Su único ac­tivo sin fecha de ca­du­cidad es el 20% del ca­pital de Nueva Pescanova

Pescanova cotiza de nuevo con cuentas que no dependen de ella

La banca ha subido al triple el coste de la te­so­rería de la he­re­dera del grupo in­dus­trial

Grupo Pescanova
Grupo Pescanova

La puesta de largo de Nueva Pescanova, que cambia al ad­mi­nis­trador único por un con­sejo de ad­mi­nis­tra­ción, marca el punto de inicio de la cuenta atrás para la vuelta a la co­ti­za­ción de las ac­ciones de Pescanova, sus­pen­didas desde marzo de 2013, pocas se­manas antes de su con­curso de acree­do­res. Aquellos 5,91 euros de su úl­timo cierre bur­sátil son pro­ba­ble­mente una qui­mera inal­can­zable en estos mo­men­tos. La so­ciedad es ahora una mera te­ne­dora de ac­ciones de Nueva Pescanova, de cuyos be­ne­fi­cios y su ba­lance de­penden sus cuentas y su co­ti­za­ción.

De esta nueva sociedad depende también el futuro de los minoritarios de Pescanova, que incluso pueden ser condenados al ostracismo a partir del próximo verano.

La Pescanova que fue suspendida de cotización el 12 de marzo de 2013 no volverá a cotizar jamás. Las títulos que aún conservan los accionistas minoritarios ya no son parte de un conglomerado industrial, sino de una sociedad cuyo casi único activo es la propiedad del 20% del capital de Nueva Pescanova, que es la heredera del imperio después de haber sorteado la quiebra con un concurso de acreedores y un acuerdo sometido a control judicial.

Los nuevos dueños del imperio industrial son los bancos acreedores que se han quedado con el 80% de Nueva Pescanova a cambio de perdonar 2.000 millones de deuda. Sin embargo, aquellos minoritarios de Pescanova esperan como agua de mayo la vuelta a la cotización para ver cuánto pueden salvar de sus muebles.

El primer paso ya está dado. La CNMV tiene ya la petición formal de vuelta a la normalidad bursátil y en principio todo estará resuelto cuando disponga también de las cuentas auditadas de Pescanova y de Nueva Pescanova. Dentro de los múltiples convenios celebrados durante los últimos dos años, uno de ellos obliga a Nueva Pescanova a entregar a Pescanova sus cuentas auditadas en un plazo que no puede superar los tres meses desde que se cierre el ejercicio, lo que reduce a unas pocas semanas el plazo para que esas cifras estén disponibles.

Pescanova, por su parte, ya las tiene, a expensas de cerrar también el informe del auditor, y en ellas pueden atisbarse las dificultades a las que se enfrentarán los accionistas minoritarios cuando sus títulos vuelvan a cotizar.

La Pescanova que volverá ahora a Bolsa sólo tiene dos activos. El primero y más importante por su teórica durabilidad, es el 20% del capital de Nueva Pescanova, que es la heredera del negocio del grupo industrial. El segundo, los activos y pasivos no segregados durante el proceso concursal, que serán liquidados ordenadamente según vayan venciendo en los próximos siete años.

En cifras, Pescanova tiene valorado su 20% en Nueva Pescanova en 13,94 millones de euros. Los activos que irán desapareciendo en siete años ascienden a 51,55 millones y la sociedad tiene también una cuenta de tesorería de 1,9 millones.

Los activos con vencimiento provienen de deudas que no fueron transferidas a Nueva Pescanova para proteger a determinados acreedores durante las operaciones de segregación de activos de la fase concursal. Su contrapartida en el balance viene determinada por unas provisiones de 19,94 millones de euros, una deuda cobrable a largo plazo de 6,96 millones y una deuda a corto de 25,6 millones. T

odo ello minorado por los 945.000 euros de préstamos recuperables. En total, pues, la suma de los 51,55 millones de euros de pasivo que irán desapareciendo a medida que lo hagan los activos correspondientes. Todo ello tiene su fecha de caducidad marcada y no va a afectar para nada a las cuentas ni al patrimonio de Pescanova.

