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La secesión de Cataluña de España es calcada a la de Texas de EEUU

El go­ber­nador del es­tado nor­te­ame­ri­cano le en­seña el ca­mino a Puigdemont

Carles Puigdelmont
Carles Puigdelmont

La pre­gunta llegó de so­pe­tón: ‘¿Se va a se­parar Cataluña de España?’. Y el in­ter­pe­lado no se li­mitó a un Sí o a un No sin más. Erik Nielsen de­mostró que co­noce la ma­teria y que ha es­tu­diado: ‘Hay una pro­ba­bi­lidad muy baja de que al final haya rup­tura. La Constitución está hecha de tal ma­nera que…, es como si Texas se qui­siera ir de EEUU. No es como el caso de Escocia ni nada de eso’. Nielsen es eco­no­mista jefe de UniCredit.

Hace pocas horas, el economista se sometió a un ametrallamiento de preguntas de Alix Steel, Joe Weisenthal y Scarlett Fu. Fue en Bloomberg TV. Un toma y daca de tres minutos y 53 segundos. Los tres periodistas abordaron lo más candente sobre el desafío catalán en el contexto de un Gobierno español en funciones y sin muchas perspectivas de mayoría. En este punto, Nielsen reconoció que sí, que los resultados del 20-N han dejado las cosas complicadas. Pero lo relativizó: ‘Es una constante de las democracias parlamentarias europeas’. Los bipartidismos ya no están de moda. Hay más reparto de juego.

Por lo tanto, añadió Nielsen, no hay que rasgarse las vestiduras por lo que pueda pasar en España: ‘Se han hecho cosas buenas estos últimos años, así que no si no se hacen tan bien los próximos seis o doce meses, tampoco es el fin del mundo’. Y remachó su idea al responder a otra pregunta sobre si va a poder continuar la recuperación económica española: ‘La respuesta es sí’.

La verdad es que los problemas de España de estos días coinciden con una situación de turbulencias en Europa: la caída del petróleo, que ya se pronostica que cederá hasta los 16 dólares el barril; el desplome en los mercados por eso y por China hasta el punto de que hay predicciones sobre una pérdida del 25% este año de los valores bursátiles; la campaña para la Brexit en pleno fragor; la crisis de los refugiados e inmigrantes que no amaina, con la proyección de la llegada de otros ocho o diez millones en los próximos años; la difícil convivencia de esos inmigrantes, con los asaltos a mujeres en Alemania, Suecia y otros países, y con enfrentamientos en marcha de anti-islamistas que anoche mismo provocaron 250 detenciones en Leipzig…

Esta acumulación de dolores de cabeza amortigua el impacto de lo que está pasando en Cataluña y en el resto de España. Pero no ha ahogado el interés: este martes hay una inundación de titulares en la prensa mundial tras el nombramiento de Puigdemont, ‘más independetista todavía que Mas’, como dice The Economist. Y cómo no, hay otro despliegue de informaciones sobre el juicio del caso Nóos, con la foto de la Infanta Cristina por todos los rincones del mundo mediático.

¿Opiniones de qué va pasar? Todas. Lo que manda es la incertidumbre. Todavía no se ha traducido mucho en inquietud, aunque la prima de riesgo ha empezado a subir suavemente. En cuanto a la Infanta, el criterio general es que ni su presencia en el banquillo ni mucho menos la defensa a ultranza de la Fiscalía ayudan a la Corona. Y sobre Cataluña también hay consenso: por muy independentista que sea Puigdemont, no le va a ser fácil cumplir su promesa.

Pero del otro lado del charco llega una vía, una fórmula mágica para iniciar la ruta que sí llega a alguna parte: la ruta constitucional. Viene firmada por el gobernador de Texas, Greg Abbott. No es que tenga nada que ver directamente con Cataluña, pero sí sirve de guía, de pauta a seguir por Puigdemont, ya que Mas no quiso hacerlo.

Taxas siempre ha sido un estado muy suyo. Ya proclamó su independencia en 1861 con otros estados del Sur en la Confederación. Pero perdieron la guerra. Luego ha habido periódicas iniciativas para salirse de la Unión. El Tribunal Supremo ha dicho sin lugar a dudas que no se puede, porque la propia Constitución establece la ‘Unión Perpetua’. ¿Solución? Curiosamente, la misma que en España: reformar la Constitución.

Eso es lo que pretende Abbott, sin muchas esperanzas, o más bien con ninguna. Pero el derecho al pataleo lo utiliza Texas constantemente. Con proclamas y con firmas envían a la Casa Blanca: 125.000 en 2013, 75.000 en 2015 Todavía existe un Movimiento Nacionalista de Texas. Y todavía el diciembre pasado el Partido Republicano aprobó una declaración formal, o informal por sus nulos efectos, con la ‘amenaza’ de la secesión ‘como nación independiente’ en caso de que ‘el Gobierno federal siga haciendo caso omiso de la Constitución y de la soberanía del estado de Texas’.

Con más concreción, el gobernador Abbott presentó este pasado fin de semana una serie de enmiendas constitucionales. Su aprobación, un largo proceso estado a estado y en el Congreso de Washington, supondría de hecho la independencia desde dentro. Ni de locos se va a aprobar ni una, pero es el camino. Algunas de las aspiraciones: prohibir al Congreso meter las narices en lo que hagan los estados; exigir al Congreso que elabore Presupuestos equilibrados; prohibir a las agencias administrativas y a burócratas no elegidos que elaboran leyes federales; permitir que una mayoría de dos tercios de los estados anulen la decisiones del Tribunal Supremo de EEUU… Y cosas así.

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