TENDENCIAS DEL DINERO

Presupuestos del Estado: se pierden más oportunidades

¿Mas dé­fi­cit?: España obli­gada a du­plicar su pre­su­puesto de Defensa

montoro
El trio de la benzina.

El go­bierno Rajoy se en­frenta a su primer gran reto de la nueva le­gis­la­tura con la pre­sen­ta­ción de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2017 desde una po­si­ción de mi­no­ría, con el apoyo de Ciudadanos y Coalición Canaria y la ne­ce­sidad de buscar el res­paldo de otros par­tidos si quiere con­se­guir la apro­ba­ción de las cuen­tas, aunque éste sus­tento se pre­senta com­plejo y en­ca­jo­nado.

Es difícil en la medida en que el respaldo parlamentario supone mayor gasto y ello representa mayor déficit, mientras que la Comisión Europea amenaza con devolver los presupuestos al corral si estos no respetan el tope de déficit tantas veces incumplido.

Los antecedentes dejan claro que en 2013, fueron nueve; en 2014, once y el pasado año fueron trece las enmiendas a la totalidad. Da igual, entonces la mayoría absoluta de PP no necesitaba apoyos y tanto el gobierno como los partidos de la oposición sabían cuál era el terreno de juego en el que se movían, manteniendo imperturbables sus respectivas y cansinas líneas argumentales ante el proyecto de ley: “inútil”, “insuficiente” y “antisocial” eran los epítetos de la oposición; mientras “son los presupuestos de la solidaridad”, “apoyan la recuperación” y “son los más sociales de la historia” eran las respuestas emitidas desde el gobierno. La innovación del lenguaje se demuestra perezosa año tras año.

No caben grandes movimientos de cara a los presupuestos que deben ser debatidos en el Parlamento. El modelo elegido no tiene margen y las partidas de los PGE, con unos ingresos y gastos muy poco elásticos, no permiten grandes genialidades, aunque las cuentas del Estado son como un estanque lleno de agujeros por donde se escapa el agua y cuyas fugas son difícilmente detectables incluso para el propio aparato del Estado, ya que para elaborar los PGE, año tras año, se repite el mismo esquema, los mismos análisis y los mismos problemas.

Los PGE no dejan de ser un retrato financiero adelantado de los objetivos políticos de un gobierno y de la oferta electoral realizada en su momento. En ese sentido, es una máquina de gastar dinero en la medida en que los compromisos electorales suelen ser caros y giran en torno al gasto más que a los ingresos.

Cierto es que en situaciones de crisis profunda y cuando los gobiernos tienen que destinar casi lo mismo en pagar la carga de la deuda que en todos los ministerios, o más que para pagar la nómina de todo su personal, el margen para gastar es más bien escaso. Y si a eso unimos las pensiones y el desempleo, el margen se reduce sustancialmente.

Aun así, el gobierno de las reformas vuelve, una vez más, a desperdiciar una oportunidad histórica de partir de cero e iniciar un periodo nuevo en lugar de seguir manoseando las cuentas de siempre, viciadas hasta límites insoportables aunque, hay que reconocer, que se han efectuado limpias selectivas de calado.

Las cifras son las que son y cuando vienen no especialmente bien dadas, como es el caso, los políticos tienen que actuar e intermediar y ser capaces de adecuar los ingresos a los gastos, cubrir las “necesidades” y mostrar firmeza ante la voracidad de los partidos que venden su apoyo. En tanto en cuanto esa realidad se mantiene imperturbable y Bruselas se mantenga firme en exigir el cumplimiento de los compromisos de déficit, la aprobación de los PGE se hace difícil, lo que debería obligar a unos y a otros a repensar las cuentas desde abajo para realizar una limpia y poda de los números y de su destino.

Los gastos, con el paso del tiempo, se convierten en un gran ejercicio de voluntarismo que, como el viejo casco de un buque, van acumulando adherencias y rémoras que terminan por hacer insoportable su peso, lo que obliga a pasar por el dique seco para su limpieza cada cierto tiempo. Con los PGE ocurre algo similar. Los intereses creados y el exceso de kilos hacen de él un instrumento impensable, que ningún empresario que se precie podría asumir como propio; pero es un hecho que la casta política va a su aire y no repara en técnicas presupuestarias a desarrollar en momentos como el que vivimos. Eso queda para los que viven del largo plazo. Y en política lo que prima es el cortoplacismo y la falta de coraje.

Cuando uno bucea por los PGE, lo que se encuentra es un exceso de grasa, grasa con mucho colesterol, del malo; pólipos en la zona alta y baja del sistema; articulaciones artríticas y elementos y protocolos que necesitan de un urgente plan Renove, aunque todo ello haga sufrir a la estructura electoral del partido que sustenta al gobierno. En técnica presupuestaria, esa revisión general, incluida la colonoscopia y el tacto rectal, tiene un nombre claro y conciso.

Se llama Presupuesto Base Cero y consiste en revaluar cada uno de los programas y gastos partiendo siempre de cero; es decir, elaborando un presupuesto como si fuera el primero, y evaluando y justificando el monto y necesidad de cada renglón del mismo. Se olvida el pasado para planear con absoluta conciencia y libertad, el futuro. Se suprimen muchas cosas y se aumentan otras. Y todo ello con rigor e independencia.

Cualquiera que conozca la Administración Pública en sus diversos escalones -estatal, autonómica y local-, conoce la cantidad de elementos adiposos que se acomodan en las cuentas del Estado, hallando allí la adaptación idónea para vegetar confortablemente y aguantar el paso de los años sin que nadie ose molestar tan improductiva actividad. Por ello se pelea y se defiende con ardor la trinchera ganada, vaya usted a saber dónde y desde cuándo.

