Monitor de Innovación

La plataforma se ha visto envuelta en casos de bullying y ciberacoso

Yik Yak aterriza en España marcada por el declive y la polémica

La compañía se ha deshecho de más de la mitad de sus empleados en muy poco tiempo

Innovar pedaleando - Blog de Marc Vidal
Innovar pedaleando.

La idea es tan simple como exitosa, como Facebook. Y nació en un campus universitario, como Facebook. La recién llegada a España Yik Yak, el último gallito en el corral de las Redes Sociales, desembarca acompañada por la controversia: la 'app', disponible para IOS y Android, ha sido tachada de ser un caldo de cultivo para el ciberacoso, lo que ha supuesto un retroceso en su expansión.

El pro­yecto ori­ginal es obra de Tyler Droll y Stephen Brooks Buffington, quie­nes, des­pués de ob­tener sus di­plomas en la Universidad de Furman, con­ci­bieron un sis­tema que, a través de la geo­lo­ca­li­za­ción, fuera capaz de poner en con­tacto al usuario con las per­sonas que le ro­deaban en un radio de 2,4 ki­ló­me­tros.

La pla­ta­forma, ini­cial­mente pen­sada como un simple muro en el que colgar co­men­ta­rios y darles una va­lo­ra­ción, se fue en­ri­que­ciendo con la po­si­bi­lidad de con­fec­cionar per­fi­les, con­ver­sa­ciones en tiempo real y otras fun­cio­na­li­dades que la con­sa­graron como la fa­vo­rita de los uni­ver­si­ta­rios es­ta­dou­ni­den­ses.

Un ro­tundo éxito ini­cial que la com­pañía es­pera re­petir en España. Desde la em­presa se habla de una "excelente aco­gida" en sus pri­meros pasos en nuestro país, aunque rehúsan pro­por­cionar ci­fras a la prensa. No obs­tante, el as­censo de Yik Yak a la élite de las Redes Sociales se ha visto em­pañado por di­versos casos de ci­be­ra­coso, que en algún caso han aca­bado en tra­gedia y que han puesto a la pla­ta­forma en el ojo del hu­ra­cán.

Una red que per­mite tirar la piedra y es­conder la mano La clave de la ex­pan­sión de Yik Yak, y lo que la dis­tingue de otras Redes Sociales, es que pro­tege la iden­tidad de los par­ti­ci­pan­tes. Cualquier per­sona puede re­gis­trarse en poco tiempo con tan sólo es­coger un nombre de usuario y pro­por­cionar su nú­mero de te­lé­fono mó­vil.

Una vez creada la cuenta, se pueden subir co­men­ta­rios sobre cual­quier tema, ini­ciar de­bates y colgar chas­ca­rri­llos, que el resto de miem­bros podrá va­lorar con sus vo­tos. Y tam­bién se le puede hacer la vida im­po­sible a al­guien fácil e im­pu­ne­mente, gra­cias al es­cudo del ano­ni­mato.

El 17 de abril de 2015, Grace Rebecca Mann, una es­ta­dou­ni­dense de 20 años, fue en­con­trada muerta. La aso­cia­ción fe­mi­nista Feminist United, a la que per­te­necía la fa­lle­cida, de­nunció que ella y otros com­pañeros de ac­ti­vismo ha­bían re­ci­bido nu­me­rosas ame­nazas a través de Yik Yak.

Este ha sido el caso más re­le­vante, aunque no el único: en 2014, se pre­sen­taron cargos contra al menos 13 jó­venes por su­pues­ta­mente ame­nazar con ata­ques vio­lentos a través de la app. La falta de con­trol en las agre­siones ver­bales que se pueden in­fligir a través de los 200 ca­rac­teres de los men­sajes o 'Yaks' han lle­vado a ini­ciar una cam­paña en Change.org que exige su re­ti­rada in­me­diata de las tiendas on­line Google Play y Apple App Store.

¿Declive?

La com­pañía ha reac­cio­nado con me­didas como res­tringir su uso a ma­yores de 17 años y la in­tro­duc­ción de un sis­tema de se­gui­miento de per­fi­les. Sin em­bargo, los su­cesos acae­cidos han dañado se­ve­ra­mente la imagen de la pla­ta­forma y las con­se­cuen­cias se han hecho no­tar: de­bido a un fuerte fre­nazo en su cre­ci­miento, la em­presa ha pres­cin­dido de más de la mitad de su plan­ti­lla, que de 50 em­pleados ha que­dado re­du­cida a 20. Uno de los afec­tados ha sido Javier Mombiela, ge­rente de Yik Yak España. Anteriormente, el equipo ya había su­frido pér­didas sen­si­bles como Tom Chernetsky, que aban­donó su puesto de CTO el pa­sado abril, aunque según su perfil de Linkedin se man­tiene como asis­tente eje­cu­tivo.

Los im­pul­sores del pro­yecto con­si­guieron 73 mi­llones de dó­lares de di­versos in­ver­sores con la pro­mesa de com­petir de tú a tú con el to­do­po­de­roso Facebook. Durante algún tiempo, esa meta pa­reció po­si­ble, pero las pers­pec­tivas de la pla­ta­forma se han visto drás­ti­ca­mente em­pe­queñe­cidas y el fu­turo de la firma, que llegó a estar va­lo­rada en 400 mi­llones de dó­la­res, es in­cierto.

La app sigue te­niendo un po­tente nicho de mer­cado gra­cias a su sis­tema de geo­lo­ca­li­za­ción, pero ya no juega en la misma liga que an­tes. Su nivel de acep­ta­ción en el mer­cado es­pañol po­dría ser un buen ter­mó­metro para lo que le es­pera en el fu­turo.

(@josesmendoza81)

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