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La crucifixión de Tsipras, los límites de Podemos y el trompazo de Rajoy y Guindos

‘España es el ba­ró­metro más in­me­diato de las ra­mi­fi­ca­ciones del acuerdo ce­rrado con Grecia’

Luis de Guindos.
De Guindos con Rato Figaredo.

Dos no­ti­cias casi si­mul­tá­neas para La Moncloa. Buena no­ti­cia: ‘El re­sul­tado ani­mará al PP de Rajoy a re­forzar su men­saje de que es el par­tido con las cua­li­dades para cuidar de la re­cu­pe­ra­ción es­paño­la’. Y muy mala no­ti­cia: ‘La re­elec­ción hoy de Jeroen Dijsselbloem como pre­si­dente del Eurogrupo re­sultó un fiasco para España, que as­pi­raba a ganar peso en la UE con el nom­bra­miento de Luis de Guindos’.

Y otras dos noticias para Podemos. La buena, aparentemente, a juzgar por este tuit de Íñigo Errejón: ‘Dijsselbloem es reelegido presidente del Eurogrupo. El servilismo de Rajoy, sin recompensa: De Guindos se queda fuera’. Y la mala: ‘El acuerdo sobre Grecia muestra las limitaciones que afronta Podemos, el aliado de Syriza en España’.

Son algunos titulares y frases de la prensa nacional e internacional este martes dentro del océano mediático que inunda las portadas, las webs, las redes sociales y los noticiarios de radio y TV. No hay muchas referencias a España, porque es Grecia la protagonista. Pero la derrota de Guindos, que por mucho que se diga ahora estaba más que cantada desde hace meses por la incertidumbre de si el PP pierde las elecciones y deja de ser ministro, ha despertado el interés, entre otros AFP y DPA.

La agencia francesa subraya que Guindos ‘había sido considerado como una posible alternativa y estaba en principio apoyado por la canciller alemana Angela Merkel, pero los últimos meses Dijsselbloem parece que había logrado el apoyo del influyente ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble’. Y la alemana: ‘La candidatura de Guindos suponía para e Gobierno la oportunidad de ganar representación en el ámbito europeo’, y el intento fallido ‘es un golpe para el Partido Popular, el del jefe del Ejecutivo español, de cara a las elecciones generales previstas para fin de año’.

Pero el drama, tragedia, rendición o capitulación del primer ministro griego Alexis Tsipras desata todo tipo de interpretaciones. En un análisis de Bloomberg firmado por María Tadeo y Charles Penty, se pone el acento en que el resultado final de maratón de reuniones estos días ‘puede servir como un baño de realismo a los aliados del primer ministro Alexis Tsipras en países como España en su intento de alcanzar el poder’. Afirman: ‘España es el barómetro más inmediato de las ramificaciones del acuerdo cerrado con Grecia’.

Un acuerdo que estuvo a punto de no llegar, de acuerdo con una minuciosa y casi angustiosa reconstrucción de la larga noche del domingo al lunes en Bruselas, durante la Cumbre de los líderes de los 19 países del euro. La firman Anne-Sylvaine Chassany, Alex Barker y Duncan Robinson en Financial Times, y algún detalle ha trascendido bastante, porque el relato se colgó en la web del periódico no muchas horas después del fin de las negociaciones.

Esa frase es la que figura como titular del texto: ‘Lo siento, pero no es posible que salgáis de la sala’. La pronunció el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk. Eran sobre las seis de la madrugada del lunes, y todo estaba casi roto. Punto muerto. Cansancio. Ganas de arrojar la toalla. Por eso Tusk se dirigió a Tsipras y Merkel, que se dirigían a la puerta de salida. Según FT, ese instante fue ‘lo más cerca que Grecia estuvo de salir de la eurozona’. La discusión que se había atascado: el fondo fiduciario de 50.000 millones activos para vender y pagar deudas. A Tsipras le parecía la pérdida absoluta de soberanía. Salvado el momento de peligro, se pudo readaptar la medida para salvar la cara sin perder la eficacia.

FT cuenta otros momentos y otras frase que sólo se comprenden por el cansancio y el ardor de las discusiones. Como cuando el ministro de Finanzas de Finlandia, Alexander Stubb, cargó contra los griegos ‘por su incapacidad de hacer reformas en medio siglo’. O como Schäuble, que le espetó en un momento a Mario Draghi, presidente del BCE: ‘No soy un idiota’. Se sentía sermoneado. Fue una situación ‘muy fuerte, incluso violenta’, según una fuente.

Hubo mucha, pero que mucha tensión, con más invectivas de unos a otros. Al final, se cerró el documento de siete páginas que contiene unos deberes para Grecia que dan miedo. Lo describió un alto funcionario, y con su frase termina el relato de FT: Crucificaron a Tsipras allí mismo, lo crucificaron’.

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