Cuando términos como deuda, déficit público, pensiones o desempleo, ocupan sistemáticamente los titulares de los periódicos y llenan la boca de los políticos, a lo mejor no sería malo sentarse y ponerse a elaborar -con profesionales independientes- un presupuesto base cero que podara esas ramas improductivas e inútiles que conforman los presupuestos de la cosa pública a nivel estatal y autonómico. Es lo que se ha dado en llamar el “chocolate del loro”, sin que se sea consciente de que el chocolate va siempre a los mismos loros, sin tener en cuenta que cada vez hay más loros y cada vez menos chocolate.

Nadie afirma que sea una tarea fácil ni cómoda, y cada día se comprueba lo duro que es limpiar la jícara, porque no hay nada peor que acostumbrarse a vivir de las subvenciones y del Presupuesto o, lo que es lo mismo, a costa de los demás.

Alguien podía pensar que el obligado reformismo de Rajoy se iba a atrever con los PGE, que es donde están las auténticas reformas, y a dar respuesta a multitud de interrogantes que pueden ir desde el cuestionamiento de las actuales estructuras de gasto en Defensa, hasta la eficacia o grado de productividad alcanzado por los fondos destinados a investigación, pasando por un sinnúmero de partidas de orden menor en donde se concentra todo un submundo que nadie se atreve a sacar a la superficie.

No ha sido así y las legislaturas en este campo siguen pasando sin pena ni gloria, aunque con ello se haya dañado a muchos ciudadanos y con ello al futuro del país.

** ¿Mas déficit?: España obligada a duplicar su presupuesto de Defensa**

La irrupción de un personaje como Trump en el concierto mundial amenaza con cambiar demasiados status quo, algunos de los cuales van a tener especial repercusión en las economías de los países europeos y especialmente de la española.

Uno de los que parecen van a adquirir una mayor velocidad de crucero en el corto y medio plazo, es el relacionado con los gastos de Defensa, asunto especialmente sensible y que ya Obama ha tratado de que se modificaran durante su mandato, lo que ha recordado en su reciente mini gira europea, al enfatizar la necesidad de que los socios europeos incrementen sus gastos en Defensa, algo que Merkel ha entendido, asumiendo el compromiso correspondiente. En este sentido, Europa ha vivido un largo periodo de confortabilidad presupuestaria, en la medida en que el amigo americano se hacía cargo del mayor gasto en la defensa, no solo de sus intereses en el mundo, sino en la defensa de sus aliados, lo que queda reflejado, año tras año, en los presupuestos de la OTAN.

En España, el gasto público en Defensa se situó en 2015 en 12.715 millones de euros, lo que viene a representar el 5,72% del gasto público total y el 1,18% del PIB, cifra, todas ellas muy alejadas de países como Alemania (35.400 millones), Reino Unido (50.168 millones) o Francia (45.801), nada comparado con los 540.000 millones de EEUU (3,32% del PIB).

Al igual que en el resto de los países, el gasto en Defensa en España ha ido descendiendo, pasando del 8,05% del gasto público hace diez años al 5,72% actual, lo que le sitúa en el puesto 37 de los 165 publicados.

Con la llegada de Trump, la cosas parecer que van a cambiar, ya que es voluntad firme del futuro presidente de EEUU que los países miembros de la OTAN destinen un 2% del PIB en 2014 a la defensa común, tal y como se acordó en la cumbre de Gales, lo que obligaría a España a duplicar el actual presupuesto en defensa.

Los datos oficiales, son discutidos por la izquierda española que aduce que el gasto del Ministerio de Defensa en el desarrollo del presupuesto del 2015 fue sustancialmente superior al presupuesto aprobado inicialmente, ya que existen partidas inequívocamente militares que se encuentran repartidas, incluso camufladas, entre otros ministerios, en un intento de encubrir ante la opinión pública el gasto militar real.

Estas fuentes señalan que, de acuerdo con las directrices que marca la OTAN sobre cómo calcular el gasto militar de los países miembros, se tendrían que incluir partidas como son los Organismos Autónomos de Defensa; o las repartidas por otros ministerios, como la I+D militar incorporados en el Ministerio de Industria, las clases pasivas militares (Seguridad Social), los gastos en organismos como la OTAN, que dependen del Ministerio de Exteriores, la mutua militar ISFAS o la Guardia Civil (Ministerio de Interior), una fuerza que se rige por la ordenanza militar. Y todo ello, sin contabilizar el gasto del CNI, básicamente militar, con lo que el gasto total en Defensa superaría los 17.465 millones, cifra que representa el 1,6% del PIB español.

Estén correctamente apuntadas o no las cuentas de Defensa en los Presupuestos Generales del Estado, la OTAN tiene la imperiosa necesidad de aumentar sus fondos destinados hacer frente a los retos que se le presentan y que van desde la crisis de Ucrania a Siria pasando por Libia, Siria, Irak o el Estado Islámico en el flanco Sur.

La situación financiera por la que atraviesa la Alianza Atlántica resulta cada vez más preocupante ya que a los decrecientes fondos destinados por Estados Unidos -75% del total- se suma el tijeretazo de Londres, el segundo contribuyente después de Washington, cuyo presupuesto militar se ha reducido este año de 76.000 millones de euros a 54.000, lo que significa una bajada del 2,7% del PIB. En definitiva, una nueva carga que aparece en el horizonte presupuestario español que supuestamente va a repercutir en el ya de por si excesivo déficit público del Estado.

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