POLÍTICA NACIONAL

CATALUÑA

Después de Sánchez, la nueva izquierda se acercará al separatismo

También es pre­vi­sible un choque ge­ne­ra­cional con la vieja iz­quierda

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez tras su dimisión

En Cataluña, la crisis del PSOE tendrá el efecto de re­forzar entre los so­cia­listas del PSC las po­si­ciones asu­midas por Pedro Sánchez du­rante los úl­timos meses de su man­dato como se­cre­tario ge­neral (que re­sul­taron de­rro­tadas en la reunión del co­mité fe­deral del par­tido, el 1 de oc­tu­bre). Pero los so­cia­listas ca­ta­lanes añaden un giro par­ti­cular a su aná­lisis del con­ten­cioso so­be­ra­nista, el cual lleva a la con­clu­sión de que éste no se podrá re­solver si no hay al­guna forma de con­sulta po­pular sobre la vo­luntad de los ca­ta­lanes de per­ma­necer o no dentro del es­tado es­pañol.

Este último giro se verá acentuado por la probable recomposición del mapa político de las otras fuerzas catalanas de izquierdas (conocidas coloquialmente como ‘confluencias’), tras la crisis del PSOE. Téngase en cuenta que Pedro Sánchez exploró la posibilidad de acercarse a estas fuerzas para lograr una mayoría parlamentaria que permitiese su investidura como presidente del gobierno, aunque en ese acercamiento suscitó recelos entre una gran masa de afiliados y dirigentes del PSOE, que le consideraban dispuesto a reconocer a Cataluña el derecho a una consulta sobre su relación con España, hacia la que la mayor parte de la dirección y los afiliados socialistas se muestran desconfiados.

El grupo de fuerzas políticas catalanas a la izquierda del PSC, como Catalunya Sí Que Es Pot (CSQP), Iniciativa per Catalunya, el BeComú de la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, y En Comú Podem, filial autóctona de Podemos, están ya comprometidas con alguna forma del ‘derecho a decidir’. Este slogan constituía hace dos o tres años el ‘grito’ movilizador de los entonces soberanistas de Convergencia Democrática de Cataluña y Esquerra Republicana, y actualmente lo han transformado en la exigencia de un referéndum de autodeterminación; el cual, según esas fuerzas y el ‘govern’ de la Generalidad, se celebrará quiera o no el gobierno del estado.

A esta reclamación de un referéndum unilateral todavía no se han unido formalmente aquellas otras fuerzas de izquierdas, las cuales mantienen la posición oficial de que se precisa la autorización del estado para que el referéndum quede cubierto por todas las garantías de un proceso legal. Cuánto tiempo mantendrán esa posición ‘contenida’, depende de sus expectativas de influir en el gobierno del estado, para lo cual era esencial la cooperación con Pedro Sánchez, implícita en su empeño en formar un gobierno ‘de progreso’. Es previsible que si no encuentran eco y apoyo en la izquierda ‘estatal’, siempre se verán tentadas a explorar las ventajas de alguna forma de soberanismo.

Las variaciones en las tomas de posición de la izquierda hasta ahora no soberanista, pero distinta del PSC, se deben a su disposición a disputarle a éste su fuerte implantación en los centros urbanos, y de ampliarla en las áreas del interior, urbes menores y áreas rurales, donde el PSC es débil. Para esa estrategia, es necesario pronunciarse sin equívocos sobre la cuestión que los independentistas han puesto sobre la mesa: el referéndum de independencia.

De momento, esas fuerzas se mantienen en el área del soberanismo negociador con el estado, pero cuánto tiempo podrán mantenerse en esa línea, ante la imperiosa presión de la coalición gobernante en Cataluña, Junts pel Si, y de la Generalidad, es cuestión que empieza a preocuparles. Por eso han abierto una vía de entendimiento con el presidente Puigdemont. En la reciente cuestión de confianza sobre la presidencia de éste, el representante de CSQP, Luis Rabell, propuso que la estrategia soberanista de Cataluña fuera ‘compartida’ y ‘transversal’, con lo que el ‘president’ se mostró de acuerdo, seguramente con la expectativa de que la izquierda radical se una al coro de peticionarios de un referéndum acordado, expectativa que JpS mantiene ‘pro forma’, a sabiendas de que no hay posibilidad de que esa esperanza se cumpla.

El conjunto de la izquierda radical se acercará al soberanismo

La izquierda radical, además, pasa por un periodo de ajuste generacional, producido por la irrupción de las variantes de Podemos. Tanto Luis Rabell como el portavoz de CSQP en el parlamento catalán, Joan Coscubiela, son personas de edad relativamente avanzada, mientras que los protagonistas de la izquierda emergente son todos jóvenes. Así, Ada Colau, Xavier Doménech, portavoz de En Comú Podem, y el secretario general de esta formación, Dante Fachín. Estos últimos resienten el escaso perfil que Coscubiela les permite en el ‘parlament’.

La posición de estas fuerzas emergentes en la cuestión soberanista quedó aclarada por Doménech, este fin de semana: “Debemos agruparnos en torno al trabajo para lograr un referéndum sobre el futuro político de Cataluña, que sea plenamente reconocido, que tenga todas las garantías y comporte todas las consecuencias que esta decisión tan importante requiere”, afirmaba en un comunicado. El ideario de las nuevas ‘confluencias’, pues, se resume en la proclamación de su promesa de ‘derechos sociales’ dentro de un país plenamente ‘nacional’.

Los cálculos de la izquierda radical, o si es prefiere la nueva izquierda, se orientan a confrontar el desafío del independentismo, escudados detrás de algún grado de soberanismo, que tanto puede acercarles como alejarles de los independentistas. El PSC, por su parte, sigue ligado a una defensa a ultranza de la figura de Sánchez y su rechazo a la investidura de Mariano Rajoy, como puso de manifiesto este domingo el secretario del PSC de la ciudad de Barcelona, Jaume Collboni, al dar su apoyo a Pedro Sánchez y oponerse a facilitar la investidura de Rajoy mediante la abstención de los socialistas en el parlamento de la nación.

Las encrucijadas a que está sometida la vida política de Cataluña no son menos complicadas que esas otras en que anda metida España entera, a consecuencia de la posición política fracasada de Sánchez, y sus previsibles secuelas. Una de ellas es que el socialismo catalán no facilitará la investidura de Rajoy. Otra, que el socialismo radical catalán, liberado de las expectativas creadas por Sánchez en su acercamiento a ellas, debe mirar para otra parte. Inevitablemente lo hará hacia el soberanismo más o menos independentista.

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