OPINIÓN

CUP: antes de izquierdas que separatistas

Su ne­ga­tiva evi­dencia un pro­blema lla­mado Artur Mas

Elecciones Cataluña 2012
Elecciones Cataluña.

La CUP le ha dado la es­palda a Mas en el acto final de lo que ha sido la cró­nica de un di­vorcio anun­ciado. No po­dían arries­garse los an­ti­sis­tema a em­bo­rronar su tra­yec­toria fa­vo­re­ciendo el as­censo de un can­di­dato tan sis­té­mico como el pre­si­dente en fun­ciones de la Generalitat, muy re­belde en lo po­lí­tico pero pe­rru­na­mente su­miso a los mer­cados en lo eco­nó­mico. Hacerlo ha­bría sido trai­cionar a sus bases y a sus vo­tan­tes, que son de iz­quierdas antes que in­de­pen­den­tis­tas.

El despechado ahora proclama que está dispuesto a “dar la cara” aquí y en Madrid, que no está dispuesto a que el ataque de escrúpulos de unos perroflautas le apeen de su pedestal. Él, que en su día anunció con profética humildad que se quitaría de en medio si llegaba a ser un problema para la causa secesionista, se aferra a su poltrona con el vigor de una ventosa. Porque, claro, el problema no es él, sino sus poco razonables socios.

Este aspirante a William Wallace con barretina es, una vez más, esclavo de sus palabras. Tal vez incumple su promesa de retirarse porque la intención última del desafío que apadrinó nunca fue liberar Cataluña del ladrón y opresor yugo español, sino perpetuar su propia carrera política, herida de muerte por su desastrosa gestión. Durante su mandato, esta región se ha hundido en la quiebra, pudiendo subsistir a base de exprimir la ubre del Fondo de Liquidez Autonómico. O lo que es lo mismo, la teta de Papá Estado.

Mas se ha comportado como el jovencito malcriado que amenaza con irse de casa mientras exige a su progenitor que afloje la viruta para pagarle la letra del coche. Recortes inhumanos, déficit descontrolado, impago a las farmacias… desde que está Artur, Cataluña es Menos, lo que el dirigente se ha empeñado en ocultar autoproclamándose mesías de un supuesto clamor separatista que los resultados de las últimas elecciones-plebiscito se encargaron de desmentir. Porque Cataluña está dividida, sí, pero el sentimiento independentista no es mayoritario.

No hay que olvidar que toda esta función comenzó cuando Rajoy se negó a las pretensiones de Mas de cambiar el régimen fiscal de Cataluña. Se arrebató entonces el mandatario del mentón pronunciado y, dándole la vuelta a su ideario –“la independencia es un concepto anticuado y oxidado”, llegó a decir en su día- se embadurnó con las pinturas de guerra y le pidió al pueblo catalán que se convirtiera en la claymore que partiese en dos el Estado.

Ahora el sainete se ha vuelto en su contra y sus compañeros de tablas le abandonan ante un público que acabará silbándole y abandonando la sala. No importa cuánto se resista: la huida hacia delante de Artur Mas sólo acabará con su destierro de la arena política.

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