POLÍTICA NACIONAL

CATALUÑA

Mas percibe obstáculos insuperables (de momento) a la ‘hoja de ruta’

Artur Mas
Artur Mas

El com­plejo in­de­pen­den­tista ca­talán for­mado por el ‘govern’ de la Generalidad, más la coa­li­ción go­ber­nante Junts pel Sí y su apoyo par­la­men­tario ex­terno, la CUP, se ha­llan en una es­pecie de sus­pen­sión ani­mada, in­se­guros de dar el si­guiente paso en su causa, cuando los que ya han dado en­cuen­tran obs­táculos apa­ren­te­mente in­su­pe­ra­bles. Estos son de tres ti­pos.

En el plano internacional, su actividad en pro de la legitimación de la independencia ha encontrado ecos poco significativos en los círculos de poder extranjeros, aparte de haber ‘colocado’ algunas informaciones en medios importantes.

En el plano económico, la más urgente preocupación de la opinión catalana es que las finanzas de la Generalidad mantengan la cabeza fuera del agua, aunque sea con la ayuda del gobierno español, y evitar que el ‘rating’ de su deuda descienda otro escalón, una vez más con el apoyo de Madrid. En este sentido, Cataluña está para pocos experimentos.

En el plano interno ‘nacional español’, está la recomposición de las fuerzas de izquierdas catalanas distintas a la CUP (En Comú Podem, Podemos, Catalunya Sí qu’es Pot, etc.), que se hallan expectantes ante cómo va a quedar el cuadro final del ciclo electoral español abierto el pasado 20 de diciembre, y que no lleva camino de aclararse pronto. Es probable que En Comú Podem (ECP) disputará a Podemos la hegemonía de la izquierda catalana favorable al ‘derecho a decidir’. Ya hay tensiones intensas entre los directivos catalanes y Pablo Iglesias, líder de Podemos.

Iglesias apoya el ‘derecho a decidir’ pero no la independencia. La ruptura de ECP con Podemos daría esperanzas de que aquel movimiento acabaría por pasarse al independentismo. Vale, pues, la pena esperar a ver si el campo independentista se ensancha. También vale la pena esperar a ver si una coalición de gobierno PSOE-Podemos permite resucitar el incierto apoyo dado en el pasado por los socialistas al derecho a decidir.

De momento, solo aspiración a una ‘decisión soberana’

Llama la atención que las fuerzas independentistas de Cataluña no se hayan sentido, aparentemente, aludidas por las declaraciones de Artur Mas a Catalunya Radio, del pasado 9 de marzo, cuando dijo que su partido, Convergencia Democrática de Cataluña, no debería presentarse “estrictamente como (un partido) independentista sino soberanista”.

Esa declaración resulta desconcertante para los que sienten la necesidad imperiosa de la independencia de Cataluña. Tal es el caso de dos de sus más ardientes defensores, Jordi Turull, portavoz del grupo parlamentario de CDC, y Josep Rull, conseller de Territorio y Sostenibilidad en el nuevo gobierno presidido por Carles Puigdemont. En los últimos días no se les ha escuchado comentario alguno sobre esa notable corrección de Mas a la que todos ellos llamaban ‘hoja de ruta’, que debía conducir inexorablemente a la independencia.

Aunque es comprensible que esos dos independentistas se muestren discretos, por responsabilidad institucional, sobre lo dicho por su líder moral y ‘jefe’, Artur Mas, la discreción parece ser también la regla en la otra fuerza de la coalición gobernante, Esquerra Republicana y en la que da soporte parlamentario al ‘govern’, la CUP.

La coalición gobernante en Cataluña, Junts pel Sí, formada por CDC y ERC, con el apoyo parlamentario de la CUP, se presentó a las elecciones con un programa abiertamente independentista, que el ’parlament’ ha empezado a desarrollar mediante la preparación de las leyes de ‘desconexión’ que llevarán a la independencia de Cataluña en 18 meses, de los que al menos ya ha corrido uno. Puigdemont declaró, hace pocos días, ante los cónsules acreditados en Barcelona, que Cataluña sería un país soberano antes de año y medio.

Soberanismo e independentismo, ¿conceptos diferentes?

Mas, en las declaraciones que comentamos, fue muy claro en otro punto: “Estamos diseñando un nuevo país y hay que repensarlo todo”, cosa que no parece que estén haciendo los que alcanzaron el poder cuando él “se hizo a un lado”, para usar su propia expresión, cediendo el puesto de ‘president’ a Puigdemont, y así asegurar el voto de la CUP al gobierno independentista.

El ‘repensamiento’ de Mas incluye los siguientes puntos: no esperar, como han hecho hasta ahora sus seguidores más comprometidos, que en dieciséis meses se podrá llegar a la independencia. Tampoco se puede pedir a los gobernantes catalanes “proclamar el estado catalán sin un referéndum”, ni “hacer un montón de leyes sabiendo que el Tribunal Constitucional las tumbará”, ni en tanto el gobierno español “tenga el grifo de las finanzas”.

El pretendido referéndum de autodeterminación como acto fundacional de la República Catalana, o como confirmación de una declaración unilateral de independencia por el ‘parlament’ (dos fórmulas barajadas por las fuerzas separatistas sin una clara diferenciación) es la gran cuestión todavía pendiente. Y lo está porque la otra cuestión, la del ‘derecho a decidir’, que fue la constante reivindicación de CDC y de su antiguo asociado Unión Democrática de Cataluña, se ha embrollado con la exigencia de un referéndum de autodeterminación, promovido por las fuerzas de izquierda nacionalista, a sabiendas de que el TC anularía su mera convocatoria y se produciría el choque entre Cataluña y el estado., es decir, creando una situación revolucionaria.

Si embargo, el respeto a las formas legales, aunque sólo sea ‘de boquilla’, sigue siendo un tabú para los separatistas de raigambre conservadora, fuertemente vinculados con algunas de las élites empresariales y universitarias más influyentes en Cataluña.

Con sus declaraciones, Mas quiso dejar constancia de que no está amortizado políticamente. Para ello trazó muy bien el terreno en que desea encontrarse con un número de seguidores más nutrido que el que tienen en estos momentos los independentistas. En el partido (CDC), dijo Mas, debe tener cabida quien sólo quiere un referéndum que exprese el derecho a decidir, “aunque no haya dado el paso hacia la independencia”.

De esta forma intenta Mas recuperar el discurso político soberanista, en contraste con el puramente independentista en que se hallan embarcados cuantos le pidieron que se hiciese “a un lado” para así poder gobernar en dirección hacia la independencia en dieciocho meses. Mas no tiene tanta prisa, aunque quiere llegar a la misma meta.

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