UN BANCO EN EL RETIRO

El salario mínimo y las pensiones azuzan la economía

Algo tan claro y sencillo como el salario, lo que se cobra o lo que se paga, ha sido objeto sin embargo de un complejo análisis por los economistas a lo largo de la historia. La prosperidad de las naciones se hacía depender del excedente, o sea, del valor total del producto menos “el producto consumido” (ahí entre otras cosas estaban los salarios). El excedente era ahorro convertible en inversión, nuevas fábricas, puertos u hospitales.

Salarios bajos fa­vo­re­cían el ex­ce­dente, la acu­mu­la­ción de ca­pi­tal. Adam Smith (La Riqueza de las Naciones, 1778) ob­ser­vaba, no obs­tante, que donde los sa­la­rios son más altos los tra­ba­ja­dores son más di­li­gen­tes, y más pro­duc­ti­vos; el pro­ducto final crece. La Revolución Industrial es­taba en mar­cha.

Los eco­no­mistas de la re­forma neo­clá­sica, las eco­no­mías es­taban re­ajus­tán­dose, vin­cu­laron la con­tra­ta­ción del úl­timo tra­ba­jador em­pleado a que su coste, sa­la­rio, fuese igual al precio de la úl­tima unidad pro­du­cida. Una ley de hie­rro. Las alzas sa­la­riales des­in­cen­ti­vaban la con­tra­ta­ción. Llega la Gran Depresión, Keynes alerta de que el paro ma­sivo es­taba pro­vo­cado por una de­manda global bajo mí­ni­mos. Salarios bajos menor de­manda.

España 2016. Los in­di­ca­dores de costes la­bo­rales por tra­ba­jador o por unidad pro­du­cida han sido li­ge­ra­mente ne­ga­ti­vos. La de­va­lua­ción re­cla­mada del euro es­pañol para equi­li­brar las cuentas con el ex­te­rior se tra­dujo en una con­trac­ción sa­la­rial (un eco­no­mista de iz­quierdas como Paul Krugman fue ca­te­gó­rico cu­nando nos vi­sitó al final de la cri­sis).

Devaluación de la mo­neda en forma de de­va­lua­ción sa­la­rial y una es­pec­ta­cular re­cu­pe­ra­ción de las cuentas con el ex­te­rior (recuérdese que la de­va­lua­ción de la pe­seta en 1959 pro­vocó la sa­lida de más de un mi­llón de tra­ba­ja­dores es­paño­les). El dé­ficit de la ba­lanza de pagos equi­va­lente al 10% del PIB en 2007-08 se ha con­ver­tido en un su­pe­rávit del 3% del PIB.

La subida de los sa­la­rios puede in­cluso tener con­se­cuen­cias fa­vo­ra­bles, si se ex­tienden al resto de nó­minas con un au­mento de las co­ti­za­cio­nes. La Seguridad Social lo ne­ce­sita. En Alemania la can­ci­ller Merkel acaba de anun­ciar que el cre­ci­miento de las pen­siones en las re­giones del Este su­birán más de­prisa que en el resto hasta con­se­guir un equi­li­brio en 2025; un coste de 3,7 mil mi­llones de euros anua­les.

Polémica sobre la fi­nan­cia­ción

Los con­ser­va­dores de­fienden que se realice vía Seguridad Social, mien­tras los so­cial de­mó­cratas re­claman ma­yores apor­ta­ciones pre­su­pues­ta­rias y un in­cre­mento del IRPF. Propuestas, por un lado, para elevar la edad de ju­bi­la­ción desde los 63 a los 67 años y, por otro, fijar un tope má­ximo de pres­ta­ción en el 43% del úl­timo sa­lario per­ci­bido por el be­ne­fi­cia­rio.

Las subidas de los tope mí­nimo y má­ximo en las co­ti­za­ciones que acaba de acordar el Gobierno va en la buena di­rec­ción. Habría quizá que dar un paso más ade­lante en lo que se re­fiere al “tope” su­pe­rior pero sin pre­ci­pi­tarse mien­tras si debe man­te­nerse el “tope” má­ximo de pres­ta­ción. Este tope má­ximo re­co­noce que las pen­siones como la sa­nidad o las ca­rre­teras son pres­ta­ciones so­ciales con un ca­rácter esen­cial­mente dis­tri­bu­tivo y tam­bién asis­ten­cial.

Las pen­siones no están fi­nan­ciadas ex­clu­si­va­mente por el co­ti­zante si no por toda la co­mu­ni­dad. Aunque sea duro de en­tender y de ex­pli­car, las pen­siones son un ser­vicio pú­blico su­fra­gado, in­sis­ti­mos, por la ciu­da­danía en cuya fi­nan­cia­ción, sin em­bargo, el be­ne­fi­ciario ha te­nido una parte ac­tiva cuan­ti­fi­ca­ble: sus pro­pias co­ti­za­cio­nes.

En Alemania la iz­quierda quiere más par­ti­ci­pa­ción de Los Presupuestos del Estado y la de­recha mayor con­tri­bu­ción de la Seguridad Social. En España no hay po­si­ciones de­fi­ni­das.

La iz­quierda además tro­pe­zaría con un grave di­lema. Veamos. La Seguridad Social es igual para todos los ciu­da­danos (niveles de co­ti­za­ció­n-­pres­ta­ción apar­te), no hay di­fe­ren­cias au­to­nó­mi­cas.

Ahora bien si las pres­ta­ciones se rea­li­zasen con cargo a los pre­su­puestos se­rían las Comunidades Autónomas quie­nes, como en el caso de la sa­ni­dad, ten­drían trans­fe­ridas las com­pe­ten­cias. ¿Amenaza de una even­tual e inacep­table de­sigual­dad; las viudas o huér­fanos ma­dri­leños, tam­bién los co­ti­zan­te­s-­be­ne­fi­cia­rios, que­da­rían más fa­vo­re­cidos que los as­tu­ria­nos?.

El pro­blema de las pen­siones es todo un pro­blema que no ne­ce­sita de de­ma­go­gias sino de sen­tido co­mún, so­li­da­ridad y equi­li­brio de las cuen­tas. Hemos lle­gado muy lejos para des­andar el ca­mino.

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