Mantiene además 10.000 mi­llones en avales y com­pro­misos de pago fuera de ba­lance

Abengoa lo tiene crudo: más de mil millones de vencimientos durante su preconcurso

La deuda a corto aso­ciada a los ac­tivos ven­di­bles su­pone menos del 3% del total

Abengoa.
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Abengoa ca­rece de una pre­vi­sión con­creta de te­so­rería a la es­pera de que Lazard le en­tregue el plan de ne­go­cio. Tiene un pro­blema a corto plazo con los ven­ci­mientos de deuda y bo­nos, y man­tiene avales con ter­ceros por en­cima de los 10.000 mi­llones que al no contar con el res­paldo de ga­ran­tías reales no fi­guran en ba­lance. Las des­in­ver­siones pro­gra­madas tam­poco re­du­cirán los ven­ci­mientos de deuda con­so­li­dada y, mien­tras, la co­ti­za­ción cerró 2015 por de­bajo de los 20 cén­timos por ac­ción, lo que su­pone una pér­dida del 90% de su valor en 2015. ¿Hay quién de más?

Como todas las burbujas, la que le ha estallado en las manos a Abengoa tiene su mayor repercusión en el corto plazo. Justo en el período que dura la situación del preconcurso de acreedores (hasta finales de marzo), la sociedad matriz y sus filiales consolidadas se enfrentan a unos vencimientos de deuda financiera de 926,4 millones de euros, de los que un 62% (571,1 millones) corresponden a emisiones de bonos, un 37,5% (347,1 millones) provienen de créditos de entidades financieras y el 0,5% restante (8,2 millones) son deudas pequeñas por operaciones de leasing y otros pasivos financieros. A esta cifra hay que añadirle los 106 millones del crédito de liquidez que la banca acreedora concedió a la sociedad el pasado 23 de diciembre para que pudiera pagar las nóminas de las empresas del grupo y la paga extra de Navidad antes de que finalizara el año. El préstamo tiene fecha de vencimiento 17 de marzo de 2016, por lo que pasa a engrosar el volumen de pagos que se le acumulan antes de que acabe el período de preconcurso de acreedores. En total, pues, serían 1.032,4 millones de euros. Una de las posibles tablas de salvación podía ser la desconsolidación de deuda correspondiente a los proyectos puestos a la venta en el plan de desinversiones. Sin embargo, no es así, puesto que durante este mismo período que termina al final del primer trimestre del año, los vencimientos de deuda asociados a los activos puestos a la venta ascienden a tan solo 24,9 millones de euros, apenas el 2,7% de la deuda total consolidada. Es decir, que estas desinversiones únicamente contribuirán a rebajar una parte del problema a corto plazo si el producto de la venta se dedica a atender vencimientos. De la acumulación de problemas financieros en el corto plazo da idea también el hecho de que a lo largo del segundo y tercer trimestres de este año los vencimientos acumulados de deuda financiera ascienden a 439,2 millones de euros. O lo que es lo mismo, entre abril y septiembre, el grupo Abengoa se enfrenta a la mitad de vencimientos de los que se le vienen encima antes de que acabe marzo. En estos dos trimestres, el grueso de la deuda corresponde a vencimientos de créditos de entidades financieras, de los que 243,5 millones son deudas corporativas y 136,6 millones se corresponden con préstamos a proyectos concretos. Fuera de balance Por otra parte, la sociedad ha reconocido que mantiene avales, seguros de caución, declaraciones de intenciones y compromisos adquiridos documentalmente por valor de 10.656,8 millones de euros, de los que 1.672,1 millones corresponden a avales bancarios y seguros de caución, mientras que los 8.984,7 millones provienen de declaraciones de intenciones y compromisos documentales. Como suele ser habitual en este tipo de operaciones, en las que los proveedores o financiadores exigen algún tipo de compromiso de pago, la mayor parte de la cifra total corresponde a la sociedad matriz, Abengoa S.A., que ha firmado 8.860,9 millones, equivalentes al 83% de la cantidad total consolidada del grupo. La propia sociedad señala en los documentos remitidos a la CNMV que “a 30 de septiembre de 2015 ninguno de los compromisos indicados había sido objeto de reclamación, por