La ha ali­men­tado con 6.000 mi­llones en me­tá­lico y 7.000 más de dos am­plia­ciones

BBVA, rentabilidad acumulada cero en su errática pasión turca

Las pér­didas con­ta­bles de 2015 se han co­mido todo el be­ne­ficio an­te­rior de cinco años

Garanti
Garanti/BBVA.

BBVA se ha apun­tado en los úl­timos años al sub­jun­tivo y al con­di­cional en los re­sul­ta­dos. “Si hu­biera sido de otra ma­nera, ha­bríamos ob­te­nido otro re­sul­ta­do”. Primero fue el prin­cipio del fin de su aven­tura china en 2013 y ahora es el nuevo paso ade­lante en su apuesta por el mer­cado turco. Esta úl­tima ha mos­trado su cara en las cuentas de 2015 que cul­minan un largo ca­mino de cinco años en los que ha in­ver­tido algo más de 6.000 mi­llones en me­tá­lico, ha ne­ce­si­tado dos am­plia­ciones por valor de 7.000 mi­llones y ha de­jado el con­tador de ren­ta­bi­lidad a cero. Ahora ne­ce­si­tará una dé­cada solo para re­cu­perar el me­tá­lico gas­tado.

No puede decirse que la aventura turca de BBVA haya reportado hasta ahora algo más que un engordamiento de su balance. Las cifras de activos, ingresos, créditos, número de clientes y volumen de negocio son mayores desde septiembre último, una vez que el banco español ha comenzado a consolidar Garanti por integración global en lugar de por puesta en equivalencia (por el porcentaje real de propiedad) que aplicaba hasta entonces. El balance del grupo ha aumentado en casi 90.000 millones de euros, de los que algo más de 80.000 proceden del banco turco, del que BBVA tiene ahora, en números redondos, un 40%, después de que en noviembre cerrara la compra de un 15% adicional de su capital.

Esa es la cara bonita de la operación. Pero la otra es el coste para las cuentas del grupo. Cuando el 19 de noviembre de 2014 BBVA anunció que iba a comprar un 15% adicional de Garanti, dijo que la operación le costaría 1.988 millones de euros en metálico, que se sumaban a los 4.195 millones que había pagado en 2010 por su primigenio 24,9% del banco turco. En total, la factura en dinero contante y sonante asciende ya a 6.183 millones de euros. Pero ese no es el único coste.

Cuando BBVA inició su aventura turca en 2010, la caja del grupo no aguantaba una inversión de aquel calibre y el banco presidido por Francisco González tuvo que hacer una macroampliación de capital por valor de 5.060 millones de euros que sirvió fundamentalmente para financiar la operación de compra en Turquía y ayudó también, de paso, a afianzar los ratios de capital del banco. ¿Tendría que haber hecho aquella macroampliación el BBVA sin su aventura turca? No parece. En todo caso, podría haber sido más pequeña, pero necesitaba caja para pagar la compra.

Aquella ampliación suponía emitir acciones que equivalían al 19,8% del capital de entonces, lo que provocaba una dilución importante para los accionistas. ¿Qué parte de aquella ampliación era estrictamente necesaria para financiar la compra turca y cuál fue utilizada para fortalecer el capital en plena crisis financiera? Es una de las partes de la nebulosa que siempre ha envuelto las ampliaciones de capital de la banca española tras el estallido de la crisis en 2008. Pero que fuera anunciada el mismo día en que se daba publicidad al acuerdo de compra en Turquía une para siempre ambas operaciones.

Capital puro y duro

La que no alberga ninguna duda es la ampliación que BBVA puso en marcha en noviembre de 2014, justo también al mismo tiempo que anunciaba el acuerdo para la compra de un 15% adicional de Garanti. En la presentación que aquel 14 de noviembre hicieron a los analistas los directivos de BBVA ya dejaron claras dos cosas: la primera, que el balance del grupo iba a crecer de lo lindo, porque al rozar el 40% de su capital, podría consolidar por integración global al banco turco. Y la segunda, que eso obligaría a rehacer las cifras del banco, debido a la depreciación acumulada de la lira turca, lo cual reducía el valor real del activo en balance.

