Las en­ti­dades es­pañolas e ita­lianas cuentan con unos ac­tivos tó­xicos de 350.000 mi­llones

Vidas paralelas bancarias

El res­cate de Monte dei Paschi di Siena coin­cide con la sen­tencia de las cláu­sulas suelo

Monte dei Paschi di Siena
Monte dei Paschi di Siena.

El res­cate del banco más an­tiguo del mundo, el Monte dei Paschi di Siena, abre una he­rida an­ti­ci­pada desde hace se­ma­nas. Y re­edita la po­lé­mica sobre la fra­gi­lidad de la banca ita­liana en un mo­mento en que la es­pañola atra­viesa la si­tua­ción más de­li­cada desde que en 2012 Europa acu­diera en su au­xi­lio. Ambos sis­temas fi­nan­cieros tienen de­bi­li­dades tan si­mi­lares como el vo­lumen de ac­tivos tó­xi­cos, que en las ins­ti­tu­ciones ita­lianas al­canza los 360.000 mi­llones de eu­ros, mien­tras que en las es­pañolas es de 350.000 mi­llo­nes.

Las autoridades italianas se han visto obligadas a acudir al salvamento del Monte dei Paschi una vez que su ampliación de capital fracasara. Europa exigía la devolución de 5.000 millones y en la apelación a los inversores la entidad transalpina apenas ha logrado inversores para aportar la mitad de la cantidad.

Uno de los primeros deberes del primer ministro Paolo Gentiloni, quizá el más urgente, es conseguir 20.000 millones de euros para afrontar la situación de las entidades bancarias. Este objetivo se produce en el mismo año en que el Estado italiano proporcionara garantías por 150.000 euros a las entidades.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) española ha mostrado recientemente su preocupación porque “los bancos operan en un entorno de tipos de interés muy reducidos y afrontan la competencia creciente de las actividades relacionadas con el shadow banking y las empresas fintech”. La CNMV ha advertido, además, ha afeado la política de rescatar entidades con fondos públicos.

La situación de los bancos españoles es cada vez más preocupante. Se encuentran sometidos a un escenario de bajos tipos de interés contra natura, mantenido por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, con el objetivo de que el crédito fluya hacia empresas y familias. Y se ve zarandeado también por la obsesión del Banco Internacional de Pagos (BPI) para que aumente su capital, originada por el fracaso del propio BPI en el control de las entidades que llevó a la crisis de Lehman Brothers de 2008.

Mazazo español

Por si fuera poco, esta semana, la Corte de Justicia de Luxemburgo ha establecido que las entidades españolas tienen que devolver todo el dinero que pagaron de más sus clientes, al aplicar unas cláusulas suelo que impidieron repercutir las bajadas de tipos a los préstamos hipotecarios. Y esa reparación tiene un coste: 7.500 millones de euros, como ya anticipó este diario esta semana.

Cuando la banca de un país se encuentra en una posición débil, como sucede en Italia y España, el crédito no fluye o lo hace de modo asimétrico. Los bancos españoles están concentrando sus préstamos en las empresas de mayor rating porque al ser una inversión más segura exige menos provisiones. Esto, sumado a las mayores necesidades de capital de las entidades, conduce a que empresas pequeñas y medianas estén atravesando graves problemas de financiación.

Artículos relacionados