Sin voz ni voto

Lo que sí va a afectar de lleno a la cotización futura de Pescanova va a ser el valor contable de Nueva Pescanova. Al ser esta última una sociedad no cotizada, Pescanova, que sí cotiza, debe incluirla como activo por su valor contable. De esta manera, los accionistas minoritarios herederos de aquella Pescanova que murió con el concurso de acreedores de 2013 tendrán títulos de una sociedad patrimonial cuyos ingresos serán los dividendos que alguna vez pueda pagar Nueva Pescanova cuando consolide sus propias cuentas, además de los 255.000 euros (actualizados por el IPC) que anualmente recibirá también de Nueva Pescanova en concepto de cobertura e gastos generales.

Pero merece la pena una nueva mirada al balance de Pescanova. Si se eliminan los 51,55 millones de euros que irán venciendo a lo largo de siete años, se ve cómo su activo real se reduce a 15,84 millones de euros, de los que 13,94 son de su participación del 20% en Nueva Pescanova y 1,9 se corresponden con el efectivo. En el pasivo, estas cantidades tienen como contrapartida un patrimonio neto de 14,73 millones y unas obligaciones de pago en efectivo a Nueva Pescanova de 1,11 millones. En total, los 15,84 millones.

Este encaje de cifras podría verse seriamente alterado si el valor contable de Nueva Pescanova sufre variaciones. Si fueran al alza, la cuenta de resultados de Pescanova registraría un ingreso extraordinario por variación del valor de los activos que llegaría al patrimonio neto vía beneficios. Si fueran a la baja, la situación sería exactamente la contraria y Pescanova tendría que anotar una pérdida que afectaría a su vez negativamente al patrimonio neto de la sociedad, que también se reduciría.

Todo esto supone un riesgo futuro para los minoritarios de Pescanova, que a pesar de controlar el 20% de Nueva Pescanova prácticamente no pueden hacer nada si esta última toma decisiones que les perjudiquen.

El pasado día 11, sin ir más lejos, Pescanova ya registró en la CNMV un documento en el que denuncia que los accionistas mayoritarios (los bancos acreedores) han decidido activar un préstamo de tesorería de 125 millones de euros a un interés del 15% anual en Nueva Pescanova, que lleva aparejado otro préstamo de 300 millones, con un interés del 1% anual, sin haber esperado a someterlo a la consideración del nuevo consejo de administración que sustituye al administrador único nombrado por la banca.

Ambos créditos estaban contemplados en los acuerdos concursales y ese ha sido precisamente el argumento de los bancos para activarlos ya. Los principales acreedores (Sabadell, Popular, CaixaBank, Abanca, BBVA, Bankia y UBI Banca Internacional) han desembolsado ya 83,45 millones de los 125 millones y han invitado al resto de acreedores a desembolsar su parte, si así lo desean, antes del 5 de marzo próximo. La cantidad no desembolsada será asegurada por los principales.

Hasta ahora, según señala Pescanova, las necesidades de tesorería de Nueva Pescanova estaban siendo cubiertas con un crédito circulante de 100 millones de euros al 5% de interés. Ahora los bancos pasarán a cobrar el triple, un 15%, lo que elevará los costes financieros de la sociedad y se traducirá en una menor rentabilidad.

Además, los 300 millones de crédito, previstos también en el pacto concursal y que suponen de hecho una reducción de la quita total, elevarán el ratio de endeudamiento y es posible que los auditores reduzcan por todo ello el valor al que Pescanova puede apuntarse como activo su 20% de Nueva Pescanova.

Y aún hay otro riesgo. De acuerdo con los estatutos de la sociedad, Nueva Pescanova no puede convocar una ampliación de capital sin el voto de Pescanova hasta el 31 de julio de este mismo año. Después podrá hacerlo si la junta lo aprueba por mayoría igual que en cualquier otra sociedad. Una ampliación de capital ordinaria a partir de ese momento obligaría a los actuales accionistas de Pescanova a poner dinero para seguir siendo accionistas indirectos de Nueva Pescanova.

Pero también puede darse el caso de que los bancos decidan en algún momento convertir en acciones parte de los 700 millones que aún quedan de deuda concursal. En ese caso no habría siquiera derecho de suscripción preferente y la participación de Pescanova en Nueva Pescanova quedaría disuelta.

Una vez que estén sobre la mesa las cuentas auditadas de ambas sociedades, la CNMV levantará el veto y las acciones de Pescanova volverán a cotizar. En el mercado gris (compraventas directas entre particulares) ha habido ofertas en los últimos meses a precios de hasta un euro, muy lejos de los 5,91 a los que cotizaba cuando fue suspendida. Habrá que esperar y ver qué pasa en los próximos meses en los que, eso sí, por fin habrá más información disponible para todos.

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