercado, llegará a representar más del 50%, en el caso de que NB y BCP cayeran directa o indirectamente en manos españolas. El nuevo presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, muy sensible a las relaciones con Angola, advirtió en Madrid que el capital español seguirá siendo bienvenido a Portugal, pero no para controlar toda la banca privada.

De hecho, en algunos sectores empresariales, financieros y políticos vuelve a resucitar el viejo fantasma según lo cual de España solo llegan “malos vientos y malos matrimonios”. Tanto es así que un grupo de influentes personalidades empezó ya a recoger firmas, con vista a la próxima publicación de un “manifiesto contra la españolización de la banca nacional”. La idea subyacente es que cuando se trate de operaciones de financiación, por ejemplo, un banco controlado desde Madrid será más sensible a las empresas españolas que a las lusas.

Competencias

“El riesgo con bancos españoles es que frente a dos clientes que se hacen competencia, uno en España y otro en Portugal, estriba en que podrán dejar caer la empresa portuguesa para apoyar la española”, explica el ex ministro y ex banquero Mira Amaral. “Para nuestra desgracia no hay capital portugués para inyectar en el sistema financiero. Si no queremos tener una banca solo de capital español es importante no volver la espalda al capital angoleño”, advierte Amaral.

Lo que más se critica en dichos sectores es que el proceso de consolidación de la banca nacional sea dictado por el Banco Central Europeo (BCE), que tendría un gran objetivo: para facilitar la tarea de la supervisión: mira a la Península Ibérica como un todo, poniendo así Portugal y España en el mismo saco, con que apuesta principalmente en entidades fuertes como el Santander y Caixabank, para tener a una banca portuguesa sana y capitalizada.

Venta al Santander

Según diversas fuentes, eso fue lo que pasó ya con la venta de Banif al Santander, una operación de 150 millones de euros, pero que dejó un muy malo sabor de boca a los contribuyentes lusos, que se harán cargo de al menos 2.500 millones de pérdidas. Pero lo que nadie pone en duda es la buena imagen del SantanderTotta : pese a la crisis, fue el único banco del país que no registró pérdidas, y, además, al contrario del BCP, del BPI, del banco público CGD, etc., no tuvo nunca que financiarse con ayudas del Estado.

Lo cierto es que la banca española en Portugal (BBVA está de salida, pero quedan Santander Totta, Popular y Bankinter, además de las participaciones de CaixaBank en el BPI, de Sabadell en el BCP…) no tuvo nada que ver con los problemas financieros y judiciales que los últimos años marcaran la banca nacional, con altos costes para el Estado (el equivalente al 12% del PIB) y que siguen marcando la actualidad judicial, con quiebras espectaculares, como la del BES, la perla del imperio de los Espirito Santo que durante décadas fueron los “dueños” del país.

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