El guiño de Sánchez a Podemos es insuficiente

La pri­mera in­ter­ven­ción del can­di­dato so­cia­lista no ilu­siona ni a los suyos

Discurso de investidura de Pedro Sánchez
Discurso de investidura de Pedro Sánchez

La in­ter­ven­ción de Pedro Sánchez en su dis­curso de in­ves­ti­dura ha sido de­cep­cio­nante. La que de­bería ser la in­ter­ven­ción de su vida no ha lo­grado ilu­sionar ni a los su­yos. Desde la opo­si­ción el ex­pre­si­dente del Congreso, Jesús Posadas, o la mi­nistra en fun­ciones de Fomento, Ana Pastor, han con­si­de­rado que le ha fal­tado al­tura. Para Pablo Iglesias ha sido de­cep­cio­nante, pese a los reite­rados guiños que le ha lan­zado.

Tienen razón. Los 42 folios de la intervención están llenos de buenas intenciones sobre las que Pedro Sánchez debería haberse esforzado en concretar como las va a poder poner en práctica, en caso de hacerse con la presidencia del Gobierno.

Bien es cierto que a día de hoy parece misión imposible. Hasta la representante de Coalición Canaria, partido que inicialmente había anunciado que apoyaría la investidura del líder socialista, ha cambiado su decisión y se abstendrán o lo harán en contra. Si alguien esperaba que el candidato a la presidencia del Gobierno se sacara un conejo de la chistera en su discurso de investidura habrá quedado decepcionado. Sánchez se ha limitado a resumir los grandes titulares del pacto suscrito con Ciudadanos sin aportar novedad alguna.

La justificación dada por el candidato a la presidencia del Gobierno de los pactos parece muy pobre. Pedir el apoyo a su programa porque “hasta la peor de las medidas del acuerdo entre PSOE y Ciudadanos es mejor que mantener al señor Rajoy en funciones durante dos meses más” no se sostiene.

La animadversión que profesa Sánchez al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy es bien evidente, como dejó bien a las claras con ocasión del único debate que mantuvieron durante la campaña electoral. Pero en esta ocasión solemne se esperaba que ilusionar a la ciudadanía.

Si entramos en los aspectos concretos de lo que se considera el eje central de su gobierno, como es la reforma laboral, tampoco satisfacen las expectativas.

Pedro Sánchez ha mantenido los términos del ‘Acuerdo para un Gobierno reformista y de progreso, PSOE-Ciudadanos’ firmado con el partido que lidera Albert Rivera.

Este acuerdo con Ciudadanos había incorporado nuevos temas, introduciendo matizaciones de cierta entidad en la formulación y en el tratamiento de algunas materias y suprimiendo otras cuestiones del propio documento inicial que el Partido Socialista había hecho público el pasado 8 de febrero, como bien han dejado claro los ‘Analistas de Relaciones Laborales’ en su reciente informe sobre el documento.

Las propuestas son muy generales y necesitan de mayor nivel de precisión técnica aunque, como admiten los expertos pueden tener viabilidad práctica y pueden ayudar a corregir algunos desequilibrios.

Pero como en todo el documento, las propuestas adolecen de ser planteamientos teóricos no contrastados empíricamente que evidencian mucha improvisación.

En el lado positivo está el haber optado por la vía de las reformas parciales, que podrían ser más eficaces que eliminar de golpe todo el entramado de la reforma laboral aplicada por el Partido Popular, que pese a sus defectos, ha logrado cambiar la tendencia de la destrucción de empleo.

También las medidas laborales, como en el caso de las medidas para la nueva economía exigen contabilizar el incremento de costes que podría suponer para las empresas.

Si la generalidad de las propuestas en materia de empleo van a conllevar un encarecimiento del mismo, cuesta creer que se pueda contar con la colaboración de los empresarios para acabar con los más de 5 millones de parados que registra la Encuesta de Población Activa.

En el debate que se mantendrá hoy, Pedro Sánchez tendrá la oportunidad de aclarar en las réplicas a los demás partidos las muchas generalidades que ha expuesto en su intervención inicial. Y tendrá que hacer mucho más que guiños para poder sacar al país del impasse político en el que se encuentra.

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