lo que no había dado lugar al reconocimiento de ningún pasivo o provisión adicional en los estados financieros intermedios resumidos consolidados de acuerdo con lo establecido por las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF)”. Es decir, que estas garantías se encuentran fuera de balance y sólo entrarían en las cuentas oficiales en caso de que los pagos comprometidos y avalados no se produjeran en tiempo y forma. Que no figuren en el balance no elimina sin embargo la presión que esto supone sobre el conjunto del grupo en un momento en el que la gestión de la tesorería se ha convertido en uno de los puntos más importantes para mantener su viabilidad a medio plazo. Sin plan de tesorería Con todo este panorama adverso, la CNMV pidió a Abengoa, una vez presentado el preconcurso, que a la mayor celeridad posible contestara a algunas dudas sobre su viabilidad futura y aclarara ciertas cuestiones de su contabilidad. Uno de esos requerimientos reclamaba textualmente “el presupuesto de tesorería actual en el que se muestren la posición de efectivo y equivalentes de efectivo, los cobros y pagos previstos y las necesidades de liquidez para los próximos 3, 6, 9 y 12 meses”. Los responsables de Abengoa respondían el pasado 30 de diciembre que “en relación al presupuesto de tesorería actual en el que se muestren la posición de efectivo y equivalentes de efectivo, los cobros y pagos previstos y las necesidades de liquidez para los próximos 3, 6, 9 y 12 meses, a día de hoy la compañía no dispone de dicho presupuesto. Si bien se suelen elaborar periódicamente previsiones y presupuestos de tesorería, a la fecha del presente comunicado, tal y como ya se ha adelantado, la compañía se encuentra en proceso de elaborar el plan de negocio que deberá incluir, entre otras cuestiones, las previsiones de tesorería y necesidades de liquidez del grupo para los próximos meses”. A continuación, el escrito de Abengoa añade que “se espera que la primera versión de dicho plan de negocio, que incorpora las necesidades de liquidez y previsiones de tesorería, esté disponible para finales del mes de enero de 2016, momento a partir del cual la compañía se compromete a facilitarles más información al respecto”. Así pues, todo está en una especie de tiempo muerto a la espera de que Lazard presente ese plan de negocio y viabilidad a medio y largo plazo que servirá de base para negociar con la banca acreedora una salida definitiva para el problema. El propio ministro de Economía en Funciones, Luis de Guindos, estrenaba el año 2016 con unas declaraciones a la Cadena Ser en las que se mostraba esperanzado con la situación del grupo, debido entre otras cosas a que el 99% de sus activos son viables. De Guindos matizaba, sin embargo, que tras el exceso de endeudamiento y los errores de gestión de Abengoa es necesario un ajuste drástico de la deuda y se refirió a la previsible entrada de un nuevo socio de referencia y al esfuerzo que debe hacer la banca acreedora. Daños colaterales A la espera de que el conflicto quede definitivamente resuelto en los próximos meses, los que sí han sufrido ya en sus carnes todos estos problemas han sido los inversores que apostaron su dinero a las acciones de Abengoa. El 42,5% de las acciones B de la compañía, las que tienen mayor grado de liquidez, corresponden al tramo de free float, lo que da idea de lo extendidos que están los daños colaterales de la situación que afronta la compañía. Al término de la última sesión bursátil de 2015,las acciones de Abengoa cotizaban a 0,195 euros, lo que da como resultado una pérdida del 89,4% del valor de los títulos a lo largo del ejercicio, ya que 2014 cerró con un precio de 1,832 euros. Entre medias, y animados por las distintas fases de euforia desatadas por las noticias de renegociaciones de deuda o pactos con posibles nuevos accionistas de referencia elevaron el valor de las acciones por encima de los tres euros entre marzo y junio pasados, lo que eleva considerablemente el descalabro sufrido por quienes entraron en el capital de la sociedad en esos meses.

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