La mencionada presentación a los analistas señalaba que la pérdida contable se elevaría a 1.500 millones de euros, de los que 1.100 eran atribuibles a la depreciación e iban directamente a cuenta de resultados y los otros 400 tenían que ser descontados también del patrimonio neto del grupo consolidado. Pero una cosa era el impacto visible y otra el invisible. BBVA también tuvo que reconocer ante los analistas que la operación suponía un coste de 1.900 millones de euros en el capital computable para el CET 1, el que se tiene en cuenta para calibrar solvencia de los bancos.

Para mantener intactos los ratios de capital computable para la solvencia, BBVA optó nuevamente por la vía de la ampliación de capital. Esta vez sin ni siquiera respetar el derecho preferente de los accionistas (fue una colocación acelerada del 4,09% del capital) y que sumó otros 2.000 millones de euros a añadir a los 5.060 que emitió en 2010 cuando comenzó su particular pasión turca. Esta vez no había ninguna duda. Se trataba de capital puro y duro que volvía a diluir la participación de los accionistas minoritarios sin siquiera darles la oportunidad de elegir. En resumen, y con algunas dudas de la primera operación, lo cierto es que los dos anuncios de compra de acciones del banco turco Garanti se han visto acompañados de sendas ampliaciones de capital que suman 7.060 millones de euros.

Empezar de cero

Si esta historia hubiera supuesto rentabilidades de escándalo todo habría sido para bien. Pero tampoco ha sido así hasta el momento. Desde 2011, año en el que Garanti comenzó a formar parte del balance de BBVA (la operación de compra se firmó y fue efectiva en marzo de 2011), el banco turco ha sumado 1.483 millones de euros al beneficio del grupo. 195 millones en 2011, a los que hay que sumar 351 en 2012 y 268 de 2013, más 298 de 2014 y 371 de 2015. Las pérdidas contables incluidas en las cuentas de 2015 (1.500 millones) se han comido en su totalidad el beneficio acumulado de su participación en Garanti, lo que en realidad le hace empezar de cero, con rentabilidad nula, después de cinco años.

BBVA sostiene que a partir de 2016 la cifra de beneficio procedente de Garanti sumará 250 millones de euros adicionales. Em efecto, un simple cálculo directo del aumento de participación eleva de 370 a poco más de 600 millones de euros el beneficio atribuible al grupo al pasar del 25% al 40% de participación en el banco turco (con cifras de 2015). Esto hace que a no ser que Garanti experimente un crecimiento exponencial de sus resultados, harán falta alrededor de diez años para que BBVA recupere vía beneficio los 6.000 millones en metálico que ha puesto ya para comprar su participación. Las diluciones para los accionistas de BBVA que han supuesto las ampliaciones de capital necesarias para financiar y neutralizar el efecto sobre el capital de estas compras quedarán ahí para siempre.

Una cosa más. Los aumentos de volumen experimentados por las cuentas de BBVA tras la integración global de Garantí en su consolidación tampoco suponen nada del otro mundo para los accionistas del banco. Las nuevas normas de contabilidad internacional y las de solvencia derivadas de Basilea III reducen notablemente el impacto directo sobre dos líneas fundamentales para la cotización como son el beneficio atribuible y el valor efectivo en libros.

Efectivamente, la consolidación por integración global permite a las empresas (y a los bancos) sumar a sus ingresos, gastos, activo y pasivo, la totalidad del negocio y del balance de la filial, aunque se tenga un paquete de acciones, como es este caso, de tan solo el 40%. Pero las normas internacionales de contabilidad (en particular la NIC 27) imponen también la obligación de contabilizar por separado el efecto real que toda esta suma tiene sobre el grupo en lo relativo a beneficio y a patrimonio neto.

En concreto, el balance de BBVA ha visto crecer la cifra de patrimonio neto total consolidado en 3.830 millones de euros (desde 51.609 a 55.439 millones) entre diciembre de 2014 y el mismo mes de 2015, pero la línea de minoritarios ha aumentado en 5.638 millones (de 2.511 a 8.149) millones.

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