UN BANCO EN EL RETIRO

La Unión Europea y los Brexits

El Reino Unido nunca ha creído que la Europa unida iba en serio

Brexit
Brexit hay más que uno.

“Uno se puede ahorrar mucho tiempo y muchos sinsabores,-escribía Jenal Ganesh- si escucha con atención las palabras de su interlocutor. Los británicos, herederos de unos artificiosos hábitos de conversación en la que nadie decía lo que significaba, están especialmente incapacitados. Después de la 2ª Guerra Mundial, el gobierno británico no creyó nunca que las conversaciones franco-alemanas desembocarían en un mercado común...

...Cuando des­cu­brieron que había algo más que una me­tá­fora, Londres si­guió pen­sando que aque­llos planes no lle­ga­rían a ma­te­ria­li­zarse en un pro­yecto po­lí­tico. Cuando sí ocu­rrió si­guieron pen­sando en que nunca se lle­garía a una Unión Monetaria… El pa­sado enero, David Cameron se­guía con­ven­cido que la Unión Europea se es­taba ti­rando un farol cuando ame­na­zaba con re­chazar una drás­tica re­vi­sión de las con­di­ciones de ad­he­sión de Reino Unido”.

Lo mismo exac­ta­mente lo mismo sigue su­ce­diendo con el ri­godón del Brexit. El an­glo­cen­trismo sólo con­templa un in­ter­lo­cutor bri­tá­nico como va­riable de­ci­siva en la ne­go­cia­ción con la UE. Nadie es­cucha las pa­la­bras del pre­si­dente po­laco, Donald Tusk, del Consejo Europeo: “La única al­ter­na­tiva real a un Brexit duro es un no Brexit”. Tampoco oyen cuando Ángela Merkel re­afirma la in­di­vi­si­bi­lidad de las cuatro li­ber­ta­des.

Curiosamente ha te­nido que ser David Davis, el eu­ro­es­cép­tico y ahora ne­go­ciador bri­tá­nico con la UE, quién com­prenda y diga que hasta el mejor y más fácil de los ac­cesos al mer­cado eu­ropeo será cos­toso. La re­tó­rica fran­cesa es dura pero Berlín no lo es menos en lo esen­cial. En de­fi­ni­tiva: ¡La UE no per­mi­tirá que la sa­lida de un es­tado miembro le fa­ci­lite una vida más có­moda que­dán­dose fuera!

Los pro­blemas de la UE tam­bién están den­tro. Un go­bierno del par­tido 5 Estrellas y la Liga Norte en Italia po­drían re­chazar la par­ti­ci­pa­ción de su país en el euro. Los mer­cados reac­cio­na­rían re­cha­zando la deuda ita­liana; el sis­tema fi­nan­ciero co­rrería el riesgo de una in­sol­vencia que po­dría arras­trar a los bancos ale­ma­nes; una ac­tua­ción de las au­to­ri­dades ita­lianas en de­fensa de sus bancos rom­pería el pro­yecto de que fuesen los pro­pios ac­cio­nistas y te­ne­dores de bonos quienes vi­niesen al res­cate en lugar de que nue­va­mente co­rres­pon­diese a los con­tri­bu­yentes con el con­si­guiente au­mento del dé­ficit pre­su­pues­tario y del so­co­rro, si es que se con­si­gue, vía emi­sión de deuda pú­blica.

El es­fuerzo de con­ver­gencia es ur­gente. Los países en mejor si­tua­ción como es el caso de Alemania o de los nór­di­cos, ten­drán que poner a un lado sus am­bi­ciones de su­pe­rávit pre­su­pues­tario y cooperar en un es­fuerzo co­mún. Los deu­dores com­pro­me­tidos a con­tener y co­rregir su dé­fi­cit.

La res­puesta al Brexit y al en­deu­da­miento pú­blico y pri­vado de la eu­ro­zona sólo es po­sible con una Europa fe­de­ral, una Europa po­lí­tica. Un in­me­diato paso al frente del BCE para di­señar y eje­cutar un pro­yecto que per­mita fi­nan­ciar la deuda ita­liana, pero tam­bién la griega, por­tu­guesa y es­pañola a largo plazo. Naturalmente los par­la­mentos de los países miem­bros ten­drán que com­pro­me­terse. En suma una po­lí­tica que desem­boque en un pre­su­puesto co­mún, que al igual que su­cede en los Estado Miembros los ciu­da­danos y las re­giones más ricas con­tri­buyen so­li­da­ria­mente en apoyo de los ciu­da­danos o de las re­giones más po­bres.

La nueva e in­te­li­gente finta de M.Draghi, re­ducir la compra men­sual de bonos desde 80.000 mi­llones a 60.000 mi­llones de euros mien­tras se pro­longa el com­pro­miso de ad­qui­si­ción, tran­qui­li­zará a aho­rra­dores e in­ver­sores sin in­ter­ferir en la re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mica de los es­tados miem­bros. El riesgo de de­fla­ción se aleja.

La UE con el po­ten­cial de su pro­duc­ción y po­bla­ción y con el pres­tigio y ex­ten­sión del euro es, en el caso de Brexit el actor prin­cipal y en la eu­ro­zona el autor irre­nun­ciable de un nuevo ca­pí­tulo: el de la unión ban­ca­ria, la re­fi­nan­cia­ción a largo plazo de las deudas pú­blicas y pri­vadas y una fis­ca­lidad co­mún. Un texto que con­firme que el libro de la his­toria eu­ropea sigue abierto. Ni se cierra ni se puede ce­rrar.

¿Se han pre­gun­tado las au­to­ri­dades de la Generalitat de Cataluña pro­mo­toras de la des­co­ne­xión sobre la inopor­tu­nidad e in­con­gruencia de esa exi­gencia en el curso del pro­yecto eu­ro­peo? Doña Emilia Pardo Bazán es­cribía en una de sus no­velas “la al­dea, cuando se cría uno en ella y no se sale ja­más, em­po­brece… sólo la am­plia­ción del es­ce­nario con­vierte a la co­dicia en am­bi­ción”. En el Teatro del Barrio en Madrid, hay una ma­ra­vi­llosa re­pre­sen­ta­ción: “Emilia”. Merece y re­com­pensa la vi­sita.

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