Desde la City y Wall Street subrayan que el separatismo catalán ‘no tiene mayoría’

‘Eso no es su­fi­ciente para reivin­dicar un man­dato para la se­ce­sión’

Manifestaciones en  Cataluña
Manifestaciones en Cataluña

Ansiedad desde la City: ‘Cataluña puede que tenga un nuevo pre­si­dent, pero la cues­tión de su in­de­pen­dencia no está más cerca de re­sol­ver­se’. Eco de lo mismo desde Wall Street, pero con más de­sá­nimo: ‘Aunque otros 18 meses de in­fle­xible con­fron­ta­ción pro­ba­ble­mente no van a con­ducir a la in­de­pen­den­cia, sí que lle­varán a más en­cono, re­cri­mi­na­ciones y mal ro­llo’. La elec­ción de Carles Puigdemont como pre­si­dent de la Generalitat ha des­per­tado toda la aten­ción y al­gunas alar­mas.

Son las líneas finales de sendos artículos en dos de las dos revistas más prestigiosas del mundo especializadas en economía y finanzas. Palabras que muestran este fin de semana su desazón por el empecinamiento de la cuestión catalana. Ambas cuentan más o menos la historia de estos últimos años, con las Diadas, el Estatut recurrido por el PP, el 9-N y el 27-S Tanto la británica The Economist como la norteamericana Fortune cargan buena parte de la culpa de la situación envenenada sobre las espaldas de Rajoy por su poco tacto y su No a Todo, como diría algún tránsfuga.

Pero junto a eso, también le recuerdan a la Generalitat, al Parlament, a Puigdemont y a los secesionistas que no tienen ningún mandato para amenazar, y mucho menos para llevar a la práctica, su proyecto de ruptura de España. Que por mucho que se les llene la boca de las palabras ‘democracia’, ‘pueblo’, ‘independencia’, ‘derecho a decidir’ y otras del mantra soberanista, no se asientan ni en la Ley ni en los hechos.

Escribe The Economist en el número que sale a la venta este sábado: ‘La cuestión de su Cataluña apoyaría a un gobierno que se confiesa combativo. Artur Mas vinculó las elecciones autonómicas como el plebiscito de autodeterminación que Madrid se había negado a convocar. Su coalición Junts pel Sí y la CUP, que respaldan la hoja de ruta, lograron conjuntamente más de la mitad de los escaños, pero sólo el 48% de los votos. Incluso muchos separatistas dudan de que eso sea suficiente. Las lamentables luchas intestinas de estas semanas y los disparates radicales de la CUP es improbable que hayan aumentado el apoyo’.

Y dice a su vez Ian Mount en su análisis en Fortune: ‘Ahora bien, el movimiento independentista en Cataluña no tiene mayoría de apoyos. En las elecciones autonómicas de septiembre, los dos grupos secesionistas recogieron un pelín menos del 48% de los votos (o visto con un ángulo más amplio, el apoyo del 36% del electorado)’. Para que no queden dudas, añade con rotundidad: ‘Eso no es suficiente para reivindicar un mandato para la secesión’.

Ambas revistas, editadas en países con larga trayectoria democrática y con reglas claras, llaman la atención sobre algo que normalmente no se suele tener en cuenta. Aun suponiendo que una reforma de la Constitución permitiera un referéndum de secesión sólo en un territorio y no en toda España, el listón que se ponen los separatistas catalanes es ridículo para los parámetros de las democracias asentadas. No bastaría la mitad más un voto de los votantes, aparte de que no tienen ni eso. Tampoco basta cualquier porcentaje de participación respecto al electorado. Como ya dictó el Tribunal Supremo de Canadá en su día sobre Quebec, debe haber una manifestación muy clara y muy mayoritaria para poder reclamar la independencia. Lo otro sería totalitarismo sobre la mitad menos un voto que hubiera dicho no.

The Economist ya puso hace un tiempo el listón de la participación: el 80% del censo. Pues ni eso hubo en Cataluña el 27-S. Sólo acudió a las urnas el 74,95% del electorado, cuendo en el referéndum de 2014 para la independencia de Escocia votó el 84,59% del censo. Ian Mount en Fortune cita una propuesta con otra vara de medir, pero con el mismo enfoque de que el resultado de un hipotético referéndum debería ser inequívoco: que los partidarios del Sí fueran al menos la mitad más uno del censo, y no sólo de los que acudieran a las urnas. Por ese baremo, a los casi dos millones de separatistas les faltaría como un millón más, porque el censo inscrito es superior a 5,5 millones.

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