OPINIÓN

La traición de Tsipras

Alexis Tsipras
Alexis Tsipras

En otra vida, Yanis Varoufakis debió ser un ángel del in­fierno o una es­trella de rock. Acabada ya su etapa de mi­nistro de fi­nanzas mo­tero y mo­ja­bra­gas, su pró­xima re­en­car­na­ción está clara: será el es­pí­ritu ma­ligno que ator­mente los sueños de su ex jefe Alexis Tsipras. No se me­rece menos el pre­si­dente griego, que ha aca­bado tra­gando con todo lo que Varoufakis, su otrora Sancho Panza, con­si­de­raba inacep­ta­ble.

Tsipras se ha revelado como un autor de sainetes de segunda, bravucón y bocazas, pero de colmillo romo. La última oferta de pacto que el Gobierno heleno ha mandado a los acreedores, genéticamente idéntica a la que éstos propusieron antes del referéndum, deja a la consulta como una mascarada inútil, un chusco reloj de hojalata que ni siquiera da la hora . El temido 5 de julio, que tuvo en vilo a toda Europa, ha tenido menos efecto en la política del mandatario griego que la última reunión de su comunidad de vecinos. El pueblo griego dijo ‘no’, pero Tsipras se comporta como si hubiera dicho ‘sí’. Doble tomadura de pelo: a sus electores y a su propio partido.

Se tocarán las pensiones, se tocará el IVA y se reducirá el gasto militar, enfadando a la OTAN y haciendo relamerse de gusto al ogro turco. Se privatizarán servicios públicos. Se rendirán, pues, todas las plazas que Varoufakis juró defender. Todo ello escrito, firmado y con el membrete del Ejecutivo heleno. Las Termópilas han caído y Tsipras ha sido Efialtes.

Con esta traición, el líder de Syriza ha destruido el recuerdo de su camarada. Lo ha machacado hasta convertirlo en polvo, disperso por el viento del Egeo. Qué lejos quedan los suspiros de las señoras de izquierdas, arrobadas ante el arrojo del ex ministro al enfrentarse al poderío de la Troika.

Han llegado los tiempos de la resignación sumisa. El alma del burlado Varoufakis clama por Justicia. Que, envuelto en los ropajes corpóreos del cuervo de Poe, se presente cada noche en la ventana de aquel al que una vez sirvió. Y que dos palabras retumben en la alcoba del perpetrador de referéndums-pantomima hasta hacerle enloquecer: “Nunca más”.

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